José Luis Hereyra Collante José Luis Hereyra Collante - rodelu.net
26 de marzo de 2006

In memoriam

José Gabriel Guarnizo Zuccardi

José Luis Hereyra Collante

Me parece mentira todavía que José Gabriel Guarnizo haya fallecido. Todavía puedo recordar, como si lo tuviera enfrente, su voz y sus salidas de humor negro en el salón de clases de Cecar, donde fue mi alumno de Inglés Técnico de Administración, en ese curso numeroso donde descollaba al lado de Pedro Suárez Montes, empecinados en ser siempre los mejores, y a fe que de hecho lo eran.

He recibido esta noticia con estupor, con incredulidad, con una dosis terrible de irrealidad, ya que fue mi alumno. Y un alumno, cuando se tiene corazón de educador de verdad, es para uno como un hijo, así de los dientes para afuera uno los impulse y los recrimine y les exija a veces lo que ellos consideran demasiado. Ya después lo vi varias veces con su gallardía de caballero joven y su infaltable humor negro, pero ya le sentía un gran afecto por mi persona. Era más gallardo, más sereno, más reposado, en suma era ya un profesional, con la clase que le habían legado sus ancestros, aquellos atravesaron varios mares y un inmenso océano para enriquecer esta tierra de prodigio que es nuestra América. Quizá por eso, sin saberlo ella, me ha unido a Elizabeth Zuccardi, su tía, una gran amistad y una admiración espiritual, ya que “Guarnizo”, como era conocido por sus compañeros y profesores de Cecar, en el fondo nos ha unido siempre. Y quizá haya servido de vehículo silencioso para la transmisión y potenciación de la palabra de Dios en mi vida a través de la contemplación de la vida de Elizabeth.

Tiempos después leía en la prensa de su matrimonio con Ivonne Anaya, la hija mayor del doctor Jorge Anaya Hernández y doña Leonor Espinosa Arrieta, con quien nos unen lazos entrañables por Cecar, por Sincé –ya que mi esposa es también sinceana– y porque el doctor Anaya me había pedido consecutivamente que fuera enseñándole inglés a sus cuatro hijas, una por una, y me había honrado con una extraordinaria confianza en mi persona y en mi idoneidad académica y profesional, hecho que siempre me ha enorgullecido, enriquecido y conmovido. De tal manera, que al leer que José Gabriel Guarnizo se casaba con Ivonne Anaya, una gran profesional de la medicina y una persona pura e inolvidable, sentía una especie de serena felicidad interrogativa, por el hecho de que ambos habían sido mis alumnos, ambos eran jóvenes, brillantes, de gran calidad humana y, además, apuestos, en la plenitud de su lozanía juvenil y profesional. Es por eso que esta muerte prematura y absurda, más que cualquier otra muerte, me toca tan de cerca y me llena de silenciosa tristeza. ¿Qué designios incomprensibles para el entendimiento humano deciden la desaparición de una persona promisoria para la sociedad humana y profundamente necesaria para los suyos? ¿Por qué un joven en la plenitud de su esperanza es señalado para el ignoto y oscuro designio del eterno viaje sin regreso?

Sólo Dios tiene estas respuestas que para mi limitado entendimiento humano son insalvables. Por eso, estas palabras anhelan ser un bálsamo ínfimo, pero sincero, para esas dos grandes familias que habitan el firmamento de mi alma, de pronto sin saberlo: los Anaya Espinoza y los Guarnizo Zuccardi, deseándoles la fortaleza en el Creador de la vida y la muerte, para tratar de mitigar un dolor que nos excede a los humanos. Para que no siempre sean invocados por la realidad los versos de Neruda, aquellos que dicen que “es tan corto el amor y es tan largo el olvido”. Y que todos los que amaron a José Gabriel, en especial su esposa Ivonne y Natalia, la niña de los ojos de ambos, puedan encontrar la ternura de un aire transparente y plácido en el fondo de la infinita ausencia.

9 de febrero de 2006

José Luis Hereyra Collante

Escritor colombiano
jlhereyra@hotmail.com
 
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