José Luis Hereyra Collante José Luis Hereyra Collante - rodelu.net
2 de abril de 2006

Guillermo Ghisays y Eddie Daniels

Caminantes de la aurora

José Luis Hereyra Collante

Si se levanta usted a las cuatro de la mañana, a escuchar a Plácido Domingo o los instrumentales de Santana o una de las inmortales y sublimes cantatas de Bach, como “Jesu, der du meine Seele”, para bendecir su vida y aspirar las cósmicas abluciones del crepúsculo del amanecer, podrá admirar la tenaz y conmovedora escena de dos de los más legendarios docentes de Sucre, Guillo Ghisays y Eddie Daniels, caminando, como lo escribiría Onetti, “ascendiendo la pesada cuesta que nos separa del propio destino, quién sabe hacia qué lugar del infinito”, ya que ellos avanzan entre carcajadas que derribarían un mulo y todo tipo de elucubraciones, que no dejan por fuera las inconfesables narraciones procaces de nuestra amada villa de Sincelejo, y las anotaciones lingüísticas que sé que no despreciarían ni omitirían las verdísimas tonalidades de “La ópera del mondongo” del inolvidable maestro Peñaranda.

Pero lo que más llama la atención o impresionaría la memoria histórica de cualquier investigador de la Royal School of Ancient History o del Smithsonian National Museum of Natural History son las sendas varas de “mariangola” flexibles que nuestros dos entrañables amigos y formadores de juventudes cargan y agitan, como frente a perros imaginarios, o como oscilantes recuerdos o huracanes ya reposados: certeras como la memoria del castigo en el cuerpo de los esclavos y las bestias; amenazantes, como el susurro que hace que las cabalgaduras se tornen sumisas y acariciables hasta el delirio de entrega, con sólo cimbrearlas. Pero, les doy este dato, como quien sopla el premio mayor de la lotería o el apunte milagroso de “la bolita” o “el chance”, para que ustedes se levanten también y contemplen a la mayoría de los caminantes de la aurora quienes, como Guillo o Daniels, cargan sus varas de “mariangola” con el pretexto, repetido hasta el infinito, de que es para ahuyentar perros o potenciales ladronzuelos o atracadores. Pero el dato verdadero es inquietante y curioso y arraigado: los caminantes del alba usan las varas porque a esas horas está oscuro todavía y un frío delicioso nos acaricia el alma desde el cielo que combate con las sombras, como cuando los ancestros se levantaban en las madrugadas oscuras y frías de los Montes de María la Alta a recontar sus cabezas de ganado para ver si durante la profunda noche el tigre (el jaguar) no se había llevado una o más reses entre sus fauces de inmensos colmillos y sus garras que rasgaban la carne y la sangre, como rasgaban los últimos destellos de la luna moribunda sus rugidos. Y, al usar la vara, los caminantes del amanecer se sienten otra vez “blancos”: “¡Blanco, oh blanco!”, como les decían a los señores feudales de antaño sus peones, vasallos o campesinos. Y la genética carga siglos de poderío en mensajes subliminales subyacentes en la sangre donde el “blanco” es el amo, así el último vestigio de blancura se haya perdido en el torrente oscuro, y hasta muchas veces inconfesable, de los mestizajes y la atronadora y chata omnipresencia africana en los rostros y facciones.

También la presencia de la vara rememora el cetro de los faraones egipcios o de los reyes bizantinos o persas o nibelungos. Es la evocación del poder en todas las latitudes y todas las épocas históricas, y ahora, en estos tiempos, debe ser apenas sobre la bestia que se cabalga o los perros que se ahuyentan, porque dicen que ya no hay esclavos. Pero la presencia de Guillo y Daniels en mis amaneceres, sobre todo cuando me invitaron a unirme a ellos en las insondables caminatas del amanecer, me recuerda al inmortal y nunca bien llorado Gabriel Chadid Jattin, cuando un cliente de los aeróbicos y los gimnasios le preguntó, mirándolo desde sus músculos, qué clase de ejercicios hacía Chadid. A lo que Gabriel Chadid, “El Lúcido”, le respondió, con sorna infinita: “Ejercicios espirituales, mijo, ejercicios espirituales…”

17 de febrero de 2006

José Luis Hereyra Collante

Escritor colombiano
jlhereyra@hotmail.com
 
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