Perú:
¿Por qué los intelectuales se silencian?
Juan
Cristóbal
En
el poemario que publiqué en el 2005, "El libro de
los entuertos", decía: "por qué
ustedes /historiadorcitos sin alma / de dos por medio
en la noche / que no son más que unos grandes pendejos
/ no nos dijeron antes la verdad / la exacta verdad /
esa que huele a huevos podridos / a chicharrones sin
alma / a lameculos perfecto". Con lo que trataba de
insinuar que desde siempre los intelectuales
(peruanos) o se han callado o no han hablado la
verdad, por sabe dios qué intereses secretos o
perdidos. Y eso sucede, lamentablemente, hasta ahora.
Y da tristeza y cólera constatar que en la actualidad
sigue (casi) siendo lo mismo. A pesar que tienen
libertad de expresión, de información y política, de
llegar relativamente a los medios, se siguen callando.
No dicen lo que saben. Y lo que saben lo callan. ¿Por
qué?
Muchos intelectuales se han cambiado de "camiseta
política" con mucha facilidad en los últimos tiempos,
especialmente en el tiempo de Fujimori, que no
solamente fue el gobierno más corrupto y asesino, sino
también el que más distorsionó y traicionó nuestra
propia identidad cultural.
Una respuesta sería que no tienen un horizonte de vida
ni cultural definido. Más fácil para ellos es ser
equilibristas. O tránsfugas, según el momento y
oportunidad. Mientras tanto contemplan en silencio y
con apatía la catástrofe que nos abruma. