Juan Cristóbal - rodelu.net
12 de Diciembre de 2003
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¿Son apóstoles los médicos? (II) *
Juan Cristóbal
Esta entrevista fue realizada a tres médicos. Carlos Vivanco (geriatra), Edmundo Gonzáles (medicina general) y Oscar Martínez (pediatra). He aquí sus valiosas opiniones.

III. EL ESTADO PERUANO Y LA MEDICINA

Juan Cristóbal (JC). Siendo el Estado peruano un país dependiente y capitalista subdesarrollado, ¿de qué forma se manifiesta, en la medicina, este tipo de dominación?
Oscar Martínez (OM).  Minimizando el apoyo que podríase dar a la producción de conocimiento, a los centros de investigación, que podrían dar respuestas reales a los problemas médicos del país. Y minimizando también los centros de formación de recursos, encasillándolos en una sola técnica escolarizada: leyendo libros, por ejemplo, porque es más fácil leer un libro que ver la realidad. Y menos costosos.
CV: Y menos riesgoso.
Edmundo González (EG). Yo dudo que aun haciendo algo con el que entra a estudiar medicina se pueda avanzar algunos pasos.  Veamos por ejemplo SECIGRA (eran las prácticas que los estudiantes de medicina hacían en la propia realidad para recibirse de médicos: JC). Los alumnos iban a las poblaciones marginales y cada uno de ellos después tuvo que volcar ese trabajo en una experiencia. Al cabo de cierto tiempo esos trabajos han venido a dar al sótano del  Ministerio  respectivo, es decir al olvido.¿De qué sirvió ir a una realidad concreta?
CV: El médico es parte de toda la sociedad. Está engarzado en el sistema de dominación. En ese sentido no existe una medicina nacional hecha para y por la realidad peruana. El aprendizaje del médico se basa en conocimientos de realidades diferentes a las nuestras. Uno aprende a ser médico para otras realidades, para las metrópolis que producen conocimiento y dominación. Somos médicos para ellos, no para nuestra realidad.
(JC: Recuerdo aquí lo que el Che Guevara, médico de profesión, decía a propósito de ello, cuando triunfó la revolución cubana: “ Me di cuenta de una cosa fundamental: para ser médico revolucionario o para ser revolucionario, lo primero que hay que tener es una revolución. De nada sirve el esfuerzo aislado, el esfuerzo individual, el afán de sacrificar toda una vida al más noble de los ideales, si ese esfuerzo se hace solo, solitario en algún rincón de América, luchando contra todos los gobiernos adversos y las condiciones sociales que no permiten avanzar”. Esto lo decía en 1960, en un ciclo de conferencias en Salud Pública, realizado en Cuba).

JC: Significa, entonces, que la medicina no es neutra, que tiene mucho que ver con la política y la economía, porque los pacientes y la opinión pública creen todo lo contrario.
CV: No existe neutralidad en la medicina. La ciencia pura tal vez sea neutral, pero la instrumentalización de la ciencia no, ya que está comprometida con alguna ideología. Y lo que nosotros practicamos está comprometido con el sistema de dominación que padecemos.
OM: La adquisición de conocimientos por parte del médico pasa por una serie de intereses económicos, políticos y culturales que hacen avanzar la ciencia o los conocimientos en uno o en otro sentido. Nuestras técnicas son adoptadas para favorecer, no nuestra liberación, sino nuestra dominación.
EG: Pero hay que recalcar algo. Tampoco hay esfuerzo por parte nuestra de realizar las cosas que necesitamos. Por ejemplo, no he escuchado una voz que sobre la meningitis diga: “No hay que fumigar”. Porque  todos dicen: “Hay que fumigar”.

JC: ¿Y por qué no debería hacerse?
OM: Porque no se asume una posición crítica del problema, que muchas veces está desligado de la ciencia médica. También allí hay otra dicotomía: separar los contextos sociales de las técnicas que se van a aplicar, para que se convierta en eficaces. Por ejemplo, en el caso de la meningitis, no se repara que pueda expandirse por vía aérea, acuática, de persona a persona. Simplemente se dice que es infecto-contagiosa y que debe ser manejado por una técnica: la fumigación. De esta forma se obtiene la salida por lo más fácil. Y por lo que más nos domina y explota.

IV. EL JUEGO DE LA MEDICINA

JC: Y en las equivocaciones. Díganme, ¿por qué el médico no asume su culpa, sino que todos: el estado, las leyes lo resguardan?
EG: Porque caería el dios, pero ni a la sociedad, ni al estado le convienen que caiga.

