¿Dónde
está Ernesto?
Juan
Cristóbal
Con
este título, acaba de aparecer en Lima el libro escrito por Cromwell
Castillo, padre de Ernesto Castillo Páez quien, hace 13 años
(el 21 de octubre de 1990), fue desaparecido por la policía del
Perú, en Villa El Salvador, un Pueblo Joven, sin que hasta ahora
se conozcan los culpables, a pesar que hay varios testigos que ya han declarado
ante las diversas instancias judiciales de dicha desaparición, acusando
a la policía como actora de la misma.
El libro no
sólo tiene el poder una denuncia estremecedora, sino que nos ayuda
a visualizar cómo el sistema se mueve y oculta para encubrir sus
crímenes y culpas. Por eso el autor y padre puede decir con firmeza:
"queremos dar testimonio de cuan difícil pero no imposible es enfrentarse
a toda una enmarañada red que se mueve en las esferas del poder
para impedir que se descubran los crímenes de quienes dirigen el
estado y permenezcan imopunes, y aparecer como salvadores de la patria".
Palabra que
nos recuerda a ese otro desaparecido y posteriormente acribillado, el periodista
argentino Rodolfo Walsh, autor del dramático libro "Operación
Masacre" cuando decía, a propósito de lo que ocurría
en su país: "El sistema no castiga a sus hombres, los premia. No
encarcela a sus verdugos, los mantiene. No se trata, por supuesto, que
el sistema, el gobierno, la justicia sean impotentes para esclarecer esos
homicidios. Es que son cómplices de esos homicidios, es que son
encubridores de los asesinos". Y como me decía un amigo, "muchas
veces son los propios asesinos".
En el Perú
se constata con infinita crudeza, por lo menos en los últimos 15
años, que la mayor parte de las víctimas de la guerra subversiva
que se llevó a cabo, fueron mayormente los sectores empobrecidos
del ande y jóvenes marginales urbanos, los que sufrieron torturas,
detenciones, violaciones de derechos humanos, asesinatos, desapariciones
y ajusticiamentos extrajudiciales con la evidente complicidad oficial,
que incluso llegó a utilizar, con el mayor de los cinismo, escuadrones
paramilitares, como el Comando "Rodrigo Franco" (en el tiempo del Apra)
y el Grupo "Colina" (en el tiempon de Alberto Fujimori).
Ernesto Castillo
Páez era un estudiante de clase media, de la Universidad La Católica.
Era un poeta en ciernes y un joven muy preocupado por el destino de su
país, pues anhelaba que su gente viviera abrazándose llena
de amor por las alamedas anchas de la historia, y que su esperanza no fuese
este pequeño puente deteriorado, sino una apuesta seria e insobornable
por la justicia social y la solidaridad colectiva. Por eso es que nos duele
tanto su desaparición, tan vilmente ocurrida y tan corruptamente
ocultada. Es una herida que nos lacera, y no sólo a sus amigos y
familiares, sino al propio país, pues es una de las afrentas más
escandalosas ocurrida en el terremo judicial y legal para encubrir a los
responsables de ella, en vista -hasta donde se sabe- que no solamente fueron
los mandos medios militares los ejecutores del acto, sino las mismísimas
altas esferas del poder los responsables de ello.
Por eso todo
ello el libro tiene, aparte de la valentía de la denuncia misma,
la solvencia moral de
haberse enfrentado
durante largos años a todo el engranaje del sistema. Es decir, los
padres de Ernesto (Cromwell y Carmen Rosa) conocieron y conocen directamente
los vericuetos corruptos e inmorales no sólo de las instituciones
y personajes militares, sino también las instancias civiles. No
sólo el Poder Judicial, los abogados, el Congreso de la República,
algunos Medios de Comunicación (radios, periódicos, revistas,
tv) sino también las Prefecturas, las Comisarías. Todos ellos
infectados por el cámcer de la mentira y la difamación.
Si viviera
Ernesto seguramente que repetiría ese hermoso poema de ese preso
uruguayo anónimo que escribiera desde su cárcel: "a veces
llueve / y te quiero / a veces sale el sol / y te quiero / la cárcel
es a veces / siempre te quiero".
10 de agosto de 2003
Juan
Cristóbal
juancristobal2001@yahoo.es
http://es.geocities.com/juancristobal2001
|