José Luis Hereyra Collante - rodelu.net
13 de noviembre de 2005

“Toño Fernández: la pluma en el aire”

Numas Armando Gil Olivera (I)

José Luis Hereyra Collante
Desde antes de conocerlo en persona ya lo sentía como un amigo entrañable, porque las palabras de José Gabriel Coley sobre él siempre estaban cargadas de afecto y admiración por su apasionada simbiosis de excelencia intelectual, racional, filosófica, y su profundo amor por la poesía, la música vernácula de nuestro pueblo caribe colombiano y la investigación de curioso principito ilustrado, auscultador y contemplativo. Es así como desde el inicio de nuestra amistad pude presenciar en un ser humano la comunión de la filosofía y la poesía, lo cual, me parece, no será sólo el destino último y superior de nuestra especie, sino que es el caso afortunado de grandes maestros del pensamiento, la belleza y la vida, como el gran Omar Khayyam, su calendario musulmán, su álgebra y su lúcida y densa obra poética del Rubaiyat; el mismo Eistein conjugando vertiginosas ecuaciones de relativismo, inspirado por el virtuosismo de su violín; los misteriosos –y aún más poderosos– chamanes, quienes leían sobre el rutilante lomo de las noches estrelladas los pasos del jaguar, como metáfora del destino del hombre; la mirada de los muñecos de maíz devenidos en hombres superiores, amenazando el reinado del Maestro Mago Brujito, Maestro Mago del Alba y Principal Guacamayo en esa telúrica y angustiosa cosmogonía maya-quiché del Popol Vuh.

Toda la anterior evocación, porque Numas, Numas Armando, Numas Armando Gil, Numas Armando Gil Olivera o simplemente Nago, siempre me ha significado el deleite y la esperanza de la comunión en el alma y en lo onírico de la Sierra Nevada de Santa Marta y su espiritualidad cósmica con lo más deslumbrante de la filosofía occidental, desde los griegos hasta la filosofía clásica alemana, ya que él –didáctico y fraterno, sencillo y noble– me llevaba de la mano, con un respeto y un afecto sublimes, por las planas elementales del alma diseccionadora de Rafael Carrillo, el gran maestro de Atánquez, Cesar, nacido entre el frío y el silencio de las nieves perpetuas, únicas en el mundo que contemplan allá abajo el estruendo deicida y litoclasta de nuestro único y volcánico Mar Caribe.

Sin embargo, Numas jamás ha creído algo distinto a su modesta y precisa reflexión: "¿Qué somos? Seres naturales, sin duda, dotados de instintos, de necesidades, de requisitos, amenazas y compensaciones fisiológicas, pero seres también dotados de un lenguaje simbólico que dobla nuestra existencia física e individual de una existencia abstracta que compartimos con los demás hablantes; seres formados en la imitación y celebración de lo humano, en el rechazo de la muerte, en la invención técnica ..."

Y, diestro en el saber hacer, siempre he sentido con su presencia fraterna o su recuerdo igualmente vívido que es un ser que busca, más que el saber ser, decidida, serena y regocijadamente, el ser. El ser su propio ser hecho de jirones de lamentos de gaitas confundidos con el humo de las quemas y los lamentos de sus montes de María la Alta, a los que nunca ha renunciado su ser, ni olvidado en momento alguno, ni menos cambiado; ni por el academicismo laureado de la Sorbona de París, ni en los tropeles de callejuelas con ecos de espuelas empedradas de la España visitada, ni en la paramuna adulación de los círculos filosóficos de la Universidad Nacional. El sigue siendo lo que es: un sanjacintero legítimo, que como todo genuino sanjacintero “lleva una gaita en los repliegues del alma”. Y su alma guarda el olor a café mañanero y aroma de tabaco en sus montes amados; guarda su traviesa infancia en el barrio Buena Vista, entre “burritos de totumo o caballitos de palo”; guarda la voz de su abuela leyéndole las novelas de Víctor Hugo, los poemas de Porfirio Barba Jacob y García Lorca. Por eso, Numas se apegaba a la poesía en nuestras conversaciones como escuchando ecos de un cielo, eterno o dialéctico, pero recurrente.

29 de octubre de 2005

José Luis Hereyra Collante
Escritor colombiano
jlhereyra@hotmail.com

 
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