Juan Cristóbal
2 de Junio de 2003
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Toledo, en la encrucijada
Juan Cristóbal
El actual mandatario del país, Alejandro Toledo, llegó a la presidencia mediante poderosas movilizaciones populares, en oposición a la dictadura criminal y
pandillesca de Alberto Fujimori. Dichas movilizaciones se simbolizaron y concretaron en la famosa Marcha de los Cuatro Suyos, recordando la división del imperio incaico, al que Toledo decidía representar, dado su pasado andino.

Pero sucede que, una vez en el poder, Toledo se olvida y da las espaldas a los reclamos populares, lo que solamente piden el cumplimiento de sus promesas electorales. Una de ellas: aumento de sueldos y salarios. Que al no cumplirse hasta hoy, el gobierno
enfrenta diversas protestas de gran magnitud. Asi ve como salen a la calle y se apoderan de ellas durante días y semanas organizaciones como el Sutep (magisterio), Poder Judicial, Salud, Transportistas, Agrarios y otros.

Frente a ello el gobierno opta por lo más fácil: declarar el Estado de Emergencia y da un decreto dándole poder al Ejército para que restablezca el orden, con ayuda de la Policía Nacional. Este restablecimiento ha producido, a nivel nacional, la militarización del país. Lo cual ha acarreado la muerte de un estudiante en Puno y de cientos de heridos en todo el territorio nacional. La paradoja es: Toledo luchó contra una forma de militarización, y cuando llega al gobierno emplea los mismos métodos de represión que su antecesor, el ratero y criminal Alberto Fujimori.

Mientras tanto la oposición juega sus propias cartas. El Apra, como siempre, complota junto con el dr. Alberto Borea Odría, para hacer caer a Toledo. Propiciando el caos, tipo Argentina, y el adelanto de elecciones con el fin de dar el salto mortal y ubicar a su líder, Alan García, el de la matanza de los penales en 1986, el de los dólares MUC, el de la hiperinflación, en el sillón presidencial.

La pregunta es: ¿esta crisis puede ser resuelta con un cambio de nombres? Creemos que no. Y por una razón: porque el gobierno ha dicho que no hay dinero para pagar a los trabajadores del país. Pero sí para pagar la deuda externa (ya que mantiene los mismos lineamientos económicos del antiguo régimen) y hacer alianza con los grandes sectores empresariales y hacerle el juego a Bush en su apoyo al imperio norteamericano y a las transnacionales, como el caso de la Telefónica, que cobra lo que le da la gana sin tener fiscalización alguna por parte del gobierno. 

Es decir, en otras palabras, quien está en crisis no es un gobierno, el el sistema, es el Estado burgués quien no puede resolver el problema de las grandes mayorías. No puede y no quiere. hacerlo sería ir contra los intereses transnacionales y del FMI. Y eso es imposible dentro de la lógica del neoliberalismo salvaje. Esta parte de la apreciación es evadida por diversos analistas, tanto de derecha como de izquierda. No desean ver al Estado burgués en bancarrota. La receta es salvarlo.

Lamentablemente la izquierda no existe. En esta crisis pre-revolucionaria, la izquierda no tiene ningún juego. Y es una lástima enorme, pues podría avanzar grandemente en la construcción de un gran movimiento. Simplemente lo que hacen, algunos sectores que aún quedan, es organizarse para llegar al Parlamento, pues, desde allí, lo dicen con la mayor desfachatez, se puede solucionar los problemas del país. La historia latinoamericana da un mentís a esta postura equivocada. Postura que podríamos sintetizarla en Sufrir y perder. Lo que no desean es Luchar y ganar. La vejez se ha apoderado de ellos.

2 de junio de 2003
 

Juan Cristóbal
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