Telecom
y la publicidad engañosa
José
Luis Hereyra Collante
A fines
de diciembre del año pasado adquirimos una línea telefónica
a Telecom, la cual comenzó a funcionar aproximadamente el día
26 del mes siguiente, es decir, en enero de 2005. Y empezó a funcionar
sólo después de sortear mil y una dificultades, y gracias
a la ayuda de algunos funcionarios jóvenes y diligentes que me ayudaron,
creo que con más ahínco al saber que yo era periodista. En
principio la línea era gratis pero como dizque no había nadie
en nuestra casa al llegar los contratistas de ellos a instalarla, la línea
ya no era gratis, pero como el gerente estaba en no sé qué
ciudad –precisamente en un simposio de sabios de la entidad para determinar
cuanto cobrarían por cada línea, ya no más gratis–
ellos no sabían, hasta cuando el gerente no volviera y los reuniera
y les dijera las últimas –entre ésas cuánto costaba
por fin cada línea– cuánto tendríamos que pagar a
Telecom. Finalmente, y gracias a la ayuda de esos eficientes jóvenes
de Atención al Cliente, pude por fin contar con la línea
instalada y, además, tal como me lo habían prometido al principio:
gratis.
La primera factura de llamadas locales
solamente –porque no quisimos tomar ningún otro servicio, ni de
Internet, ni a celulares, ni larga distancia nacional, ni menos larga distancia
internacional, menos mal– nos vino por veintisiete mil pesos. La pagamos
religiosamente y a los pocos días nos llamaron de Telecom diciéndonos
que había una promoción nacional y que podíamos hablar
todo lo que quisiéramos ya que la promoción consistía
en que habláremos lo que habláremos volveríamos a
pagar los mismos veintisiete mil pesitos, ya que ellos nos facturarían
lo mismo. Encantado le comunique a los demás miembros familiares
que se nos había aparecido la virgen a los colombianos con una empresa
estatal que expresaba tanta ternura, generosidad y aprecio por sus usuarios,
¡y nos fajamos a hablar! Yo desempolvé varios afectos ya sepultados
en el olvido, sólo por gozar de la espléndida generosidad
de Telecom. Y mi mujer, que no habla por teléfono jamás,
de pronto me mostró que uno en este país no hace muchas cosas
por falta de oportunidades, sólo por eso, porque hasta ella encontró
amigas para hablar. Menos mal que no habíamos querido activar otros
servicios, ningún otro servicio –ni de Internet, ni a celulares,
ni larga distancia nacional, ni menos larga distancia internacional, repito–
porque ahora estaríamos llorando la generosidad de Telecom, y paso
a contarles por qué.
Viajé a Nueva York y estando
allá mi mujer me informó, terriblemente atribulada (estas
vainas atribulan a cualquiera y si no pónganse la mano en el corazón,
hasta el mismo gerente de Telecom y verá), que el recibo del teléfono
–¡local!– había llegado por el doble del anterior, es decir,
por más de cincuenta mil pesos. Le recordé lo de la generosa
llamada de Telecom ofreciéndonos todo lo que pudiéramos hablar
por el mismo ínfimo precio de la primera factura. Pero esperé
a regresar a Colombia y hacerme cargo del asunto en persona. Ya aquí,
hablé con el flamante y nuevo servicio del 186, pero nada. Y, recordando
los buenos oficios de los muchachos de Atención al Cliente en Sincelejo,
me dirigí a donde ellos esperanzado, pero la triste y negativa respuesta
de los muchachos es que como nuestro servicio comenzó apenas el
26 de enero de 2005 la promoción no aplicaba para nosotros. Sin
embargo, en su momento nos llamó Telecom a ofrecérnosla,
a pesar de que no aplicaba para nosotros. ¿Qué tal esa perla?
Y falta lo peor: ahora ya llegó otro recibo y prácticamente
por los mismos cincuenta mil pesos, y se cumple el cuento de la viejita
que no usaba el servicio de luz, porque si le llegaba un recibo alto ya
no volvía a bajar de precio así no prendieran ni las luces.
Que me explique el gerente de Telecom por qué ofrecen promociones
a sabiendas de que, si no son aplicables esas promociones para esos usuarios,
el usuario está siendo engañado y asaltado en su buena fe,
es decir, estafado. Ah, y si la viejita del cuento tiene la razón,
porque entonces se tipificaría una novedad jurídica: una
"estafa continuada", ¡increíble!
1 de junio de 2005
José
Luis Hereyra Collante
Escritor colombiano
jlhereyra@hotmail.com
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