La
larga agonía de José María Arguedas
Juan
Cristóbal
En 1969,
en un baño de la universidad La Molina, se suicidò Josè
Marìa Arguedas, nuestro màs insigne novelista, a pesar de
las crìticas infames de Mario Vargas Llosa, nuestro otro novelista.
Como todo suicida, planificò
debidamente su desapariciòn fìsica. Incluso escribiò
una carta, dirigida al Rector de entonces, para dejar sentado quienes debìan
participar en su velatorio. Y dònde debìa ser enterrado.
Este testamento ha sido violado y mancillado por una Asociaciòn
de personalidades andahuaylinas (Andahuaylas es una provincia serrana de
nuestro querido Perù, que viò nacer a Josè Marìa),
al desenterrar su ataùd y llevarse sus restos a dicha provincia
en forma semiclandestina, sin comunicar nada a la esposa, Sybila Arredondo
de Arguedas, que reside actualmente en Chile, y que estuvo detenida por
màs de 15 años por pertenecer a un movimiento subversivo,
segùn las fuentes oficiales.
¿Por què dicha actitud?
¿Por què alargar e interrumpir una agonìa de forma
tan vil y cobarde? daremos nuestra opiniòn.
El presidente de dicha Asociaciòn
dice que Josè Marìa deseò eso y ellos han cumplido
ese deseo, con la ayuda aparente de una hermana de Josè Marìa.
La familia de la esposa, representada por Carolina Teillier, hija del gran
poeta chileno Jorge Teillier, menciona que ellos van a apelar dicha medida
ante los Tribunales respectivos, pues no se ha respetaedo la memoria ni
el deseo final de Josè Marìa.
Al margen de los puntos de vista
legales,lo cierto es que toda estas Asociaciones provincianas tratan de
llamar la atenciòn con el fin de promocionarse polìticamente
y llegar al Parlamento nacional. Esa es la verdad de la milanesa y no otra.
Por lo tanto, el
presidente de dicha asociaciòn
no pasa de ser màs que un truhàn y furioso oportunista, que,
a las cercanìas de las elecciones (en el 2006) trata de aprovecharse
del prestigio de Arguedas y comete tal villanìa. Nuestro gran
novelista no merece tal irrespeto, por lo
que, opino, las autoridades culturales
deben tomar cartas en el asunto y restablecer dicho despojo. Los intelectuales
del paìs y del mundo tienen tambièn la palabra.