Angel Guerra Cabrera - rodelu.net |
25 de mayo de 2007
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Venezuela: mentiras y silencios
Los planes desestabilizadores de Washington contra Hugo Chávez
se remontan a años atrás y en ellos se inscribe la actual arremetida de la
mafia internacional de los barones mediáticos.
Angel Guerra Cabrera
Guardianes de su libertad de propietarios para desinformar, enajenar e
inducir al servilismo hacia el capital, su hostilidad hacia la revolución
bolivariana dio inicio con la primera campaña electoral de Chávez,
continuó al aprobarse la nueva Constitución, basada en el principio del
pueblo como único soberano, y prosiguió frente a las primeras leyes de
beneficio social y en pro del desarrollo autónomo. Enfilaron las baterías
contra la revitalización de la OPEP por el líder venezolano y los precios
dignos obtenidos para el petróleo de los países productores, su
fortalecimiento de las relaciones con Cuba, el tercer mundo y potencias
emergentes, como China y Rusia, y el activismo por la integración regional
al margen del norte revuelto y brutal. En plena euforia neoliberal había
que ponerle coto a la actuación contra las reglas de los dueños del mundo
del sambo llanero elevado a la presidencia por la chusma. Chávez desafiaba
las sacrosantas políticas del Consenso de Wahington, entonces en su
apogeo, y el orden mundial unipolar impuesto por Estados Unidos. Al dar
fuerza material al ideario de unión latinoamericana de Bolívar chocaba
frontalmente con el monroísmo, renacido con más fuerza que nunca.
Todo ello explica que el golpe de Estado de abril de 2002 estuviera en
preparación desde bastante antes en la capital del Potomac a través del
National Endowment for Democracy, otras fundaciones y entidades
"independientes" y personajes al servicio de Washington, ergo la Sociedad
Interamericana de Prensa y el genuflexo José María Aznar, como ha
documentado la investigadora Eva Golinger.
Aplastados el golpe y el paro petrolero gerencial de finales de 2003,
de los que fueron voceros y agitadores los medios corporativos de difusión
de Venezuela y el continente, se empeñaron a renglón seguido en forzar
mediante el fraude la convocatoria al referendo revocatorio, que no hizo
más, como las anteriores conjuras, que fortalecer la revolución
bolivariana y radicalizarla. El látigo de la contrarrevolución del que
hablara León Trotsky, aludido con frecuencia por Chávez, ha actuado como
acelerador del proceso de transformaciones sociales y políticas,
consolidándolo cada vez más, contrariamente al objetivo perseguido por
Washington y la oposición golpista. De ésta, espejo de la
contrarrevolución (anti)cubana de Miami, el único dato digno de mención es
la incondicional sumisión al imperialismo yanqui.
De allí que su proyecto de país consista exclusivamente en derrocar al
gobierno constitucional y devolver a Venezuela al paraíso neocolonial,
politiquero y corrupto rechazado reiteradamente por los votantes desde
1998. Con ese obsesivo propósito, cada vez que son derrotados Washington
decide un cambio de táctica.
Después de la apabullante victoria chavista en el referendo de 2006 la
contrarrevolución quedó totalmente desmoralizada y el gobierno de Bush
momentáneamente sin discurso frente a la contundencia del hecho. Pero fue
sólo una pausa en el irrenunciable afán golpista que rápidamente
encontraría un nuevo pretexto en la decisión soberana del gobierno
venezolano de no renovar la concesión a Radio Caracas Televisión.
Durante casi todo lo que va de año ha brotado desde los templos de la
libertad de prensa un torrente de calumnias y deformaciones en torno a la
naturaleza legal de esa determinación y, en general sobre la política
interior y exterior venezolana. ¡Cómo les molesta que Venezuela recuperara
su petróleo y que, a diferencia de los regímenes neoliberales, lo use para
sanar, educar, beneficiar a los que siempre quedaron fuera del reparto y
para ayudar a otros pueblos! Hay que ver el odio que destilan las páginas
del oligopólico Grupo de Periódicos de América ante el precedente de una
televisora que ya no podrá envenenar más a su audiencia, como hacen ellos
a diario. El lector puede imaginar la catadura del augusto grupo con sólo
saber que uno de sus decanos es El Mercurio de Chile, orquestador
del golpe de Estado fascista contra Salvador Allende. Qué decir de la
desmelenada campaña antivenezolana de la Cámara de la Industria de la
Radio y Televisión de México, siempre muda ante las injusticias de este
mundo.
Derrotados otra vez, ya lo veremos, ¿qué viene?, ¿el intento de
magnicidio? Mejor que lo piensen. Les puede costar muy caro.
Publicado en La Jornada el 24 de mayo de 2007
Angel
Guerra Cabrera
Columnista
de La Jornada de México
aguerra_123@yahoo.com.mx
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