José Luis Hereyra Collante - rodelu.net
6 de noviembre de 2005

Omar Khayyam (II)

José Luis Hereyra Collante
“Mi nacimiento no trajo al mundo provecho alguno. Mi muerte no disminuirá ni su esplendor ni su grandeza. Nadie pudo jamás explicarme porque he venido ni porque me iré.
“No temo a la muerte. Prefiero este hecho ineluctable al otro que me impusieron el día del nacimiento. ¿Qué es la vida? Un bien que me otorgaron a mi pesar y que devolveré con indiferencia.
“Un poco de pan, un poco de agua fresca, la sombra de un árbol y tus ojos. Ningún sultán más feliz que yo. Ningún mendigo más triste.
“¿Por qué tanta delicadeza, tanta ternura al comienzo de nuestro amor? ¿Por qué tantos cariños, tantas delicias después? ¿Y por qué hoy tu único placer es desgarrar mi corazón?... ¿Por qué?
“Todos los seres pretenden recorrer el camino del Conocimiento. Le buscan algunos; afirman otros que lo encontraron. Más una voz clamará un día: "¡No hay camino ni hay sendero!"
“Tal aroma de vino emanará de mi tumba, que los transeúntes se embriagaran. Tal serenidad rodeará mi fosa, que los amantes no se podrán alejar.
“El alba colmó de rosas la cúpula del cielo. Por el aire cristalino se pierde el canto del último ruiseñor.
“El perfume del vino es más ligero. ¡Y pensar que en este instante hay insensatos que sueñan con la gloria y los honores! ¡Cuán sedosos tus cabellos bienamada!
“Amigo mío: no forjes proyecto alguno para le mañana. ¿Sabes acaso si podrás concluir la frase que empezaste? Mañana quizás estemos tan lejos de esta caravana, como los que se fueron hace siete mil años.
“A nadie pedí el vivir. Me esfuerzo por aceptar, sin admiración y sin cólera, todo lo que la vida me brinda. Partiré sin indagar al prójimo sobre mi extraña estada en este mundo.
“No dejes de recoger todos los frutos de la vida. Corre a todos los festines y elige los más grandes cálices. No creas que Dios lleve cuenta de nuestros vicios y virtudes.
“Cuando muera, no habrá más rosas, cipreses, labios bermejos ni vino perfumado. No habrá más albas ni crepúsculos, ni penas ni alegrías. El mundo no existirá más. Su realidad lo es tan solo en función del pensamiento.
“¡Señor, Señor: respóndenos! Nos diste ojos y permitiste que la belleza de tus criaturas nos deslumbrase. Nos diste el don de ser felices ¿y pretendes que renunciemos al goce de los bienes terrenales? ¡Tan imposible es esto como invertir un cáliz sin derramar el vino que contiene!
“¡Recibí el golpe esperado! Mi bienamada me abandonó. Mientras la tuve, era fácil despreciar el amor y exaltar todos los renunciamientos. Cerca de tu bienamada ¡ay Khayyám! ¡qué solo estabas! ¿Comprendes? Se fue para que tú pudieras refugiarte en ella...

20 de octubre de 2005

José Luis Hereyra Collante
Escritor colombiano
jlhereyra@hotmail.com

 
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