Nadie tiene derecho a postularse, toda vez que la ley electoral conceptúa la
condición de candidato como un reconocimiento de la sociedad a las
cualidades personales reunidas por quienes representarán a su comunidad y
los intereses de la nación en los Órganos del Poder Popular. Los delegados a
las Asambleas Municipales surgen de las propuestas argumentadas y acordadas
por los propios vecinos en reuniones celebradas en las circunscripciones que
forman cada municipio. Allí pueden proponerse hasta ocho candidatos, de los
cuales resulta electo posteriormente el que obtenga más votos, siempre por
encima del cincuenta por ciento. El registro electoral es automático cuando
se llega a la edad de sufragar: 16 años.
En el caso de los delegados a las Asambleas Provinciales y diputados a la
Asamblea Nacional son las comisiones de candidatura, integradas por las
organizaciones de masa(obreras, femeninas, estudiantiles y campesinas) las
que los postulan después de consultar, en entrevistas individuales y
reuniones plenarias, el criterio de los delegados electos en la base,
quienes reciben las biografías de los candidatos y otros datos necesarios
para formarse una opinión. Alrededor del cincuenta por ciento de los
candidatos en esos dos niveles deben provenir de quienes fueron electos en
las circunscripciones e igual proporción de aquellos que, no habiéndolo
sido, son propuestos por las comisiones en busca de una mayor
representatividad de los distintos sectores de la sociedad: obreros,
campesinos, intelectuales, artistas, deportistas, dirigentes del Partido
Comunista, jefes militares, funcionarios del gobierno y líderes religiosos.
Mediante consultas a los diputados se integra la candidatura al Consejo de
Estado, a elegirse el 24 de febrero.
En la elección del 20 de enero la presencia de mujeres en el Parlamento se
incrementó a más del 43 por ciento y la de negros y mulatos a 35 por ciento,
aún insuficiente.
A diferencia de las llamadas democracias occidentales, ser representante
popular en Cuba no está condicionado por el dinero que disponga el candidato
sino depende del mérito individual. Esto contrasta con los sistemas
electorales de muchos otros países, donde, como en Estados Unidos, los
candidatos con posibilidades de llegar son ricos salvo contadas excepciones,
y millonarios en el caso de los presidenciales, que renuncian casi todos al
financiamiento público para quedar en libertad de recaudar fondos
ilimitados, principalmente para comprar espacios televisivos sin control ni
regulación alguna. El grueso de estos aportes procede de las grandes
corporaciones, lo que obliga a sus destinatarios a servir los intereses de
estas y no los de los electores. Es notorio el caso de las compañías de
seguros médicos, cuyas contribuciones y presiones a los candidatos han
impedido reformar el sistema de salud estadunidense, de lejos el más caro e
ineficiente de los países desarrollados, además de excluir ya a la sexta
parte de la población.
En Cuba no hay campaña electoral a la manera convencional. Los candidatos a
los niveles provincial y nacional visitan a sus electores semanas antes de
las elecciones y sostienen continuos intercambios con ellos a fin de conocer
de primera mano sus problemas, aspiraciones y opiniones, pero toda la
propaganda se reduce a divulgar sus biografías y fotos en sitios públicos y
en los medios de difusión. El conteo de los sufragios se realiza ante los
ojos de los vecinos y periodistas nacionales y extranjeros. Los
parlamentarios devengan el mismo salario que cuando fueron electos.
El Partido Comunista impulsa la organización y difusión de los comicios,
pero no postula candidatos, aunque muchos de sus militantes son electos dada
la calidad moral que, en general, les es inherente.
Los cambios que se gestan en Cuba apuntan a un mayor protagonismo de los
ciudadanos en la decisión y control de los asuntos del Estado, que hará cada
vez más democrático su sistema político. Todo esto con la daga yanqui en el
cuello.
Publicado en
La Jornada el 31 de enero de 2008