José Luis Hereyra Collante - rodelu.net
9 de julio de 2005
-
 
El silencio de los inocentes
José Luis Hereyra Collante
Me impactó el titular del periódico: “Londres ríe, Paris llora”, haciendo referencia a la sede de los Juegos Olímpicos 2012, otorgada a esa ciudad. Pero aún más me impactó al día siguiente el paradójico titular “Londres llora”, por los atentados terroristas que acababan de masacrar en el terror y la muerte indiscriminada a miles de seres inermes en el Londres que festejaba, todavía tibio, ese triunfo que se murmura fue manipulado por el Primer Ministro Tony Blair en contra de la favorita Paris.

Sin embargo, no se cree que los atentados en Londres hayan sido producto del otorgamiento de la sede olímpica de 2012, ya que los expertos dudan que un atentado de semejante magnitudes –como todos los de Al Qaeda– haya podido ser fraguado y ultimado en 24 horas. Es más obvio que la “protesta” islámica era contra el G-8, o grupo de países ricos del mundo. Por supuesto, siguiendo el estilo habitual de estos asesinos, los atentados de Londres pueden serles atribuidos al grupo extremista islámico, así no los “reivindicaran” nunca, porque fueron emplazados a través de medios masivos de transporte (aviones, trenes, omnibuses); porque los blancos fáciles, por supuesto, fueron civiles inermes; y por la sevicia de escoger las “horas pico”, donde la población civil –inmigrantes o no, pero pobres todos– corre a buscar el sustento de cada día y se encuentra allí en masa, servidos en bandeja para los guadañadores monstruosos de la muerte.

Sabemos que el odio extremista es irracional y muestra la cobardía de los gobiernos por un lado y de la insania terrorista por el otro. Tras la desaparición del mundo bipolar, el llamado Nuevo Orden Mundial ha resultado ser el de un mercado capitalista operando sin control alguno sobre un mundo globalizado, y defendido por un imperio militar dispuesto a intervenir en cualquier sitio donde dicha hegemonía sea cuestionada. De todas maneras siempre las víctimas serán los silenciados corderos que ofrendan su sangre para que un Alá de odios y un neoliberalismo sin asomo de corazón alguno chapoteen en el charco de sangre del mundo. Si no, que lo digan las madres de Irak, las viudas de Afganistán, los huérfanos de Colombia, las niñas víctimas del "turismo sexual" de Cartagena de Indias o de las Indias oceánicas –sexo oral por el equivalente a un dólar–, y los millones de niños del mundo muertos de inanición. Y, en lugar del clamor de justicia escuchado y subsanado, persiste el juego armamentista y el sicariato universal. A las potencias habría que pedirles cuenta de haber sembrado esos odios, pero ¿sí habrá justificación para que las respuestas de terror sólo cobren víctimas inocentes, corderos inmolados?

Coincido, entonces, con Letelier al decir: “Nuestros enemigos no son las policías, ni los militares, ni los aparatos judiciales; pues estos son un mero brazo inquisidor de las oligarquías, que desde las sombras negocian las vidas de mareas humanas y privilegiadas por los estatutos jurídicos que dictan (leyes, constitución, etc.) someten y rigen los destinos de nuestras vidas. Nuestros enemigos no son los lacayos, sino las oligarquías que corrompen y dirigen los golpes de estados, masacres, bombardeos contra la población civil en Nicaragua, en Irak, en Panamá, en Afganistán, en Chile, Argentina, Turquía, Perú, Bolivia y contra cuanto pueblo que se rebela y trabaja por la conquista de la justicia social. Pese a la responsabilidad que cabe al estado de Inglaterra –responsable de este bumerang terrorista al haber puesto a su pueblo en manos de una guerra contra una nación a la que insiste en arrebatarle su riqueza energética– el acto terrorista realizado en Londres, formando parte del espectro militarista del capitalismo, es un crimen contra la humanidad y lo condenamos tajantemente”.

8 de julio de 2005

José Luis Hereyra Collante
Escritor colombiano
jlhereyra@hotmail.com

 
PORTADA HEREYRA COLLANTE