Juan Cristóbal
27 de Febrero de 2003
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¡Alentemos la censura de los libros!
Juan Cristóbal
Hace poco, un ministro mexicano censuró la lectura de "Aura", la novela de su compatriota carlos Fuentes, igual lo hizo con "Doce centos peregrinos", de García
Márquez. La razón que daba: "son acicates peligrosos hacia la lascivia". Gabo, con su buen humor y sabiduría eterna, llamó a Fuentes y le dijo: "Sabrás que vamos a vender más libros".

No será la última vez que esto suceda en nuestras patrias. Habrán siempre ministros y gobiernos lo suficientemente mal informados y peor culturizados que censuren libros, considerándolos peligrosos.

Recordemos, aquí en el Perú, "La ciudad y los perros" de Vargas LLosa, fue quemado en el mismo colegio donde se desenvolvía la obra, el colegio militar "Leoncio Prado". Igual suerte corrieron las obras de Marx y Engels, por 1964,por orden del ministro de Gobierno
(hoy del Interior), dr. Javier Alva Orlandini, actual miembro del Tribunal Constitucional y dirigente importante de Acción Popular, y directo responsable de la muerte del comandante Luis de la Puente Uceda, en el Cuzco, durante el conflicto guerrillero de
entonces.

Pero, como decía Gabo, laq censura incrementa, felizmente,la cantidad y calidad de lectores, y no como pretenden los censores. Por lo que sería bastante beneficioso -y esta sería la propuesta que hacemos- instaurar la censura wn las Constituciones del país, aduciendo, por ejemplo, que "la pericia del autor no deja ver el pecado". Y, paralelamente a ello, legalizar la quema de libros. Imaginémonos los peruanos, un 28 de julio, como dicen día de la patria, en el Estadio Nacional, en un famoso megaespectáculo, lo suficientemente ruidoso y musical y multitudinario, una enorme pila de libros, de autores especialmente jóvenes, purificándose en el fuego. ¡Sería
inolvidable!

Sin embargo, como en la película "Farenheit 451", obra de Ray Bradbury, algunos ejemplaras se salvarían por culpa de "villanos y traidores". Y aquellos que se
salven serán codiciados por el mundo entero, porque ya se sabe "a menor oferta más demanda". De este modo un libro tendría millones de potenciales lectores. No
como ahora que una edición de mil ejemplares tarda años en agotarse. En buen romance: censurar para vender. Pues los libros se convertirían en objetos de
curiosidad y ya sabemos lo prohuibido siempre vende. Y si no, pregúntenle al Señor.

14 de Febrero de 2003
 

Juan Cristóbal
juancristobal2001@yahoo.es
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