Juan Cristóbal
29 de Marzo de 2003
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Vargas Llosa y Pizarro
Juan Cristóbal
En abril de 1991, Mario Vargas Llosa escribió un texto fechado en Londres acerca de la actuación (invasión: NR) española durante el descubrimiento, conquista y colonización de América, con el evocador título "La historia interminable". En 1994, en Madrid, la editorial Pliegos lo reprodujo en un libro titulado "Mario Vargas llosa. Opera Omnia", donde el autor añadía un texto sobre sus orígenes familiares en Trujillo (España).

Acerca de sus orígeness señala el autor de "La historia de Mayta": Los Vargas llegaron al Perú con la primera oleada de españoles, aquella que con Pizarro a la cabeza fundó Perú, escaló los Andes y, en la plaza de Cajamarca, dio un golpe de muerte al Tahuntinsuyo. Habían tomado el apellido -a usanza de la época- del señor de la región, un tal Juan de Vargas, en cuyas tierras habían servido como labriegos y feudatarios.
Hombres humildes e ignorantes, analfabetos muchos de ellos y seguramente feroces, como los tiempos en que vivían, estuvieron repartidos en los bandos de almagristas y pizarristas y aparecen inevitablemente en las distribuciones o encomiendas, como
protagonistas o comparsas de todos los grandes hechos que marcan esta etapa aventurera y violenta de la historia del Perú. Había un Vargas en el puñado de
conquistadores que vio por primera vez a Atahualpa tomando chicha en el cráneo de Huáscar, el hermano al que había hecho matar, en la tarde aquella que precedió a la terrible emboscada... El apellido Vargas resultaría uno de los más multiplicados".

Más adelante, el autor del nefasto Informe sobre Uchuraccay, donde se mataron a 8 periodistas y su guía, emite su opinión sobre la conquista española, no sin antes advertirnos contra el escándalo hipócrita de escandalizarnos ante los excesos (así los llama, igual que en la muerte de los hombres de prensa), crímenes y pillaje de la conquista. Dice: "A mí me entristece que nuestro alumbramiento se hiciera en el saqueo y la matanza. Pero hablar sólo de horrores de aquella experiencia es unilateral e injusto, un gran escamoteo ideológico. Porque lo cierto es que dicha aventura cambió la historia de Europa y de América y dio al mundo occidental una proyección y una dinámica que
hasta entonces no tenía y que, andando el tiempo, impondrían una configuración diferente al planeta entero (...) Me enorgullece que, pese a todas sus terribles violencias y equivocaciones, esa cultura fuera la primera en criticarse a sí misma hasta la sangre, y la que creara el individuo soberano, los derechos humanos, el pluralismo político y la libertad".

Sobre la base de estas ideas uno puede comprender que nuestro novelista se sienta reconfortado de ser peruano, especialmente arequipeño, pero mucho más español y mejor comprendido por las grandes tesis transacionales. Su "sensatez" ideológica es un tributo renovado a la intolerancia y barbarie de las huestes comandadas por Pizarro.

9 de Marzo de 2003
 

Juan Cristóbal
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