Angel Guerra Cabrera - rodelu.net |
2 de septiembre de 2007
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Bush: solo es más peligroso
Alberto Gonzales ha engrosado la lista de íntimos colaboradores de Bush
II que quieren “pasar más tiempo con su familia”. La partida del
procurador general, no hay duda, subraya el aislamiento del más impopular
jefe de Estado estadunidense incluso respecto a la propia clase dominante,
nunca proclive a apoyar públicamente a sus congéneres en desgracia.
Angel Guerra Cabrera
“Bush está más solo que nunca”, rezan los titulares. Pero, ¿qué
conclusión derivar de esto? ¿Acaso la partida del leal perro de presa
significa que el Congreso de Washington, por fin, obligará a esta
administración a cambiar su conducta de desprecio a la ley y a los
derechos humanos? ¿Que va a despojar del fuero a Bush-Cheney y a derogar
las leyes que han convertido al país en un Estado policial mundial? ¿Que
hará que Gonzales sea sustituido por un funcionario probo, dispuesto a
restablecer el orden constitucional y llevar ante los tribunales a su
antecesor, Rumsfeld, Wolfowitz, Rove, Powell, Condoleezza y, obviamente,
Bush-Cheney?
La información pública disponible es contundente para acusarlos de
criminales de guerra, que a partir de la manipulación y la mentira
arrastraron al país a dos aventuras bélicas injustificables y genocidas
desde su inicio; de haber legalizado y extendido viciosamente el uso de la
tortura, suprimido los derechos civiles y utilizado la “reconstrucción” de
Irak para beneficiar a sus compadres de las corporaciones, del punible
abandono a los habitantes de Nueva Orleáns desde Katrina hasta la
fecha.
Sin embargo, es muy improbable que eso ocurra. Los legisladores
demócratas, salvo contadas individualidades, han sido cómplices de Bush
por acción u omisión, incluyendo el aumento de tropas en Irak a principios
de 2007, pese a que meses antes los electores les dieron un claro mandato
para poner fin a la guerra.
Lejos de disminuir el peligro de continuar el derrotero catastrófico,
el aislamiento de fanáticos fundamentalistas como Bush-Cheney incrementa
las posibilidades de que actúen movidos por la desesperación, buscando una
fuga adelante, como eventualmente puede ser el bombardeo de Irán. Si
examinamos la postura de los jefes legislativos y precandidatos demócratas
ante este crucial tema, en poco se diferencia de la postura de la Casa
Blanca, como ocurre respecto a Cuba y América Latina. Más aún, no hay por
qué esperar un cambio de rumbo plausible en Washington, ni ahora ni si los
demócratas ganan las elecciones de 2008, a menos que una telúrica recesión
forzara al redimensionamiento de las delirantes ansias imperiales.
Si el control del Ejecutivo por uno u otro de los dos partidos del
sistema ha servido casi siempre de muy poco para hacer pronósticos sobre
la política exterior de Washington, a partir de la presidencia de Reagan
se creó un consenso ideológico bipartidista en cuanto a la estrategia
económica neoliberal de guerra a aplicar en casa y en el extranjero.
El fenómeno nos lleva a la necesidad imperiosa de actualizar los
estudios sobre la naturaleza y estructura del imperialismo. Aunque los
brillantes hallazgos de los clásicos, como Lenin, Rosa Luxemburgo,
Hilferding y Bujarin sobre esta etapa del capitalismo siempre serán un
valiosísimo punto de partida, es indispensable ahondar muy seriamente en
la investigación de sus nuevas características. Los clásicos alertaron en
su tiempo de las nefastas consecuencias económicas y morales del
“rentismo” especulativo a que conducía el creciente protagonismo del
capital financiero, pero no pudieron imaginar las astronómicas
proporciones que tomaría lo que muy gráficamente ha sido denominado
economía de casino. Este hecho está teniendo efectos devastadores sobre
una humanidad cada vez más empobrecida por una exigua minoría
crecientemente opulenta. Al mismo tiempo, ha derribado los límites éticos
en la conducta de las elites estadunidenses y de los demás países
imperialistas. Ello explica que no salga de su seno propuesta alguna para
revertir la explosiva desigualdad social ni la catástrofe ecológica, y que
la guerra nuclear sea hoy más probable que durante la guerra
fría.
Discrepo por eurocentristas de varias interpretaciones del historiador
Eric Hobsbawn, pero me parece muy valiosa su observación en cuanto a que
el capitalismo carece en la actualidad de una tabla de valores. Según su
opinión, éste no construyó una moral propia y funcionó con la que tomó
“prestada” de la Edad Media hasta que fue deshecha por el propio
desarrollo capitalista.
Publicado en
La Jornada el 30 de agosto de 2007
Angel
Guerra Cabrera
Columnista
de La Jornada de México
aguerra_123@yahoo.com.mx
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