Angel Guerra Cabrera - rodelu.net |
9 de septiembre de 2007
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Chile y el cambio de época
Desde el golpe fascista contra Salvador Allende, al pueblo de Chile le
han sido arrancados ininterrumpidamente la mayoría de los derechos
económicos, políticos y sociales que conquistó en históricas luchas. Entre
el gobierno de Pinochet y los de la democrática Concertación existe un
hilo conductor: el mismo régimen expoliador y excluyente implantado en su
momento a sangre y fuego.
Angel Guerra Cabrera
Por eso no debe sorprender el despertar de la legendaria clase obrera
chilena como protagonista política de primera línea, cuyo accionar podría
ser decisivo en la derrota del neoliberalismo si se uniera al del pueblo
mapuche, los estudiantes y mayoritarios sectores opuestos a esa política.
Lo confirma la saña con que fue reprimida la reciente jornada de protesta
de los trabajadores en el país austral. Prólogo de ella han sido dos
grandes huelgas que reconquistaron el derecho a la negociación colectiva:
la de los 5 mil operarios madereros del poderoso grupo Angellini y la de
los trabajadores contratados de la estatal Corporación del Cobre.
¿Y el milagro chileno, mostrado como paradigma de éxito en foros
académicos y generosos espacios mediáticos, trompeteado por Bush, Aznar,
Vargas Llosa, Oppenheimer y demás heraldos del libre mercado? Le ha hecho
honor a su nombre al convertir al país con uno de los mejores índices de
reparto de la riqueza en América Latina –incluso desde antes de las
extraordinarias realizaciones del periodo de Allende– en una las 12
naciones del mundo con mayor desigualdad. Según datos oficiales, el 10 por
ciento más pobre recibe 1.1 por ciento del ingreso, mientras el 10 por
ciento más rico acapara 42.3.
Pero dejemos que respondan la pregunta autorizadas e ideológicamente
disímiles voces del país austral. Jorge Pávez, presidente del Colegio de
Profesores: “No ha cambiado la matriz de la dictadura, que entiende la
educación como un privilegio para quienes puedan pagarla”; Juan Luis
Castro, presidente del Colegio Médico: “En Chile no hay acceso igualitario
a la salud. Hay que esperar días, semanas o meses para una atención médica
y tenemos un importante déficit de especialistas. Esos son problemas
reales que no han sido abordados”; Arturo Martínez, presidente de la
Central Unica de Trabajadores: “Aquí hay gente que tiene hambre, que está
aburrida de esperar”; Camilo Escalona, presidente del gubernamental
Partido Socialista de la presidenta Michelle Bachelet: “La propia prensa
señala los abusos que se están cometiendo en las cadenas de supermercados,
que se presentan ante el país como las principales empresas con
rentabilidad... que se está logrando sobre la base de abusos y
atropellos”.
Demos ahora la palabra al muy conservador Adolfo Zaldívar, senador y ex
presidente de la Democracia Cristiana, uno de los dos partidos más
importantes de la alianza de gobierno: El país “está en una situación
límite, con una tecnocracia que ha avanzado sobre la base de un poder
transversal dentro de la Concertación, y de alguna forma respaldado por
grupos económicos, poderes fácticos que han impuesto un modelo
contrario a nuestra realidad y a la gente” (las cursivas son mías).
Existen declaraciones similares a las de Zaldívar de otros integrantes de
la elite chilena. ¿Se habrán vuelto chavistas?
Cuando personeros de las clases dominantes tocan arrebato es porque la
quiebra del régimen es mucho más honda de lo que se aprecia en la
superficie. Pero con sus peculiaridades, la situación en Chile expresa el
fenómeno general de la debacle del capitalismo dependiente en América
Latina. Tal vez nadie lo haya expresado más contundentemente que el
presidente ecuatoriano, Rafael Correa, cuando refiriéndose al socialismo
del siglo XXI por edificar ha dicho que “no vivimos una época de cambios,
sino un cambio de época”.
Eso sí, no echemos campanas al vuelo esperando de las “leyes de la
historia” que hagan por sí solas la tarea de los movimientos populares
latinoamericanos y sus líderes. Es imperioso luchar muy duro, organizarse
y unirse bolivarianamente para no desaprovechar esta coyuntura única, en
que es posible propinar a escala continental la mayor derrota de su
historia al imperialismo de Estados Unidos. Como vemos en estos días en
Bolivia, allí donde más cerca parecen estar los de abajo en tomar por fin
las riendas de su destino clava la garra el águila imperial para tratar de
impedirlo. No hay revolución que sobreviva si no mide acertadamente esa
gravísima amenaza y es capaz de vencerla.
Publicado en
La Jornada el 6 de septiembre de 2007
Angel
Guerra Cabrera
Columnista
de La Jornada de México
aguerra_123@yahoo.com.mx
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