Angel Guerra Cabrera - rodelu.net |
8 de noviembre de 2007
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Venezuela hacia otra victoria popular
El objetivo estratégico principal de Estados Unidos a escala internacional
es derrocar a Hugo Chávez y arrancar de raíz la revolución bolivariana no
importa el costo en sangre. De lograrlo, Washington haría cambiar a su favor
la correlación de fuerzas al sur del río Bravo: colocaría en una coyuntura
muy delicada a Cuba, Bolivia y Ecuador y privaría a América Latina en su
conjunto de los enormes recursos morales, políticos, humanitarios,
económicos y geoestratégicos contenidos en el tándem Habana-Caracas. Por
algo la CIA ha creado un departamento ad hoc para “ocuparse” de Cuba y
Venezuela.
Angel Guerra Cabrera
Abocada a la retirada o la estampida en Irak sin haber podido alcanzar el
propósito de apoderarse del petróleo, la potencia del norte enfrenta en la
escena mundial el ascenso imparable de China, Rusia e India, un Pakistán
fuera de control –todos con armas nucleares-, el incierto desenlace de la
eventual aventura bélica en Irán y la verosímil amenaza de perder
definitivamente su hegemonía económica. Resulta, pues, desesperadamente
importante para ella recuperar como sea el antes exclusivo coto
latinoamericano, lo que exige aplastar la creciente sublevación de sus
pueblos. Pero lograrlo es una misión imposible mientras arda en Venezuela la
llama de la rebeldía.
No estamos ante una novedad histórica. El imperialismo estadunidensense no
aceptó nunca gobiernos populares en América Latina ni en tiempos en que su
posición mundial era mucho más sólida, aunque cumplieran escrupulosamente
–como en Venezuela actualmente- con todos los requisitos de la democracia
representativa. Basta citar como ejemplos en la segunda mitad del siglo XX
el derrocamiento por medios violentos, con base en planes elaborados por
Washington, de los presidentes Jacobo Arbenz(1954), Juan Bosh(1964) y
Salvador Allende(1973). El siglo XXI se inauguró precisamente con el
frustrado golpe de Estado contra Chávez(2002) y sucesivas intentonas
desestabilizadoras, destacadamente el sabotaje a la industria
petrolera(2002-2003). Pero no obstante que el líder venezolano ha salido
airoso y fortalecido de todas ellas, Estados Unidos se emplea de nuevo a
fondo para derribarlo.
Ahora bien, Chávez es un hueso muy duro de roer. Revolucionario brillante y
poseedor de gran capacidad de maniobra, conserva y está en proceso de
ampliar un apoyo popular cada vez más consciente en su país, su prestigio es
ascendente en América Latina y en el mundo, las encuestas revelan que ganará
holgadamente el referendo sobre la trascendental reforma constitucional y
cuenta con el respaldo de la fuerza armada. Por otro lado, la
oposición/contrarrevolución está desmoralizada y desarticulada por continuas
derrotas ante su adversario y carece de importancia electoral.
Ya que en buena lid democrática es imposible vencer a los bolivarianos,
Washington se ha visto obligado otra vez a elaborar una estrategia
supuestamente eficaz para acabar por la fuerza con Chávez y el aluvión de
pueblo que lo acompaña. Para ello ha orquestado una campaña propagandística
internacional destinada a presentar un ejercicio democrático ejemplar -el
debate popular libérrimo y exhaustivo de la reforma constitucional
venezolana y su inminente aprobación en referendo- como una maniobra de
Chávez para perpetuarse indefinidamente en el poder y concentrar todas las
decisiones. No importa el medio del sistema que sea en cualquier lugar del
mundo: todos repiten lo mismo. Es la preparación sicológica de la opinión
pública que precede a las agresiones yanquis.
Complementariamente, lanzar a la calle a los vástagos de la burguesía a
ejercer violencia contra las fuerzas de seguridad, cometer actos de
vandalismo y, sobre todo, provocar la represión, todo manipulado por la
fábrica de mentiras como una rebelión estudiantil contra el poder
constituido. El escándalo internacional abriría la puerta a la intervención
extranjera. Pero lo que dio resultado en Servia, Ucrania o Georgia, donde
no había un movimiento popular ni un partido revolucionario organizados y en
pie de lucha fracasará en Venezuela, como veremos en las próximas semanas.
Chávez ha llamado a sus partidarios a permanecer en la calle todo el tiempo
que sea necesario y a luchar por el sí en el referendo dentro de las normas
constitucionales.
Lo veremos, la contrarrevolución será derrotada por el pueblo movilizado y
lo más que podrá conseguir su patrón imperialista es una mayor
radicalización del proceso bolivariano. Allá ellos.
Publicado en
La Jornada el 8 de noviembre de 2007
Angel
Guerra Cabrera
Columnista
de La Jornada de México
aguerra_123@yahoo.com.mx
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