Juan Cristóbal Juan Cristóbal - rodelu.net
14 de febrero de 2006

Mariategui: ¿Elecciones?

Juan Cristóbal

Alberto Flores Galindo, en su libro “Tiempo de plagas” (pag. 66 y siguientes) dice: “En 1928, la polémica con Mariátegui empieza cuando la candidatura de Haya aparece acompañada por un igualmente imaginativo ejército liberador. Haya no acepta las supuestas reglas burguesas del juego democrático”. En este punto –dice Flores Galindo- coincide con José Carlos Mariátegui (JCM) para quién revolución y elecciones no eran fenómenos confluyentes. El poder debía ser tomado, asaltado, arrebatado a la clase que lo usufructuaba (subrayado mío). Lamentablemente Flores Galindo no profundizó ni desarrolló esta idea del Amauta sobre el problema revolución-elecciones. Pero podemos acercarnos a el acercándonos al pensamiento de JCM (que tenía una convicción muy arraigada en cuanto a la ética y moral del compromiso militante y no como tanto izquierdista tránsfuga y oportunista que vemos en la actualidad)a través de sus propias ideas transmitidas a través de revistas, libros y correspondencia.

Aproximación al problema

Un 22 de junio de 1918 sale a luz una revista política y literaria “Nuestra Epoca” fundada y dirigida por JCM, que fue, como se sabe, aparte de un pensador, escritor y activista, un gran periodista. En la EXPOSICION, redactada por el propio director, se lee: “Sale NUESTRA EPOCA en una hora de órganos electorales y de abigarrados pasquines grotescos y mercenarios (…) nos proponemos quemar, acaso inútilmente, el organismo político del país, ya que tan sólo la acción material del fuego puede purificarlo”.

Un articulista de la revista, Félix del Valle, a su vez decía, palabras que pueden repetirse hoy en día: “Política y moralmente nuestro país es un fraude. Su historia es la narración constante de una incompetencia salvaje. Las cámaras (se refiere a la de diputados y senadores: JC) en la mayoría de las veces, no han sido otra cosa que receptora de candidatos a tirarle un tajo al presupuesto, de jaraneros de la idea y de comerciantes, más o menos airosos, que han traficado con la noble función de hablar concientemente. La democracia ha servido para que brote un tipo medio en la política, un amasijo de cloaca intelectual y de desaguadero moral, mezcla híbrida del chuto español y del postizo señorito criollo. Ser ministro, por ejemplo, no es una retribución a la competencia, sino una recompensa al favor zarzuelesco, a la lealtad de opereta”. (Un poeta chino, Su Tung Po, en el año 1200 escribió: “Hijo mío, quiero que seas tonto para que puedas llegar a ser embajador o ministro” Y Neruda decía: “Los políticos inteligentes no llegan lejos, porque política e inteligencia están reñidas, son excluyentes”).

Y en la columna “Mirador Político” se leía: “Estamos lejos de las elecciones presidenciales. Sino sería la hora de empezar la grotesca zarzuela de los clubs y los discursos”.

César Falcón, uno de los co-fundadores de la revista, en un artículo afirmaba: “Muchas huelgas, casi todas, han sido deshechas a tiros. La fuerza siempre ha estado pronta a acudir en auxilio del capital. De este modo, el asesinato se ha convertido en el Perú en la garantía de la explotación”. Y en la columna ESCENARIO CRIOLLO, se dice: “Para un presidente, la presidencia de la república debe ser, sin duda alguna, como la gerencia de una gran empresa que girase con muchos millones”.

Como se puede deducir, la posición de la revista y del propio JCM es clara al respecto de lo que son las elecciones y la democracia representativa y de que manera es respondida, por el capital y sus fuerzas armadas, la lucha de los trabajadores. ¿Es demasiado difícil aceptar que Mariátegui no creía en las elecciones y si en la organización de los trabajadores y en la revolución socialista, que siempre enarboló? ¿Qué ha cambiado a la fecha para que los hombres que se dicen de izquierda sigan creyendo en la vía electoral?
Es verdad que las luchas pasadas de Sendero y el MRTA, al ingresar al torbellino ciego de la muerte, hizo mucho daño al desarrollo histórico del socialismo, pero también habría que preguntarse ¿quién hizo más daño: ese torbellino o el torbellino electoral? ¿Y cómo salir de él sin caer en esos torbellinos?

Aquí una pequeña disquisición. No hay que olvidar la muerte y el terror desde el Estado, el papel de las Fuerzas Armadas y sus grupos paramilitares, tanto en el tiempo del Apra como de Fujimori. Y tampoco la corrupción y el asentimiento en este tipo de cosas por parte no sólo de los políticos, sino también de los empresarios. Es inaudito recordar que Mariátegui fue agredido y preso por las Fuerzas Armadas, y que los estudiantes y profesor de La Cantuta fueron devueltos en huesos quemados en una caja de leche Gloria. Sin mencionar la matanza de Barrios Altos y de tantos muertos anónimos y desaparecidos.

