Molly Ivins - rodelu.net
25 de diciembre de 2004
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LA JORNADA de México - 24 de diciembre de 2004

¿Paz en la Tierra?

Molly Ivins *
Austin, Texas. Es difícil hacer de Irak un tema apropiado para Navidad, a menos que demos noticia de Nuestros Muchachos recibiendo calcetines tejidos a mano y galletas hechas en casa desde Lard Lake o Fluterville. La mera mención es suficiente para que adultos creciditos se vuelquen sobre el ponche con piquete. Sin embargo, como la temporada impone pensar aunque sea un poco en la matanza que se comete en nuestro nombre, pasemos revista a algunas realidades. 

Los intelectualoides del sabbath, como llama el columnista Calvin Trillin, de The Nation, a los comentaristas de los noticieros dominicales, volvieron a lucirse: tratan de echarle montón a Donald Rumsfeld con la teoría de que la guerra de Irak habría resultado de maravilla si no fuera por los errores del secretario de la Defensa. 

Este ataque de tiburones fue precipitado por el olor de sangre en el mar, o sea, por la desdeñosa respuesta de Rumsfeld al soldado que preguntó por qué los vehículos de su unidad no estaban blindados. El funcionario lo trató exactamente en la misma forma en que trata a los representantes de la prensa o a cualquier persona que exprese dudas sobre la guerra: como a un tonto impertinente. No se vio bien en televisión. 

A quienes ahora se rasgan las vestiduras por Rumsfeld y por el caso de los blindajes, les recuerdo que cuando 60 Minutes abordó ese mismo asunto, en octubre -como hicieron otros programas informativos-, la derecha de inmediato lo satanizó como una prueba más de la supuesta tendencia liberal de los medios. 

Puede que los yerros de Rumsfeld formen una lista impresionante, pero, ¿existe alguna evidencia de que esta guerra hubiera podido salir bien? Lo sé: cualquiera que haga esta pregunta es acribillado de inmediato por la derecha, la cual insiste, en palabras del grupo de observación de los medios FAIR, en que "la guerra va bien y quien piense lo contrario es un liberal derrotista al que no le interesa llevar la democracia a Medio Oriente". 

Hasta ahora no hemos llevado democracia a Irak. Hemos llevado sangre y muerte. Nuestros llamados medios liberales cumplen de manera patéticamente inadecuada la función de informarnos sobre la guerra porque, en primer lugar, es muy peligroso cubrir la mayor parte del país, y en segundo, los reporteros que la critican son colocados en la lista negra por el ejército. Los pocos reporteros estadunidenses que hablan árabe envían reportes que ponen los pelos de punta. 

Por si alguien quiere una prueba de la necesidad de repensar toda la empresa desde el principio, cito el relato publicado en junio por Los Angeles Times de la imagen icónica de esta guerra: el derribamiento de la estatua de Saddam Hussein en la gran plaza de Bagdad. En realidad se trató de una de las llamadas operaciones sicológicas del ejército, una farsa montada para que pareciera acción espontánea de los iraquíes. 

"Fue un coronel de los marines -no iraquíes jubilosos, como se dio por sentado en todas partes a partir de las imágenes de televisión- quien decidió derribar la estatua, señaló el informe militar. Y fue un equipo de operaciones sicológicas del ejército el que tuvo la idea de hacerlo pasar por una acción espontánea iraquí." 

Desde entonces hasta la pasada elección presidencial, cuando Bush se la pasó insistiendo en que no eran necesarios más soldados, nos han tratado como hongos. El 1º de diciembre, el gobierno anunció que se añadirían 12 mil soldados, la mayoría mediante una extensión de la permanencia de los que ya iban a regresar a su patria y el reclutamiento de sorprendidos miembros de la Guardia Nacional. 

Es difícil imaginar un grupo más crédulo que los medios estadunidenses en relación con este gobierno. Son como Charlie Brown, que sigue creyendo en la promesa de Lucy de que esta vez sí lo dejará patear el balón a pesar de que siempre se lo quita en el último momento. 

El último tema de conversación es que todos los escépticos se llevarán un chasco y que las elecciones en Irak permitirán llegar a un acuerdo con la resistencia. Bueno, órale, todos esperamos que así sea. Pero ¿cuál es la evidencia? Los ataques crecen día con día, y ocurren en todo el país. 

La respuesta de Washington es que estos ataques son el último resuello de una insurgencia desesperada que intenta provocar una estampida de iraquíes antes de las elecciones, y que acabará desmoronándose. Ni más ni menos lo mismo que el gobierno nos dijo antes de la "entrega" del poder a las autoridades títeres en junio pasado. Los ataques subieron de 20 a 30 y a 50 por día, y ahora andan por los 100. 

En tanto, seguimos bombardeando a los iraquíes. A veces me parece que los estadunidenses no se dan cuenta de eso, de que no se trata de fuego de "precisión" o "selectivo", sino de bombardeo. Mata personas inocentes. Lo menos que podemos desear en esta elección es que gane la planilla chiíta encabezada por al-Sistani, que es la que se ha comprometido a pedir, en el momento mismo de asumir el poder, la retirada de Estados Unidos. Si tenemos suerte, la pedirán con cortesía. 

Tocante a otras partes de nuestro sufrido globo, continúa el genocidio en Darfur. Washington no hace nada. Naciones Unidas no hace nada. Simplemente dejamos que ocurra. Una vez más. 

La nueva película Hotel Ruanda nos ha venido a recordar la complicidad moral de quienes no hacen más que sentarse a observar. Lo menos que podemos hacer en honor de la temporada es enviar dinero a las organizaciones de socorro. Y también podríamos, si es que no se nos ha acalambrado la mano de tanto escribir tarjetas haciendo votos por la paz en la Tierra, escribir a nuestro congresista. 

© 2004 Creators Syndicate Inc. 

Traducción: Jorge Anaya 

* Columnista nacionalmente sindicada, cuyo trabajo aparece en más de 300 periódicos y autora de tres libros Best Seller sobre la política actual en Estados Unidos.

 
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