LA
JORNADA de México - 22 de Agosto de 2004
Mapaches
en Florida
Molly
Ivins
AUSTIN, Texas. Entre el fuego
cruzado que en estos días pasa por debate nacional, observamos muchos
aspavientos respecto de si las más recientes "amenazas terroristas"
son de verdad o están diseñadas sólo para sacar de
la mente de los electores las malas noticias referentes a empleos, Irak,
Afganistán y otras por el estilo. Con audacia, sugiero que no hay
bocón de ninguno de los dos lados que tenga la menor idea. ¿Cómo
diablos podría saber cualquiera de ellos qué se trae Al Qaeda
entre manos?
Si me quieren decir que Karl Rove
es perfectamente capaz de valerse de amenazas terroristas para fines políticos,
adelante, pero eso no significa que lo haya hecho.
Entre tanto, sería más
provechoso continuar nuestros esfuerzos por mantener un pie en la realidad
prestando atención a esas pequeñeces, esas minucias que de
manera tan clara forman parte de ella.
Florida, el estado de la diversión,
busca dar arranque temprano a la mapachería para este año.
Sin inmutarse por la desgracia que fueron los comicios de 2000 en ese estado,
a los funcionarios electorales sólo les ha faltado anunciar en voz
alta: "Volveremos a hacer trampa esta vez". En julio, grupos pro derechos
electorales demandaron las auditorías de los sufragios emitidos
para gobernador en 2002, supuestamente recabados por nuevas máquinas
electrónicas de votación. Chin: se perdieron los registros.
Dos caídas del sistema ocurridas
el año pasado, dijeron los operadores, borraron los registros tanto
de las elecciones primarias como de las generales. He aquí mi parte
favorita: un vocero de la oficina electoral de Miami dijo que si no se
dio a conocer la noticia en su momento fue porque los funcionarios creían
que era "sólo cuestión de llevar las cuentas". "Siempre hay
una línea delgada -explicó Seth Kaplan- entre hablar abiertamente
de cosas sobre las que de veras es necesario hablar, y no alarmar al público
sin necesidad." Ah, cuánta verdad encierran esas palabras.
A la atmósfera festiva contribuye
esa infortunada rebatiña sobre la lista de delincuentes. Se recordará
que en 2000 miles de floridanos fueron privados del derecho a votar porque
tenían el mismo nombre de alguna persona que en alguna parte había
sido convicta alguna vez de algún delito grave. Si, por ejemplo,
algún Bill Smith de Kansas City había pasado un tiempo en
la cárcel 20 años antes, cualquier Bill Smith de Sarasota,
Seminole o Solana también estaba fuera del padrón electoral.
Fue una horrenda injusticia y un escándalo en ese tiempo. ¿Quién
hubiera adivinado que el gobernador Jeb Bush optaría por repetir
el numerito? Qué güevos tan azules tiene ese cabrón.
En 2000, una empresa ligada al Partido
Republicano fue contratada por la entonces secretaria de Estado de Florida,
Katherine Harris (también presidenta de la campaña presidencial
de Bush en esa entidad), para peinar registros criminales en todo el país
y luego purgar a los floridanos que tuvieran nombres similares, o casi.
Ese año, según cifras oficiales, Bush ganó en ese
estado por 537 votos. Más tarde los diarios descubrieron que 8 mil
electores de la lista negra habían sido convictos por delitos menores,
no graves.
Este año, misma canción,
segunda estrofa. El gobernador Bush trató de purgar a 47 mil supuestos
ex criminales. Una investigación realizada por el Miami Herald
en la nueva lista descubrió que tres de cada cuatro eran demócratas
y que aparecían 2 mil 100 personas cuya ciudadanía había
quedado restaurada mediante un procedimiento de clemencia.
El Tampa Tribune difundió
un hallazgo aún más espeluznante: mientras la mitad de los
enlistados son negros, hay menos de 100 hispanos. En Florida los hispanos
tienden a ser cubanoestadunidenses de inclinación republicana. Y
¿qué creen?, Bush dijo estar estupefacto cuando se enteró
de este dato; la cuestión es que se habían hecho constantes
advertencias a su gobierno sobre ello. Por fin, el 11 de julio, retiró
la lista. Luego, el 14, la primera corte federal de apelaciones del primer
distrito, en Tallahassee, decretó que el estado debe ayudar a los
convictos de delitos graves a llenar el formulario requerido para recuperar
el derecho a votar después de cumplir su sentencia. En vez de eso,
el gobernador Bush suprimió el formulario.
Uno trata de no ser alarmista ni
paranoico, pero algo huele muy mal. ¿Algún republicano se
alegraría si se invirtiera el papel de los partidos y en la lista
de Jebbie Bush hubiera sólo criminales hispanos y ningún
negro? Por favor...
Ahora el Partido Republicano en Florida
insta a sus electores a utilizar boletas de papel, como las que se usan
para no residentes, con el fin de tener constancia impresa en caso de que
se dé un recuento de votos. Oigan, si es bueno para los republicanos...
He aquí otros asuntitos: el
Departamento de Defensa está subcontratando el trabajo de preparar
el presupuesto de defensa con... contratistas privados del ramo. ¿No
es algo peculiar? El Centro para la Integridad Pública ha descubierto
que por lo menos tres empresas contratistas privadas ofrecen empleo a analistas
para trabajar en el desarrollo del presupuesto presidencial en la materia.
Más buenas noticias: esos
ciudadanos vigilantes del Departamento de Seguridad Interna permiten que
el principal grupo de cabilderos de la industria nuclear prepare los equipos
de atacantes terroristas simulados que supuestamente pondrán a prueba
y evaluarán la seguridad en las plantas nucleares privadas. Según
la ONG Proyecto de Supervisión del Gobierno, "el grupo, llamado
Instituto de Energía Nuclear, contrató a su vez a la compañía
que tiene el mayor interés financiero en no encontrar problemas
en las plantas: Wackenhut Corp, la mayor proveedora nacional de planeación
de seguridad".
"Es algo más que aquel refrán
del zorro cuidando el gallinero", señala el director del proyecto.
"No es un conflicto de interés aparente, sino descarado."
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Traducción: Jorge Anaya