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razón por la que desesperarse no es opción es porque las cosas siempre
pueden empeorar, y entonces, ¿qué hacemos? Trataba de desentrañar este dilema
cuando me encontré con un artículo notable escrito para la revista The Nation
(conocida por su liberalismo durante 141 años) por Richard J. Whalen,
conservador de buena fama, ex colaborador de Richard Nixon. Whalen se ha dado a
la tarea singularmente valiosa de hablar con generales disidentes acerca de la
guerra en Irak.
Supongo que alguien podría objetar que se trata en su mayoría de generales en
retiro. Algunos, como el teniente general William Odom, llaman a Irak "el peor
error estratégico en la historia de Estados Unidos". Y están en retiro
precisamente por su oposición a la guerra.
"La única pregunta es si una guerra sirve al interés nacional -dijo a Whalen
un general de tres estrellas en retiro-. No es el caso de Irak."
"Los generales retirados disidentes -escribe Whalen- desean que Irak sea el
último fracaso bélico estratégico de esta nación, es decir, una guerra
emprendida por obstinados funcionarios civiles para evadir la responsabilidad
personal por sus malas decisiones. Una guerra fallida acarrea crecientes costos
humanos y materiales, que dañan o destruyen por completo el interés nacional al
que supuestamente servían."
Durante Vietnam, los viejos militares se mantuvieron callados. Pero una vez
que terminó, muchos oficiales, entre ellos Colin Powell, "juraron que nunca
volvería a ocurrir". Pero el secretario de la Defensa Donald Rumsfeld y otros
civiles a cargo descalificaron las voces militares y pasaron por alto las
posibles consecuencias.
Algunos de los conceptos más claros de Whalen y los generales parten de
romper el pacto de silencio en contra de comparar Irak con Vietnam. No sé si lo
han notado, pero desde el principio, cuando alguien se levantaba a decir "Esto
es como Vietnam", de inmediato los derechistas se abalanzaban sobre él
chillando: "¡No es como Vietnam!" Pero claro que lo es. Lo que pasa es que
todavía no desperdiciamos 57 mil vidas estadunidenses.
Odom dice a Whalen que "nuestros objetivos en Vietnam pasaron por tres etapas
antes de llegar a la derrota. Eran: 1) 1961-1965, 'contener' a China; 2)
1965-1968, la obsesión con las tácticas que condujeron a la 'estadunización' de
la guerra, y 3) 1968-1975, falsa diplomacia y autoengaño de 'vietnamización'.
Irak ha completado dos fases similares y ahora entra en la tercera".
A finales de septiembre se informó que el estimado de inteligencia nacional
de abril decía que la guerra en Irak crea más terroristas: "Un gran conjunto de
información de todas las fuentes indica que los activistas que se identifican
como jihadistas... se incrementan tanto en número como en distribución
geográfica. De continuar esta tendencia, las amenazas a intereses nacionales de
Estados Unidos dentro y fuera de su territorio se volverán más diversas, y
conducirán a un aumento de los ataques en todo el mundo."
El gobierno ha publicado tres de las 30 páginas de las que consta el informe.
Puede que nos deje ver el resto, pero no será antes de la elección.
Es difícil hablar de esta guerra con personas que lo miran a uno a los ojos y
dicen: "Hay que mantener el curso. Nada de cortar y correr". Ni siquiera podemos
tener un discurso razonable sobre el informe, preparado por 16 agencias de
inteligencia y firmado por John D. Negroponte, hombre de George W. Bush.
Entre tanto, la Escuela Bloomberg de Salud Pública de la Universidad Johns
Hopkins estima que unos 655 mil civiles iraquíes han perecido en esta guerra.
Todo el trabajo invertido en el estudio produjo una respuesta automática de los
conservadores: "¡Ah!, no es cierto". Sin embargo, la metodología empleada es la
misma que usó el gobierno federal para decidir cómo gastar millones de dólares
cada año. Es, como dicen, la norma de la industria.
Hablando de dinero, aunque es una minucia en comparación con las vidas,
también estamos desperdiciando millones, como demuestra la nueva academia de
policía iraquí, de la que tanto se presume. Al parecer estamos tratando de crear
una fuerza policiaca iraquí leal a su gobierno, para lo cual alojamos a los
reclutas en un lugar donde corren agua y heces fecales por las paredes. Además,
vamos a gastar millones y millones de dólares en investigar cómo tiramos al caño
miles y miles de millones.
© 2006 Creators Syndicate Inc.
Traducción: Jorge Anaya