Angel Guerra Cabrera - rodelu.net |
2 de junio de 2007
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Con Venezuela y contra Bush
Según un titular de primera plana del diario español El País,
en Venezuela ha desaparecido una televisora "libre". Atormentado por la
ola antimperialista latinoamericana, parecería que el vocero madrileño del
coloniaje postmodern contrató como titulista del día a Robert
Menard, cabecilla de Reporteros sin Fronteras (RSF), que no se ha enterado
todavía del asesinato en Irak por la democrática metralla yanqui del
camarógrafo español José Couso.
Angel Guerra Cabrera
¿Qué es una prensa libre para George W. Bush, su sirviente Oscar Arias,
El País, la Sociedad Interamericana de Prensa, la CNN, el Grupo
de Periódicos de América y RSF? Pues, claro, un jugoso bussines
al que nadie en el mundo puede cuestionar el derecho a publicar lo que se
le antoje... a sus dueños y a callar la monopólica explotación de los
muchos, el saqueo del erario y los recursos naturales por un puñado de
corruptos, las elecciones fraudulentas y la depredación ecológica típicos
del capitalismo neoliberal, así como las luchas populares que se le
enfrentan.
Los medios "libres" no aceptan los deberes de un servicio público, como
el que se supone que presten, y al contrario, en nombre de la propiedad
privada y de prensa inducen al racismo, el hedonismo y la superficialidad,
ofenden la dignidad de la mujer y de los sexualmente diferentes, enaltecen
el american way of life, el consumismo y las guerras de agresión
imperialistas, denigran los valores culturales nacionales y universales,
difaman a los líderes populares y promueven el derrocamiento por la fuerza
de los gobernantes defensores de la soberanía, la justicia social y la
solidaridad entre los pueblos. Todo cuestionamiento al cruel orden que los
sostiene y hacen suyo lo califican de antidemocrático, autoritario,
autocrático y populista. No hay más que dedicar unos minutos a la
desagradable tarea de visionar o escuchar la programación del duopolio
televisivo-radial mexicano o la de cualquiera otro de sus congéneres en
América Latina para comprobarlo.
Es natural, pues, que los megaempresarios de la (des)información y la
perversión mediática arremetan con una descomunal campaña de mentiras y
calumnias contra la decisión constitucional y legítima del presidente de
Venezuela, Hugo Chávez, de no reanudar la concesión de la golpista Radio
Caracas Televisión y sustituirla por una televisora social, haciendo así
valer la soberanía del Estado sobre el espacio radioeléctrico y la
regulación de la comunicación.
Y es que en los años en que ha reinado el neoliberalismo en el mundo
ningún gobierno se había atrevido a aplicar la ley a los pulpos mediáticos
que se sienten por encima de ella. Acostumbrados a comprar e intimidar
funcionarios y legisladores, acusan, juzgan y condenan desde el éter, sin
derecho a réplica, a quienes se les oponen, aplicándoles el fusilamiento
mediático o la mordaza, equivalente contemporáneo de la hoguera de la
Inquisición. Ningún consorcio informa que en Venezuela la inmensa mayoría
de los medios -escritos, televisivos y radiales- son privados, no sufren
ni sombra de censura y en este mismo instante algunos, como Globovisión,
incitan al magnicidio y a la revuelta callejera.
La intensificación actual de la campaña de propaganda contra Chávez es
parte de un plan subversivo que busca provocar al gobierno y pueblo
venezolanos, preferentemente haciendo que corra la sangre, y crear la
percepción de que en Venezuela hay una crisis de gobernabilidad que
justifique medidas punitivas por la "comunidad internacional", con la
ilusión de azuzar a segmentos de la fuerza armada a un nuevo golpe de
Estado.
Las recientes marchas y actos vandálicos de estudiantes de
universidades privadas, y de algunas públicas, empujados por la
esquizofrenia de las televisoras golpistas que aún quedan y por
irresponsables profesores, en complicidad con alcaldes
contrarrevolucionarios, forman parte del guión desestabilizador de la CIA.
Como dicen los partidarios del presidente: "Chávez los tiene locos". A
Bush, a la contrarrevolución local y a sus pares de la región. Están
desesperados porque cada nueva conspiración fortalece a la revolución
bolivariana.
Washington anhela acabar con el ejemplo de democracia desde abajo que
nacionalizó el petróleo, desechó el neoliberalismo y revive a Bolívar
cotidianamente. Por eso la pelea de Venezuela es decisiva para América
Latina y para todos los pueblos. Merece y necesita ahora la solidaridad
activa de las personas honestas de los cuatro puntos cardinales.
Publicado en La Jornada el 31 de mayo de 2007
Angel
Guerra Cabrera
Columnista
de La Jornada de México
aguerra_123@yahoo.com.mx
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