Juan Gelman - rodelu.net |
25 de noviembre de 2007
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Página12
de Argentina - 25 de noviembre de 2007
Próximos episodios de Start Trek
Juan
Gelman
Se
está convirtiendo en algo más que una película. EE.UU.
acelera su capacidad de guerrear en las galaxias, a título “preventivo” siempre:
el informe de 621 páginas de ambas cámaras del Congreso sobre el presupuesto de
defensa del 2008 contiene un rubro titulado “Ataque global inmediato” por el que
se destinan 100 millones de dólares al nuevo programa “Falcon”. Su meta es
construir “un vehículo de crucero supersónico capaz de enviar una carga
explosiva de 5,5 toneladas a una distancia de 18.000 kilómetros en menos de dos
horas” (The Washington Post, 12-11-07). Casi nada.
El proyecto estadounidense de dominar el espacio en nombre de “la seguridad
nacional” no es nuevo y lo mencionó explícitamente Donald Rumsfeld, primer jefe
del Pentágono de Bush, en la audiencia senatorial que aprobó su nombramiento:
“La historia nos muestra que todos los medios –aire, tierra y mar– han sido
campos de conflicto. La realidad indica que lo mismo sucederá con el espacio.
Dada esta certeza virtual, EE.UU. debe desarrollar los recursos de represalia y
defensa contra actos hostiles en y desde el espacio y asegurar su continua
superioridad en la materia” (American Forces Press Service, 11-1-01). El 11 de
enero del 2007 –exactamente 6 años después– China lanzó un misil que destruyó un
satélite propio que orbitaba a 865 kilómetros de la Tierra para medir las
condiciones climáticas. Esto no produjo alegría en la Casa Blanca. Antes, por el
contrario.
La nueva política espacial estadounidense establecida en el 2006 contempla el
empleo de sistemas nucleares de exploración para “el progreso de conocimientos
fundamentales sobre nuestro planeta, el sistema solar y el sistema del
universo”, pero subraya que también se trata de “garantizar que nuestra
capacidad espacial esté disponible a tiempo para promover
la seguridad nacional, la seguridad interior y los objetivos de la política
exterior” (www.
space.com, 7-10-06). Y no se trata sólo de espiar a los estadounidenses
mismos vía satélite: el escudo de defensa antimisiles que W. Bush quiere
extender a Polonia y la República Checa se trata en realidad del
perfeccionamiento de tecnologías nucleares de ataque “en y desde el espacio”,
como indicó Rumsfeld. Era su costumbre decir las cosas al revés.
Investigaciones de diversas fuentes, como el World Policy Institute
(www.world
policy.org), permiten acercar una idea de los nuevos elementos que financia
el presupuesto militar-industrial del 2008. El escritor Stan Cox los resume así
(www.alternet.org, 15-11-07): microsatélites con la capacidad de destruir
satélites de otras naciones; espejos en órbita que permitirían reflejar y
reenviar rayos de láser emitidos desde la tierra o el aire contra objetivos
espaciales determinados; misiles que podrían destruir satélites desde tierra;
armas que podrían lanzarse desde la atmósfera terrestre dotadas de una velocidad
de 40.000 kilómetros por hora. Un arsenal desconocido y terrorífico.
Poco se habló en concreto de estos artefactos en la conferencia anual sobre
espacio y defensa que tuvo lugar en Omaha, Nebraska, del 9 al 11 de octubre, y
que reunió a la cúpula del Comando Estratégico de EE.UU. y a representantes de
la industria armamentista. Pero nadie dejó de entender el significado de
eufemismos como el del contraalmirante James Caldwell, subjefe del organismo
Espacio y Ataque Global, dependiente del Comando Estratégico, cuando declaró que
su misión consistía en “producir efectos globales, cinéticos y no cinéticos”. La
preocupación estadounidense por las novedades espaciales de Pekín se refleja en
el comentario que formuló un observador anónimo: “La nueva política espacial (de
EE.UU.) afirma que podemos defender los cielos con tecnología. Pero no podemos y
los chinos acaban de probarlo” (www.space.com, 19-1-07).
Los consorcios armamentistas, espaciales y electrónicos más grandes del país
auspiciaron la conferencia y en ella participaron: Lo-cked-Martin, Northtrop
Grumman, Boeing, Raytheon, desde luego, y aun otros menores. Se comprende: hay
mucho dinero detrás de estos proyectos. Los fondos que la Casa Blanca les asigna
triplican casi el presupuesto de la NASA. EE.UU. ocupa el 95 por ciento de la
inversión mundial en la militarización del espacio y el espionaje desde el aire,
y posee más de la mitad de todos los satélites de naturaleza militar que giran
sobre nuestras cabezas 15 o 20 veces por día. Se ignoran las capacidades y los
alcances exactos de las nuevas armas espaciales estadounidenses, “uno de los
secretos mejor guardados del gobierno” (The Walt Street Journal, 15-8-07). No
hace falta conocerlos para imaginar que Star Trek no sólo se proyectará en los
cines.
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