José
Luis Hereyra Collante
Hice
parte del béisbol profesional colombiano desde 1979 hasta 1982, cuando el “Mono” Peláez y Farid Char dieron el sí a la vida de sus respectivos equipos, el Willard y el Olímpica, y el difunto Melanio Porto y otros cartageneros ilustres respaldaron a sus Indios y Torices. Era aquella Diprobol presidida por Manuel González Angulo y la biblia de béisbol que es nuestro querido y respetado Julio Blanch Calvo. Comencé de traductor simultáneo y entrevistador de peloteros gringos, de la mano del inmortal Fabio Poveda Márquez y del inagotable Juan Gossaín Abdallah, quienes me acababan de contratar como traductor escrito de El Heraldo Deportivo y me extendieron labores y dinero para ese béisbol, brillante e inolvidable de 1979 a 1982, donde muchos peloteros gringos que trajimos fueron después rutilantes estrellas de las Grandes Ligas. De traductor y entrevistador, Farid Char, por consejo del periodista Hugo Illera, me ascendió a General Manager (Gerente General) del Olímpica durante las primeras temporadas y me prestó para el mismo cargo al Willard en la última temporada, en 1982. Fue inolvidable, entre otras cosas porque iba con Fabio a cubrir béisbol de Grandes Ligas a los Estados Unidos y tuve la fortuna de entrevistar o ser traductor simultáneo de glorias del Hall de la Fama como Johnny Bench, Tom Seaver, Dave Concepción, Fernando Valenzuela y muchos otros inmortales del béisbol.
Por cierto, por esos años yo vivía por la Kico, muy cerca a la Vía 40 y al Estadio Tomás Arrieta, y un par de chiquillos, morenos y vivaces, quienes fungían de “recogebolas” y además me ayudaban en el Estadio en las mañanas a ordenar la logística de gaseosas, medicinas y otros, se iban a almorzar conmigo a mi casa. Jamás llegué a imaginar –porque indescifrables para el hombre son los designios de Dios– que años después yo iría a ser traductor y periodista de un béisbol profesional y nacional que dirigirían ese par de muchachos, y que uno de ellos alcanzaría la gloria deportiva y la fortuna como superestrella de esas Grandes Ligas que en aquellos lejanos años parecían inalcanzables. Por supuesto que ese par de muchachitos de otrora son Edison y Edgar Rentería.
Ahora me integro, como traductor simultáneo o entrevistador bilingüe, al equipo de profesionales del béisbol de Radio Sincelejo, con el liderazgo y la narración de David Bertel, los comentarios profundos y las estadísticas de Dairo Castro Gil y Yusti Marti, el exitoso manejo publicitario de Edwin Arrieta Baquero y Marcial Díaz Román, y la supervisión general de ese talentoso periodista de toda una vida que es Aurelio Gómez Jiménez.
Les deseo buen viento y buena mar a los Rentaría y a toda la gran familia del béisbol, que a la larga es una sola en el ámbito mundial; a Alvaro Palmera, cabeza visible del Team Rentería en Sincelejo y a todos los que con sus aportes, por modestos que parezcan, coadyuven a levantar la autoestima de esta hermosa Colombia caribeña, y que la belleza y plasticidad de este ajedrez vital y ultraestético que es el béisbol sane más de una herida y levante los corazones al unísono para pensar en una patria grande, bella y sana, olvidada ya de los estertores de la horrible noche y de sus mensajeros de muerte. Sirvan estos estadios –coreando al unísono los strikes, los bounds o los squeeze plays– como alas de palomas mensajeras de paz en una nación que tiene azul el alma, porque la tiene del color de ese cielo que es el hálito del Creador.
25 de octubre de 2006