El sublime sueño sabanero
José
Luis Hereyra Collante
Hace
unos meses, estando todavía en Paterson, Nueva Jersey, visitando el hogar de mi hija María Teresa, fuimos al supermercado de la esquina, administrado por unos dominicanos. Al momento de pagar, el gerente –con quien ya teníamos una relativa vieja amistad, por tantas compras diarias en varios viajes– me ofreció con mucho afecto, complicidad y camaradería un “aguacate”, con el argumento de paliar mis nostalgias de patria (que a uno se le acentúan apenas sale del cielo del Caribe), mi “homesickness” que, supuse, se me salía por los ojos. El aguacatito o el aguacatico –ya que nosotros, habitantes de los Montes de María, no llamaríamos “aguacate” a esa cosita ínfima, moradiita, arrugadita–, además, costaba ¡cuatro dólares! Con esos cuatro dólares, pensé, podría comprar en la puerta del Ley de Sincelejo por lo menos treinta aguacates de Macayepo “de los que no crecen más”, de diversos colores y tonalidades desde el verde esmeralda hasta el morado o púrpura, pasando por otros matices de verde, algunos puntillosos cono si hubiesen sido dibujados por Seurat. Ese aparentemente intrascendente episodio ha desencadenado en mí un perpetuo ataque combinado, amalgamado, de lucidez económica internacional y un profundo amor a la Sabana, desde san Juan “Nepo” en Bolívar hasta La Ye en Córdoba, incluyendo todas las altiplanicies verde gris humo que encierran Ovejas, El Piñal, Los Palmitos, Sabanas de Cali, Morroa, Corozal, Bremen y Sincelejo.
Como ya he vivido “el sueño americano”, teniendo como epicentro a Nueva York múltiples veces, también descubrí que existe “el sueño sabanero”, ya que me las tiro de pendejo y a toda persona quepueda o me parezca interesante la voy auscultando con deleite e indagando respetuosamente a ver si cambiarían la Sabana por cualquier otro lugar del mundo, con dólares o euros incluidos. La respuesta es impactante. Casi todos los “encuestados” me han respondido tajantemente y con una vehemencia rayana en el rapto de las Sabinas ¡que no!, que por ninguna oro del mundo dejarían su tierra amada ni su viuda de carne salá, ni su viuda de bocachico, ni su conejo de monte ahumado en salsa de corozo (receta original del la inigualable gastrónoma Gloria Arsanios, con la asesoría peruana de su marido Carlos Miranda Miranda), ni su mote de queso blanco o de guandú, ni su suero con yuca harinosa y ajonjolí… También insisten en que la Sabana es una noción más que geográfica, ya que el Golfo –¡el Golfo del Morrosquillo, por supuesto!– forma parte entrañable del nirvana sabanero, aportando su salpicón o revoltillo de raya, su sancocho de sábalo con zumo de coco, el arroz con coco para acompañar con ensalada las postas de lebranche frito, y los tales filetes que las negras de Tolú dicen que son de róbalo y no son algo distinto de “tollo” o tiburón de leche, pero que, igualmente los cachacos se los engullen chupándose los dedos y dándole gracias a Dios porque conocieron el róbalo frente al mar y lo “pisaron” con cervecita helada.
Es bueno añadir que si uno coge un taxi en Nueva York son ¡veinte dólares! En cambio, nuestras queridas y calumniadas mototaxis te llevan puerta a puerta por sólo “quinientas barritas”, es decir, que con lo que vas a un solo lugar (y sin haberte regresado) en Nueva York puedes hacer diligencias ¡por dos meses, ida y vuelta, en Sincelejo! Y como epílogo de lo que es el lugar sublime y único en este mundo, basta con decir que si se te dañan los zapatos o le quieres cambiar el color a un maletín o bolso sólo tienes que dejárselo una hora a Jose, el zapatero de la esquina del parque frente al Hotel Victoria, quien además, te fía (si hay necesidad) y hasta te paga el café por invitación de la casa. Si necesitas arreglar un iPod o un televisor pantalla plana de última tecnología, puedes llamar a Adolfo mercado en La Vega, quien te atiende, si es preciso, a domicilio. El ciento de limón criollo te llega semanalmente a la casa, al anochecer, horario ultraespecial, cuando ya has llegado del trabajo. Y Walberto Aguas, el “Comandante Mocho”, te hace lo más fino del mundo en ebanistería y hasta termina en visita de amigos y reencuentro cualquier trabajo que te haga. Para lo eléctrico, “el Pájaro” Vizcaino en el Barrio 7 de Agosto, y si necesitas pintar la casa su hermano Jaime Vizcaíno también te la cuida todo el fin de semana para que puedas disfrutar con tu familia de las delicias de un puente festivo.
15 de junio de 2006