JC: ¿Y no hay mecanismos para que ese ídolo tome conciencia de sus errores, de su vanidad?
CV: Eso no significa que el médico siga impregnado de mercantilismo. En EEUU es uno de los profesionales más procesados, más enjuiciados “por haber cometido errores de diagnóstico con sus pacientes”. Pero detrás de él están los abogados para sacar provecho de esos errores. Claro que hay maneras de señalarles al médico sus errores, pero ello no quita que sigan ejecutando mercantilmente su profesión. El médico, en EEUU, es uno de los profesionales mejor pagados, naturalmente en el precio de la consulta está calculado lo que debe pagar a la Compañía de Seguros y a los abogados, por la defensa de su imagen.
OM: Sería necesario revisar algo que se llama “desplazamiento de objetivos”. Es fundamental. Un objetivo sustantivo que es elevar el nivel de salud o recuperarla es desplazada por otro tipo de objetivos: por el número de atenciones, cantidad y calidad de medicamentos, objetos instrumentales, etc. A los centros de salud se les evalúa en función de éstos objetivos. Al médico se le evalúa si llega temprano al trabajo o si sale a la hora, si es que dio un número adecuado de consultas, si es que la concertación de los pacientes estuvo dentro de las normas establecidas o si se empleó los medicamentos teóricamente de elección. Vamos a ver que esto de los medicamentos es tratado de una manera muy biologicista, en donde lo social queda al margen. Este desplazar los objetivos sustantivos por los instrumentales hace que el problema de la salud sea el de los megámetros (unidad de longitud equivalente a metros:JC) y que sea muy difícil que la población pueda entender que no se necesiten, aquí en el país, más de 100 medicamentos para resolver el 95% de los problemas de salud y que estos medicamentos, además, están rodeados de características secundarias, una de las cuales, el precio, es la más importante. Porque cuanto más costoso es el medicamento la población cree que es mejor el médico. Y esto no es ideología de la gente ignorante que no sabe apreciar el valor de las técnicas, sino que es el médico el primero en plantear que el medicamento es bueno cuando es costoso o cuando ha costado mucho en traerlo, incluso, cuando es el más reciente.

JC: ¿El médico es capaz de “planificar” con el paciente las posibilidades de su economía, es decir, que lo haga regresar cuantas veces quiera, recetándole medicinas que lo haga regresar sucesivamente?
OM: Yo creo que no. Dentro de la medicina, como en otras profesiones, siempre se van a dar extremos. Desde médicos muy comprometidos con la sociedad, con el paciente, hasta médicos que adoptan formas delincuenciales y aberrantes para conseguir algo de prestigio y poder. No se podría generalizar. Claro que la mayor parte sí entran a esas formas mercantilistas de relación.
EG: Se dice que no se debe generalizar. Yo creo que sí. Estoy seguro que eso cubre un gran porcentaje de los médicos, al extremo que el dr. Martínez señalaba que siempre se ve el lado más grave. Esa planificación del médico en la consulta privada o particular, donde la población cree que lo van a atender mejor que en el hospital, el médico planifica para que el paciente vuelva y vuelva y vuelva. Yo creo que eso es lo más grave que existe en la profesión médica. ¿Y de dónde viene esto? De lo que uno va viendo, conversando con los pacientes, observando recetarios cada cual más espectacular e interesante, de donde uno aprende que es lo que no se hace o receta. Y ese es el pan (nuestro) de cada día.
OM: Hay una serie de elementos que entran en este juego. Uno de ellos es que el resulta, al médico, intolerable: la posibilidad de equivocarse. Y sueña con ser infalible o en todo caso esconder sus errores. Este hecho de la infalibilidad lo lleva a una serie de problemas. El primero a la polifarmacia, es decir, a utilizar un montón de medicamentos que es un arma de doble filo, pues tiene aspectos colaterales siempre. Otro aspecto es que, esto de no equivocarse, lo lleva a evitar que el paciente vea otro médico, porque el otro puede criticar y eso lleva a “pacientizar” al paciente, es decir, ligar al paciente a su control, para lo cual utiliza una serie de recursos, algunos de ellos nada agradables, por ejemplo, criticar a los demás médicos, porque trata de convencer al paciente que él es el mejor especialista, para lo cual apela a propaganda de todo tipo, incluso ambientes adecuados, con música y juegos y sonidos y espejos y todo eso. Pero yo creo que la población es crítica y reflexiva. Indudablemente, cuando no se nota mejoría en los primeros días la gente busca otro médico. Pero lo que el médico debe aclarar a sus pacientes es que ninguna medicina surte efectos tan rápidos.

Segunda parte de tres.
Nota anterior: ¿Son apóstoles los médicos? (I)
 
 

Juan Cristóbal
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