José Luis Hereyra Collante - rodelu.net
20 de noviembre de 2005

“Toño Fernández: la pluma en el aire”

Numas Armando Gil Olivera (II)

José Luis Hereyra Collante
Su periplo es, pues, atípico, porque raras veces se ve a la inteligencia flotando oníricamente en una danza serena con los sentimientos; sentimientos que se centran muchas veces en el bullicio del patio donde jugaba con sus compañeros de curso del Instituto Rodríguez, donde matriculó para siempre el corazón y la mente en el magisterio de música y lenguaje de su eterno profesor y amigo, el juglar de las hamacas y las nostalgias ancestrales: Adolfo Pacheco Anillo. Por eso no vaya nadie a creer que su “acercamiento” a la música de su reino de colinas brumosas y lucha por la subsistencia hoy es la inclinación de un intelectual ecuménico hacia formas rudimentarias de su propio corazón. No. Numas Armando Gil oyó desde niño a los juglares y repentistas de los Montes de María, a quienes oyó cantar, tocar acordeón o soplar las gaitas, y quienes labraron su espíritu, como un acero toledano hecho de fuego gaitero Con ese aliento poético salió de su San Jacinto natal, en los inicios de los años 70’s, hacia Barranquilla, a terminar bachillerato. De allí, siguió a Bogotá a estudiar Filosofía en la Universidad Nacional. Luego partiría a Francia en 1981 para universalizar sus estudios filosóficos en La Sorbona.de París.

Su generosidad intelectual y humana es legendaria: capaz de llevar dos gaitas al Museo Internacional de la Gaita, en Gijón, Asturias, España, para cumplir, 30 años después (“pero más vale tarde que nunca”, y así sí que vale) con la silenciosa posteridad de Toño Fernández, a quien honra en un homenaje inmenso y único, donde lo periodístico, lo estético, lo histórico, lo antropológico, lo espiritual, lo vernáculo y lo universal del afecto y la promesa cumplida no sólo dibujan el vuelo susurrante, casi invisible y silencioso, pero hipnotizante y deslumbrante, de esa pluma en el aire, sino que dan razón de nuestra alma colectiva al perderse, como fluía el humo ancestral, la música y la languidez de la gaita en el cielo. No en vano guarda siempre esa sentencia de la invencible esperanza escrita por el Nobel nigeriano Wole Soyinka: “La memoria es la única grieta en la coraza de orgullo de la muerte”

Gracias a Numas percibo lúcido un mundo más humano, donde el “Leaves of grass” de Walt Whitman, el “Al’Corán” de El Profeta, el “Tao Te King” o “Libro oculto del camino” de LaoTse, la “Fenomemología del espíritu” de Hegel, el “Canto General” o “Los versos del capitán de Neruda”, “El fin de la filosofía clásica alemana” de Ludwig Feuerbach, la “Critique de la raison dialectique” de Sartre, “El llano en llamas” de Rulfo, “El extranjero” de Camus, las “Coplas a la muerte de su padre, el infante don Rodrigo de Aragón” de Jorge Manrique, por sólo nombrar algunos, convivan en absoluta armonía con “Los cuentos de Tío Conejo” o “La ópera del mondongo” o ”El guataco y la guataca”. Ese día será, por fin, para la historia del hombre, el fin de la supervivencia y el comienzo de la verdadera vida.

29 de octubre de 2005

José Luis Hereyra Collante
Escritor colombiano
jlhereyra@hotmail.com

 
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