Juan Gelman - rodelu.net |
10 de febrero de 2008
|
Página12
de Argentina - 10 de febrero de 2008
De los malos pensamientos
El estrépito de las elecciones internas de republicanos y
demócratas tapa algunas cositas: por ejemplo, los golpes que ambos partidos,
juntos, asestan a las libertades democráticas estadounidenses desde el ámbito
legislativo. Por 404 votos a favor, 6 en contra y 22 abstenciones, la Cámara de
Representantes aprobó en el 2007 el proyecto de la ley de prevención de la
radicalización violenta y del terrorismo local, ahora a examen del Senado. Las
definiciones del texto producen cierto sobresalto. Véanse algunas asentadas en
el párrafo A del artículo 899 (http://www.gov%20track.us/congress, 24-10-07).
Juan
Gelman
“Radicalización violenta: el término ‘radicalización violenta’ se aplica al
proceso de adoptar o promover un sistema de creencias extremista con el
propósito de facilitar la violencia basada ideológicamente a fin de fomentar un
cambio político, religioso o social.” Otra: “Terrorismo local: el término
‘terrorismo local’ se aplica al uso, el uso planeado o la amenaza del uso de la
fuerza o la violencia por un grupo o un individuo nacido, formado o que opera
principalmente dentro de Estados Unidos o de cualquier posesión del gobierno de
Estados Unidos, la población civil de Estados Unidos o cualquiera de sus
segmentos, con el objeto de alcanzar objetivos políticos o sociales”. Una más:
“Violencia basada ideológicamente: el término ‘violencia basada ideológicamente’
se aplica al uso, el uso planeado o la amenaza del uso de la fuerza o la
violencia por un grupo o un individuo a fin de promover las creencias políticas,
religiosas o sociales del grupo o del individuo”. Casi nada.
Se supone que la ley está destinada a combatir el terrorismo interno, pero
los únicos grupos que practican esa clase de violencia son fundamentalistas de
derecha. Y no parece que éstos sean el objetivo. Sucede, entonces, que cualquier
ciudadano norteamericano puede en cualquier momento ser sospechado de terrorista
y acusado y procesado por su “mala” manera de pensar. La redacción del documento
es vaga, imprecisa y su alcance, muy abarcador. No es casual: semejante
ambigüedad permite multiplicar el miedo en procura de una obediencia
incondicional a los dictados del gobierno. Finalmente, serán sus organismos
policiales, de seguridad y de Inteligencia los encargados de aplicar la ley a
voluntad. Si esto no es un rostro de los regímenes totalitarios que el mundo
padeció y padece, el sol sale de noche.
En efecto: ¿qué será de la libertad de reunión, manifestación y petición,
actividades que podrían calificarse de “uso planeado o amenaza del uso de la
fuerza o la violencia... con el objeto de alcanzar objetivos políticos o
sociales”? También peligra la libertad de prensa. En el párrafo B del artículo
899 se subraya: “El Internet ha contribuido a facilitar la radicalización
violenta, la violencia basada ideológicamente y el proceso de terrorismo local
en Estados Unidos al proporcionar a sus ciudadanos el acceso a los flujos
nutridos y constantes de propaganda relacionada con el terrorismo”. Esto casa
perfectamente con un plan del Pentágono elaborado en el 2003 y filtrado al
público en el 2006: se titula “Hoja de ruta de operativos atinentes de
información” y, entre otras cosas, propone “la degradación sutil de la red (de
Internet) en vez de su destrucción” (www.information retrieval.info, 13-2-06).
El mejoramiento de los operativos militares en este campo incluye “una serie de
ofensivas vigorosas que comprendan la gama completa de los medios electrónicos y
los ataques contra la red informática”. Tal cual.
En virtud del párrafo D del proyecto de ley de prevención de la
radicalización violenta, etc., se crea un Centro de Excelencia que encarará el
tema y determinará los procedimientos para combatir y castigar esos “delitos”.
Pero el fragmento tal vez más ridículo del texto es el párrafo F del artículo
899, por el cual se encarga al Departamento de Seguridad Interior que vele por
la aplicación de la ley “sin violar los derechos constitucionales, los derechos
civiles y las libertades civiles de los ciudadanos de Estados Unidos y de los
residentes permanentes legales”. Una tarea espinosa, tomando en cuenta que esa
legislación permite al gobierno definir a gusto en qué consisten los delitos que
ha de penalizar, incluida la mala costumbre de no pensar como la Casa
Blanca.
Este proyecto cierra el círculo de hierro contra las libertades democráticas
del pueblo estadounidense que comenzaron a forjar la Ley Patriótica y la Ley de
Seguridad Interior, entre otras. “Si esta ley abominable se promulga, corren
peligro todos los ciudadanos (de EE.UU.) y no sólo esos pocos individuos y
extranjeros de los que habla el gobierno, sino todos nosotros”, señaló Gary D.
Barnett, presidente de Barnett Financial Services, Inc., de Montana (http://www.fff.org/, 1-2-08).
Sí.
|