Angel Guerra Cabrera - rodelu.net |
21 de septiembre de 2007
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Costa Rica, TLC y solidaridad internacional
El próximo 7 de octubre Costa Rica decide en referendo la aprobación o
el rechazo del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos. Los
partidarios del no integran la coalición más amplia y plural de
fuerzas sociales articulada en la historia del país centroamericano,
abarcando desde los sindicatos y amplios segmentos populares hasta un
sector empresarial, las universidades y jerarcas de la Iglesia católica e
incluso una pequeña corriente del oficialista Partido de Liberación
Nacional. Enfrentados al derroche de coacción y dinero del cuestionado
gobierno de Oscar Arias, de los barones locales y las trasnacionales, han
librado en condiciones muy desiguales una admirable lucha, fecunda en
iniciativas populares y en la forja de conciencia política y
patriótica.
Angel Guerra Cabrera
Los partidarios del no desencadenaron un debate nacional desde
abajo enfatizando que la consulta decidirá la preservación o la pérdida de
la soberanía y la independencia de la nación. Es evidente, además, aunque
no se haya insistido suficientemente en ello, su vínculo indisoluble con
la contienda latinoamericana contra el plan estadunidense de
recolonización en nombre del libre comercio, librada en cada país con sus
propios colores y sabores.
La excepcional connotación de la pelea costarricense viene de que es el
único pueblo de América Central al que Washington no ha podido imponer el
TLC, el primero en el mundo en obligar a un gobierno a realizar una
consulta sobre el tema, una de las pocas naciones de América Latina en que
un sistema de empresas públicas y fiscalidad progresiva llevó la seguridad
y protección social a una porción muy significativa de la población y
donde las luchas populares han dificultado mucho su desmantelamiento
No obstante, las prácticas de intimidación, clientelismo y mendacidad
goebbeliana, utilizadas por los medios de difusión para torcer la voluntad
ciudadana en el referendo, demuestran la generalización en las clases
dominantes latinoamericanas de un patrón de conducta ilegal,
antidemocrático y mafioso para impedir cualquier posible alternativa al
neoliberalismo por vía del sufragio. Las reiteradas denuncias a esta
actuación por los opositores al TLC han sido confirmadas plenamente al
publicar el semanario tico Universidad un plan secreto para
yugular el triunfo del no enviado a la computadora de Arias por
el vicepresidente Kevin Casas. Un documento que podría haber redactado Al
Capone por su contenido gansteril y cuyo tono trágico revela, en contra de
las encuestas divulgadas, la imposibilidad de una victoria del sí
a menos que se intensifiquen al máximo los ya inauditos atropellos
gubernamentales al orden constitucional.
Lo único claro de cara al referendo es la indeclinable decisión
oficialista de desconocer la voluntad popular y el redoblamiento de la
batalla política por los partidarios del no, lo que hace muy
difícil vaticinar el resultado. Pero ganen o pierdan en las urnas,
Washington y su acólito Arias no cejarán en sus intenciones de
sometimiento de Costa Rica, por lo que después de la consulta será aún más
necesaria la actuación en el país de la formidable agrupación patriótica
ciudadana surgida de la oposición al TLC.
El grado que ha alcanzado la rapiña imperialista exige barrer con las
soberanías de los países del sur y el despojo a la humanidad de todos los
derechos económicos, políticos y sociales conquistados y consagrados en
las leyes nacionales e internacionales hasta el momento en que el bárbaro
modelo neoliberal comenzara a extenderse al mundo a partir del
pinochetismo. Esto es lo que busca Washington con los TLC, particularmente
en América Latina, acompañados de profundas medidas de militarización,
paramilitarización, criminalización de la protesta social y subordinación
de los estados a su política fascista de seguridad nacional.
Lo que es indispensable entender es que los TLC tienen iguales
propósitos y constituyen solamente otra cara del mismo proyecto de
dominación que bloquea a Cuba, intenta desestabilizar a Venezuela, Bolivia
y Ecuador, y ha fraguado las agresiones a Irak, Afganistán, Líbano y
Somalia, por mencionar las más recientes, la sempiterna ocupación israelí
de Palestina o el ataque en marcha contra Irán.
América Latina puede proponerse hoy extirpar el yugo imperialista en el
plazo de una generación. Pero sólo podrá lograrlo si lo concibe como una
sola lucha continental y necesariamente solidaria con la de todos los
pueblos del mundo por su libertad.
Publicado en
La Jornada el 20 de septiembre de 2007
Angel
Guerra Cabrera
Columnista
de La Jornada de México
aguerra_123@yahoo.com.mx
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