En el segundo número de la misma revista (el 6 de julio del mismo año) JCM, en su artículo “La reorganización de los grupos políticos” afirmaba: “Los partidos peruanos han tenido su orígen en necesidades o aspiraciones muy fugaces. Su nacimiento ha sido incidental. Un hombre popular ha bastado para construir un partido. Las agrupaciones políticas han nacido casi con la misma facilidad que las sociedades de auxilios mutuos. Mas que traza de partidos han tenido, generalmente, traza de clubs electorales, con bandera transitoria y versátil. Son simulaciones de partidos. Suman unas cuantas mentiras trascendentales a las muchas mentiras de nuestra vida política…No necesitamos que se les restaure ficticiamente. Necesitamos que se les sepulte y sustituya”.

César Falcón, en su artículo “La revolución o la ruina” señalaba: “Ya se está preparando la imposición electoral y este acto descarado y brutal será la continuación del sojuzgamiento del pueblo. Los escaños parlamentarios no pueden ser sino puestos de avanzada de las barricadas. Hay que despertar violentamente las fuerzas vivas del país. Y sacudirlas y encauzarlas a la conquista del señorío popular”.

Y en ESCENARIO CRIOLLO se dice: “Dentro de ocho días se iniciará la feria parlamentaria. Desde el primer momento comenzarán las intrigas electorales para la composición de las meses”.

Las elecciones han sido siempre lo mismo. Como afirmaba JCM: “Ninguno persigue una idea sana ni un propósito noble. Todo se reduce a un compromiso personal o a una simple simpatía amistosa”. No hay que olvidar que esto lo podía decir con toda la razón del mundo, pues el Amauta fue un gran cronista parlamentario. (Un exparlamentario aprista me contaba que estaba aterrorizado de la forma cómo se adquiere poder y dinero, pero que él no estaba dispuesto a contarlo –cuando se lo pedí- por lealtad a su partido. “Pero que cambia a la gente, la cambia”, me decía entristecido).

En 1923, la revista CLARIDAD era dirigida por Haya de la Torre, pero es deportado a fines de ese año. Entonces JCM asumió la dirección en enero de 1924. Desde el inició el Amauta vinculó la revista con los obreros. Con Haya la revista fue “Organo de la Juventud Libre del Perú”. Con JCM, “Organo de la Federación Obrera Local de Lima y de la Juventud Libre del Perú”.

En abril de 1924, en las páginas 2, 10-11, se critica al Partido Socialista Católico, entonces en formación, “ya que el internacionalismo de la Iglesia es un internacionalismo del capital”. Y remataba diciendo: “El Partido Socialista Católico trataba de demostrar que era posible llegar al socialismo dentro de los marcos de lo establecido. La revista rechaza esta afirmación, sosteniendo que este Estado es capitalista y, por tanto, explotador, y, por eso, es necesario destruirlo”.

En su Correspondencia JCM reitera todo lo expresado. Vamos a citarlo sin hacer mayores precisiones al respecto. En carta a la revista CLARIDAD, setiembre 1924, dice: “Nuestra causa es la gran causa humana. A despecho de los espíritus escépticos y negativos, aliados inconscientes e impotentes de los intereses y de los privilegios burgueses, un nuevo orden social está en formación. El mundo marcha hacia el socialismo. Signos inequívocos anuncian que el porvenir pertenece a la revolución”.

Habría que preguntarse ¿quiénes han detenido, históricamente, ese “orden social en formación”? Y si todavía se cree en la revolución.

En carta a la célula aprista de México, 16 de abril de 1928 (cual el Apra era un Frente donde militó como tal JCM, pero que, cuando se quiso convertir en Partido, el Amauta tuvo una fuerte discusión con Haya. JC): “Creo que nuestro movimiento no debe cifrar su éxito en engaños ni señuelos. La verdad es su fuerza. No creo con Uds. que para triunfar hay que valerse de todos los medios criollos…en una vulgarísima agitación electoral”.

Y en carta a Esteban Pavletich, 30 de julio 1929: “quedará Ud. enterado de mi total y definitiva renuncia al Apra. Comprendo anchamente que un Partido de la clase obrera y campesina, dada la situación objetiva por la que atraviesa el Perú, tiene que someterse a una labor sorda, limitada, legal y clandestina. Su presencia habrá de determinar una nueva serie de represiones violentas. Pero qué alegría para quienes lo sufren sabiendo y sintiendo que su sacrificio no es estéril”.

JCM murió en 1930, luego de fundar el Partido Socialista del Perú y la Central General de Trabajadores del Perú (CGTP). Imposible deducir que su pensamiento cambiara respecto a la forma cómo se debía organizar a la clase obrera y campesinado. Imposible que variase en lo que él creía era esta democracia y cuáles sus engaños políticos. Por ello, si bien es cierto que muchos pueden rendir homenaje al Amauta, deben hacerlo sin esconder su rostro político, y sin aprovecharse del nombre del Amauta, de su filiación y de su fe.


Juan Cristóbal
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