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poco se pudo en debate la reimplantación de la
pena de muerte en el país. La razón era que habían
proliferado las violaciones especialmente contra los
niños, de preferencia en zonas urbano marginales.
El tema se tocó de manera superficial por los
congresistas, y el público, por supuesto, lo admitía
sin ton ni son, con mucha rabia y decisión. Desde su
punto de vista, era entendible.
La Iglesia Católica, a través de su Obispo del Callao,
Monseñor Miguel Irízar,mencionó que se oponía a ello,
pues la Iglesia es contraria a ese tipo de prácticas y
que sólo Dios era capaz de quitarnos la vida.
Lo que me trajo a la memoria un asunto del año 1965 a
propósito de la pena de muerte que planteaban los
congresistas de entonces contra los alzados en armas.
Cuando el Cardenal Làndazuri, el 27 de agosto de 1965,
en el Sèptimo Congreso Eucarìstico Nacional, dijera;
"La pena de muerte planteada contra el comunismo ateo
es un bien en defensa de la constitucionalidad" (ver
revista OIGA N.140).
¿Cómo podrá explicar la Iglesia a sus feligreses
tamaña contradicción?