Juan Cristóbal - rodelu.net |
2 de noviembre de 2005
|
Carta del amor
Juan
Cristóbal
Es difícil empezar esta carta. El amor hace cosas imposibles. Tuve que soportar
tanto crueldad y ternura, tus inseguridades y miedos, como tu desamor y rencores, y lo más grave de todo (que quizá ni tú ni yo pudimos comprenderlo) que la desolación se alzaba en mi como un árbol derrumbado. Pero tengo seguir mi camino, buscar otros horizontes, otras formas nobles de locura. Tengo que seguir mi vida, aunque me cueste renunciar a tanto amor innombrable. De tu rostro, que se me aparece en cada esquina como una máscara agrietada, no pienso hacer nada para que el amor renazca, Se que si seguimos juntos, concediendo facilidades a todas tus trampas, celos y mentiras, me destruiré para siempre y sólo encontraré frente a mi la indocilidad de tus palabras y la incpmprensión de tu conducta y jamás podré encontrar tranquilidad y el descanso que tanto necesito, salvo con el exterminio de mi cuerpo. Es por eso, por el amor puro que te tuve, por el cariño infinito que no prefesó fronterasni vacios, es que creo, lamentablemente, en la fragilidad de lo imposible. Y esto ya es un barco a la deriva. Recuerda, lo intenté todo, te di todo lo que pude. Mi amor fue dulce, transparente e inocente, reconocido apenas a través de tus ojos, frágiles y esquivos, pero luego se convirtió en la antesala necesaria del olvido, en el hastío incólume del mundo, en la destrucción inalterable de mi alma. No tienes idea el daño que me causas, pero si hay algo de lo que estoy segura es que no sabes lo que es la felicidad ni el amor, porque tu orgullo y egoísmo te manejan. Para ti el amor es una fuerza destructora, confundida con el miedo a la vida, con el horror al destino, con la entrega a la muerte. Una vez en soledad con el corazón dolorido, comprenderás que será muy duro vivir, muy amargo y difícil, imposible casi existir, y que la vasta inmensidad de los días se ahogará en la soledad de tu alma, y eso inutilizará la verdadera fuerza de tus pasos futuros. Es verdad, hemos salido heridos, magullados, tal vez, para siempre. Pero me apena esa manía lúgubre que tienes de ver la existencia, arrastrándola como un estropajo por todas las esquinas y argucias de la vida. Nadie puede vivir sin amar a su amor verdadero. Pero ante lo irremediable nada se puede. Y no tiene sentido amargarse los días, tropezarse con los recuerdos del alba, torturarse lo mejor que uno tiene en el fondo del alma. Hay que dejar que corran las lágrimas y salen los labios y marchiten los sueños. Y ver el final sin amarguras ni rencores. Siento que las aves del tiempo parecen querer mi destino. Desearía que tu silencio y mi soledad no existieran, pero el viento sí, incluso la noche, para poder dormir con mis muertos.
1 de noviembre de 2005
Juan
Cristóbal
juancristobal2001@yahoo.es
http://es.geocities.com/juancristobal2001
|
|