Juan Gelman |
10 de marzo de 2008
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Página12
de Argentina - 9 de marzo de 2008
Prohibido disentir
Pobre Marion Cotillard. Ganó el Oscar 2008 como mejor actriz
por su personificación de Edith Piaf en la película La vida en rosa, pero la
revista Marianne comenzó a hacer circular declaraciones que la actriz francesa
formuló hace un año: puso en duda entonces la versión oficial de la Casa Blanca
sobre los atentados del 11/9. La vieja noticia fue retomada por medios
británicos y estadounidenses y se especula ya que eso le costará la carrera en
Hollywood y tal vez en Francia misma, dado que la cuestión estalla en momentos
en que el presidente Nicolas Sarkozy procura un acercamiento íntimo con la Casa
Blanca. Los Oscar suelen meterse en escándalos que la prensa norteamericana
adorna y sus lectores disfrutan, sólo que es la primera vez que le pasan a una
estrella la factura con retroactividad.
Juan
Gelman
Cabe reparar en algunos detalles. El 25 por ciento de las acciones de la
promotora de la campaña anti-Cotillard pertenece al Carlyle Group, un
megaconsorcio presidido por el ex jefe del Pentágono, Frank Carlucci, y
especializado en el control de medios de información y de sociedades dedicadas a
la compra y ventas de armamento. Es curioso: el Carlyle Group fue, durante años,
una entidad donde convergían inversiones de Bush padre y de la familia bin
Laden, además de George Soros, del ex primer ministro británico John Major, del
multimillonario ruso convicto de fraude Mijail Jodorkovsky y de otros personajes
de la misma índole. Los ataques contra Cotillard no son gratuitos. Un cineasta
que se acuesta con su hija adoptiva es una burbuja que se disipa en el aire y no
más. Un director que cuestiona el pensamiento único que Washington pretende
imponer al mundo es imperdonable. Bien lo sabe Jean-Luc Godard.
El descreimiento acerca de los verdaderos autores del atentado contra las
Torres Gemelas no es nuevo. Se ha demostrado que hubo insólitos y muy
beneficiosos movimientos en la Bolsa estadounidense una semana antes, como si
algunos supieran. Las fotos del anunciado choque de un avión contra el edificio
del Pentágono genera no pocas dudas sobre si realmente existió. Por ejemplo, en
el senador japonés Yukihisa Fujita, que en la sesión parlamentaria del 11 de
enero de este año señaló al primer ministro Yasuo Fukuda y a los ministros de
Defensa, de Finanzas y de Relaciones Exteriores del Japón que aún no habían
confirmado, seis años después del hecho, que el 11-9 fue orquestado por Osama
bin Laden. El periodista y escritor Thierry Meyssan (www.voltaire.org) advirtió
tempranamente que se trataba de una acción terrorista fabricada por los
servicios secretos de EE.UU. e Israel. Le vino de perillas a W. Bush para
ejecutar el plan que los “halcones-gallina” habían preparado años atrás a fin de
controlar el petróleo del Medio Oriente, recurso indispensable para imponer su
dominio al mundo entero.
El escepticismo respecto de la versión de Washington se ha convertido en
desmentida en varios círculos políticos europeos. El ex presidente de Italia,
Francesco Cossiga, un hombre cuya honestidad le reconocen hasta los adversarios,
fue terminante: “Nos han hecho creer que bin Laden habría confesado ser el autor
del ataque del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas de Nueva York,
mientras que, en realidad, los servicios estadounidenses y europeos sabían
perfectamente que ese atentado desastroso fue planificado y ejecutado por la CIA
y el Mossad, con el objeto de acusar de terrorismo a los países árabes y
justificar así los ataques contra Irak y Afganistán” (Corriere della Sera,
30-11-07). Es notorio que Cossiga es católico y nada terrorista.
Giuletto Chiesa, periodista y diputado del Parlamento Europeo, consideró una
“fantasía ridícula e insostenible” la versión de la Casa Blanca sobre el 11/9,
no vaciló en calificar a W. Bush y Dick Cheney. de “mentirosos patentados”
(www.zerofilm.info, 10-07-07) ni en subrayar que quienes formulaban objeciones a
la versión oficial, incluso las más tímidas, “eran tratados de locos, dementes o
de aliados peligrosos de esos terroristas islámicos”. Poco le falta para eso a
Marion Cotillard.
Es notorio que los 16 servicios de espionaje de EE.UU. aprobaron por consenso
la más reciente Estimación Nacional de Inteligencia que deja en claro que Irán
ha suspendido en el 2003 su programa nuclear con fines militares. Esto no es
obstáculo para que W. Bush y sus acólitos insistan en el peligro nuclear iraní,
ni impide al Pentágono perfeccionar los planes de un ataque nuclear contra el
gobierno de Teherán. El Centro por la Integridad Pública, de Washington, asentó
en estudio reciente que W. Bush, Dick Cheney, Condoleezza Rice, Donald Rumsfeld,
Colin Powell y otros altos funcionarios de la Casa Blanca habían mentido sobre
Irak al menos 935 veces en los dos años que siguieron al 11/9
(www.publicintegrity.org). El Número Uno en la materia fue W. Bush: hizo 232
afirmaciones falsas acerca de las armas de destrucción masiva en poder de Saddam
Hussein y 28 sobre los presuntos lazos Bagdad-al Qaida. Siendo así, una mentira
más qué le hace al tigre.
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