José Luis Hereyra Collante José Luis Hereyra Collante - rodelu.net
18 de febrero de 2007

La aldea del conflicto global

José Luis Hereyra Collante

Hace unos días pensaba que McLuhan ya había alcanzado con su profecía a Sincelejo, ya que tenía frente a mí una ensalada con aceite de oliva extra virgen español, vinagre balsámico italiano, atún del Pacífico ecuatoriano procesado por japoneses, mientras veía televisión en un equipo coreano ensamblado en México y recibía una llamada de mi hija Almita, desde Estados Unidos, en mi celular finlandés, envuelto en una sudadera polinesia. Todo iba bien en mi reflexión sobre las bondades de la aldea global, pero percibí, instintivamente, el lado más generalizado y oscuro que se cierne sobre el planeta, el conflicto mundial, y me remití a la visión lúcida de la catalana Núria Almiron en su obra encomiable.

Herbert Marshall McLuhan fue el primer autor en hablar del mundo como una “aldea global” y de la humanidad como una “tribu planetaria”, a raíz de sus análisis de los medios de comunicación, particularmente de la televisión, en los años sesentas del siglo XX. A pesar de no llegar a conocer Internet ni la revolución microinformática, sus análisis resultaron proféticos. Los medios de comunicación de masas han convertido al planeta en una aldea, cuyas redes de comunicación e información globales actuales constituyen el sistema nervioso de la humanidad. Pero la teoría de McLuhan se queda en lo cultural y no toca lo histórico. Las transformaciones tecnológico-sociales que han experimentado los sistemas de información tienen un contexto histórico que se debe a un gran triunfo: el del liberalismo universalista sobre el conservadurismo y el socialismo. Pero el liberalismo es esencialmente antidemocrático. La suya es una doctrina aristocrática que predica el “poder de los mejores” y, aunque no se define a los mejores por cuestiones de sanguineidad (nobleza hereditaria) sino por cuestiones educativas (cultura adquirida), sus beneficiarios no dejan de encontrarse en una meritocracia. Cuando este liberalismo se universaliza se está universalizando una ideología elitista que pretende evitar a partes iguales la reacción del conservadurismo y el radicalismo de los revolucionarios. Ahora sabemos que la lógica de la acumulación incesante de capital sólo conduce a progreso material, no moral, pues entraña la inequidad.

En realidad, las críticas a la doctrina del libre flujo mundial (el free-flow) hace tiempo que se desenmascararon (protectoras como eran, en realidad, de un one-way-flow), pero no habían sido nunca tan ampliamente escuchadas como ahora, precisamente tiempos de máxima expansión del ideal liberal (y de la brecha social). Por todo ello, la aldea global descrita por McLuhan, esa especie de estadio de interacción y cohesión planetaria de la conciencia humana (de “inteligencias en conexión”, diría Derrick de Kerkhove), se nos antoja sólo como una simple ilusión de la cultura de la modernidad. O, cuanto menos, como una idea incompleta. La aldea global no ha sido hasta ahora tanto un espacio de interconexión de inteligencias como de promoción y realización del gran capital. Ha sido una aldea de sumisión consumista más que de desarrollo mental. Ahora, el incremento de la educación y los medios de comunicación ha aumentado drásticamente la conciencia política universal, dificultando enormemente la ocultación de las desigualdades y las injusticias. Sin embargo, la deslegitimación de la ideología liberal no supone el advenimiento inmediato de una aldea global como la descrita por el mito cultural. Más bien lo contrario: lo que estamos presenciando es el advenimiento del conflicto universalizado, la desconexión intelectual, el derrumbe de la inteligencia. Porque la ideología liberal ha empezado a agonizar, pero no por ello deja de tejer sus redes por todo el planeta. Y ello genera terribles tensiones en el sistema social, tensiones cuya primera víctima no es otra que la legitimidad de las estructuras estatales y su capacidad para mantener el orden. La creciente inseguridad mundial es el gran fruto de este estado de convulsión.

14 de diciembre de 2006


José Luis Hereyra Collante
Escritor colombiano
jlhereyra@hotmail.com
 
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