Angel Guerra Cabrera - rodelu.net |
13 de junio de 2007
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Venezuela: nuevo plan golpista
La guerra mediática sube de tono en preparación de otro golpe de Estado
en Venezuela. Se la ataca a los cuatro vientos, en palabras clonadas de
Washington, por el "cierre" de un canal de televisión y "la ausencia de
libertad de expresión". El pretexto es la no renovación de la concesión
-hecho frecuente en muchos países- a Radio Caracas Televisión (RCTV), que
la usufructuó más de medio siglo y no se cansó de violar las leyes
venezolanas antes y sobre todo durante el gobierno de Hugo Chávez.
Angel Guerra Cabrera
Por fortuna, el desprestigio de los medios de comunicación oligopólicos
crece mientras más groseramente mienten. Pese al mito del control que
supuestamente ejercen sobre la opinión pública, es creciente el número de
personas en el mundo que apoya la medida adoptada por el gobierno
venezolano. Quedan -desprendo de algunas cartas de lectores y charlas
informales- quienes honestamente dudan de ella o la rechazan.
Las causas son varias: una es la cultura dominante, que ha clavado en
las mentes la libertad de los dueños como sinónimo de libertad de prensa;
otra, que las corporaciones mediáticas siguen ocultando los hechos. Omiten
que, salvo pocas excepciones, los medios de comunicación de Venezuela -en
más de 80 por ciento privados-, además de cubrir diariamente de
improperios y calumnias a las autoridades, con frecuencia llaman, abierta
o solapadamente, al golpe de Estado y al asesinato del presidente. No hago
una afirmación sesgada. Invito al lector a tomarse unos minutos y buscar
en Youtube u otros sitios de Internet los videos que documentan
mi aserción. Son particularmente interesantes los que muestran las
trasmisiones de las cadenas venezolanas sobre el golpe de Estado de 2002.
La convocatoria desenfrenada a salir a la calle y poner fin a la
"tiranía", el aplauso a los golpistas y a la clausura por decreto de las
instituciones republicanas. Cuando el pueblo, en efecto, inundó las
calles, pero para derrotar la asonada y rescatar al presidente
secuestrado, llenaron dos días sus pantallas con películas y dibujos
animados. Apenas dormí entonces. Seguí paso a paso el golpe en diversos
medios y la reacción popular por la televisión cubana, única en el mundo
en reportarla, al extremo de que ante el hecho irreversible del victorioso
contragolpe se convirtió en fuente de la misma maquinaria mediática
internacional, puesta en apuros al haber anunciado hasta última hora lo
contrario. Sus enviados en Caracas quedaron desacreditados. Recuerdo que
CNN, sin solución de continuidad, se vio obligada a sustituir con Lucía
Newmann al personal que hasta minutos antes ocultaba deliberadamente el
desbordamiento del pueblo reclamando el regreso del presidente cuando ya,
junto a los militares constitucionalistas, había barrido al gobierno
ilegítimo de Carmona El breve.
El debate, pues, no es sobre la libertad de expresión en Venezuela,
sino sobre el deber constitucional de una república de defender el mandato
entregado por los votantes. ¿Permitiría otro gobierno legalmente
constituido en el mundo la permanencia de medios que instigan a su
derrocamiento por la fuerza y hacen parte activa de éste? La respuesta
parecería obvia, pero no lo es porque Chávez, sostenido por un apoyo
popular sin precedente, se reservó la adopción de las medidas legales que
lo asistían e intentó hacer rectificar a los medios golpistas mediante el
diálogo. Lamentablemente, casi todos continúan hasta hoy con la actitud
sediciosa.
Lo otro que oculta aterrorizada la mafia mediática es el modelo de
comunicación que, cumpliendo preceptos constitucionales, impulsa la
revolución bolivariana. Ha creado cientos de medios comunitarios que dan
voz a los que nunca la tuvieron, propiciando el desarrollo del debate y
del talento que antes no tenía cauce. Teves, la emisora de carácter social
que sustituyó a RCTV, amplifica esta orientación a escala nacional
apoyándose en productores independientes excluidos hasta ahora, pero
también en los silvestres que surgen de los consejos comunales,
sindicatos, cooperativas y otras expresiones de poder popular surgidas a
estímulo de Hugo Chávez.
Venezuela, Bolivia y, al parecer Ecuador, viven una revolución social e
impulsan la que incuba América Latina. El nuevo plan golpista se explica
por la obsesión yanqui de aplastarlas.
El fracaso estrepitoso de la Condoleezza, nada menos que en la OEA,
donde no encontró oídos receptivos a su bravata antivenezolana, confirma
que los tiempos han cambiado. Los pueblos se han puesto en marcha.
Publicado en La Jornada el 7 de junio de 2007
Angel
Guerra Cabrera
Columnista
de La Jornada de México
aguerra_123@yahoo.com.mx
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