Estados Unidos y los otros tres
"grandes" surgidos de la Segunda Guerra Mundial impusieron al pueblo de
Palestina en 1948 la arbitraria e injusta creación del Estado de
Israel, contraria al derecho internacional y a la misma Carta de la
ONU, únicamente justificable por un supuesto mandato bíblico del judío
como "pueblo elegido" por la providencia.Tras la decisión no
había ningún elevado sentimiento religioso ni de justicia histórica.
Simplemente se trataba de establecer un portaviones fijo del
imperialismo en Medio Oriente, zona de gran importancia geoestratégica
por su posición en el mapamundi y sus ubérrimos yacimientos de
petróleo, función cumplida con inigualable celo por todos los gobiernos
de Israel a costa del despojo territorial, la expulsión y el genocidio
por etapas de los palestinos.
Washington y Tel Aviv, con la
complicidad de sus aliados europeos y de los regímenes árabes
subordinados, han arbitrado hasta hoy, por consiguiente, el destino de
Palestina. El territorio asignado por los "grandes" a los palestinos
mediante un bochornoso acuerdo de la Asamblea General de la ONU sigue
desde 1967 -no debe olvidarse- ocupado por el ejército sionista y
sometido a la acción de sus leyes, tribunales y servicios de
inteligencia. Todo ello en violación de resoluciones posteriores del
propio organismo internacional. La llamada Autoridad Nacional Palestina
es por eso un ente sin facultades devenido un obstáculo insuperable
para el movimiento de liberación palestino al desviar la atención, con
una políticamente costosa ficción de autogobierno pluripartidista, del
tema central de la lucha contra la ocupación.
Esa es una de las
causas del lamentable choque fratricida, culminado con la división en
dos de los territorios ocupados por el sionismo en 1967: la minúscula,
pero muy populosa Gaza, donde se ha hecho fuerte Hamas, y Cisjordania,
confederación de pequeños bantustanes de población palestina divididos
por el muro y controlados por el ejército israelí, administrada por
Fatah bajo las reglas del ocupante.
Surgen preguntas inevitables.
¿Por qué Hamas arrasó limpiamente a Fatah en las elecciones municipales
y luego en las parlamentarias de febrero de 2006? ¿Por qué el
legendario y laico Fatah, fundado por Yasser Arafat, perdió tanto de su
prestigio entre su pueblo, ganado al actuar durante décadas como
protagonista y vocero principal de la resistencia palestina? ¿Por qué
Estados Unidos, que dejó de reconocer al extinto Arafat como
interlocutor y exigía elecciones, decretó, conjuntamente con Europa e
Israel, un feroz bloqueo económico a los paupérrimos territorios
ocupados a partir de la sorpresiva y arrolladora victoria comicial de
Hamas, cuya administración se negaron a reconocer?
Medios
israelíes han informado que sus servicios secretos y los estadunidenses
armaron y entrenaron a las unidades de seguridad de Fatah, cuyos
corruptos e impopulares jefes aceptaron la encomienda de exterminar la
fuerza militar de Hamas en la franja. Todo indica que la organización
islámica desató a su pesar la fulminante ofensiva con el propósito de
evitar su aniquilamiento y una sangrienta guerra civil en Gaza.
Es
muy extraño que Mahmoud Abbas, presidente palestino y líder de Fatah,
se haya convertido de la noche a la mañana en el niño mimado de Estados
Unidos e Israel. Recibirá de este país todo el dinero robado de los
impuestos palestinos y mucho armamento, obviamente no para liberar a
Palestina. Al parecer Abbas tampoco deseaba el enfrentamiento. Aceptó
el proyecto saudita de gobierno de unidad nacional, pero, no hay duda,
torpedeó y arrinconó a Hamas por todos los medios, haciendo
objetivamente el juego a Estados Unidos.
El pueblo palestino
posee una inagotable reserva moral. No ha dejado de combatir un día
contra la ocupación, incluyendo a una mayoría de militantes de Fatah, y
eso al final decidirá la partida.
Publicado en La Jornada el 28 de junio de 2007