LA
JORNADA de México - 11 de Noviembre de 2003
El escándalo
de los fondos mutuos
Molly
Ivins
En verdad
me gustaría saber: ¿qué pensaban? ¿Qué
creían hacer los tratantes, directores y gerentes de fondos mutuos?
¿Acaso pensaban: "todo el mundo lo hace"? ¿O llegaron a la
conclusión de que "en realidad no es robar, no es tomar verdaderamente
dinero de nadie; es sólo que no van a ganar tanto como hubieran
podido"? ¿Creían que los grandes clientes tenían derecho
a obtener más? ¿Y por qué?
Una serie de ejecutivos de fondos
mutuos comparecieron la semana pasada ante la audiencia senatorial sobre
asuntos gubernamentales para declarar sobre este tema. "Escándalo",
"ofensa", "traición", dijeron todos. Mejor sistema de quejas, cambios
de reglas, acción reguladora, reformas, restitución, propusieron
todos. Entre otras cosas, todos esos ideólogos de derecha que pontifican
contra las regulaciones gubernamentales -esas horribles y onerosas regulaciones
gubernamentales- deberían tener la obligación de ver estas
audiencias. Si uno quiere saber por qué se escribieron esas regulaciones,
ésta es una oportunidad perfecta. Es un escándalo enorme
y pestilente, que afecta los ahorros y pensiones de millones de personas,
y las mismas personas que lo crearon ahora imploran nuevas regulaciones.
Es una vergüenza para el sentido
periodístico de los medios estadunidenses que el escándalo
de los fondos mutuos no haya saltado de las páginas de economía
a la primera plana. Lástima que sea tan complicado para la televisión,
porque es el clásico material de noticiario: afecta directamente
la vida de las personas. Abarca a toda la clase media estadunidense, muchos
de cuyos integrantes no consideran que sus fondos de ahorro o de retiro
sean fondos mutuos, aunque la mayoría se invierten en esta forma.
Bueno, ¿y qué pasa
con
el dinero invertido en los fondos mutuos? Que lo están empleando
en operaciones de última hora, en corto y sólo para iniciados.
Y, siguiendo una pauta que resulta deprimente de tan conocida, los reguladores
que supuestamente debían supervisar los fondos mutuos no notaron
nada hasta que el procurador general del estado de Nueva York, Eliot Spitzer,
se metió al ruedo y empezó a hablar de presentar cargos criminales
por fraude. Si hubiese un candidato demócrata con cerebro, ya estaría
hablando de nombrar a Spitzer procurador general de la República
o presidente de la Comisión de Cambios y Valores (SEC, por sus siglas
en inglés).
Estamos hablando de un robo que suma
miles de millones de dólares. ¿Por qué lo hacen? Porque
pueden salir bien librados. Cada vez más fondos mutuos, que en otros
tiempos pertenecían a propietarios privados, son ahora dominio de
grandes consorcios financieros. Si aún no hemos visto suficientes
señales de alarma sobre la locura de permitir que existan esas enormes
combinaciones, ¿qué más necesitamos? ¡Si precisamente
para eso eran las regulaciones! Pero entonces vinieron todos esos ideólogos
de derecha con sus quejidos sobre la terrible regulación gubernamental,
y Phil Gramm aprobó la ley que derogaba las regulaciones... y aquí
estamos de nuevo. No es sólo un asunto económico, sino político.
Una vez más la SEC ha omitido
vigilar las instituciones financieras que están bajo su autoridad
reguladora. ¿Por qué? Porque durante años el presupuesto
de dicha dependencia ha sido recortado deliberadamente por legisladores
republicanos que no creen en la regulación gubernamental. De manera
similar el Servicio de Ingresos Interiores (IRS, por sus siglas en inglés)
permite escapar decenas de miles de millones de dólares en impuestos
corporativos porque los republicanos lo han dejado tan corto de fondos
que carece de medios para ir tras ellos.
Ahora, en cambio, el IRS prefiere
hacer auditorías a los estadunidenses de la clase trabajadora. Eso
es consecuencia del gobierno republicano. También es consecuencia
de las enormes contribuciones de campaña hechas en el curso de los
años tanto por las grandes corporaciones como por la industria financiera,
que se cuenta entre los más generosos donadores políticos.
Tenemos que seguir atando estos cabos.
No se trata de casos aislados de mala conducta, de "unas cuantas manzanas
podridas". Enron, WorldCom y todos los demás fraudes ocurrieron
porque se permitió que así fuera, porque con su dinero los
perpetradores han doblegado o torcido suficientes regulaciones para salir
impunes. Vamos, nomás quiten las regulaciones y ¡todo está
permitido! Es como si hubiéramos derogado la ley que prohíbe
asaltar comercios.
Como de costumbre, me interesa más
intentar que las personas vean cómo y por qué se las están
llevando al baile que las cuestiones morales implícitas: la moral
se la dejo a William Bennett* y Pat Robertson** . Pero tengo verdadera
curiosidad por saber de dónde viene ese sentido del derecho de la
clase alta, esa especie de Nosotros, los que ya somos ricos, tenemos
derecho a más;
Nosotros, los que manejamos todo, no tenemos
que romper las reglas, simplemente podemos pagarles a los políticos
para que las cambien a nuestro gusto.
Supongo que es una variante del famoso
comentario de Leona Hemsley: "Sólo la gente pequeña paga
impuestos". Por cierto, Leona tenía razón: ya sólo
la gente pequeña los paga.
* Secretario de Educación
con Ronald Reagan y director de políticas contra la
drogadicción con George Bush padre. Activista de derecha contra
las regulaciones gubernamentales.
** Líder religioso, fundador
y presidente de la mayor cadena cristiana de televisión en EU. (N.
del T.)
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Traducción: Jorge Anaya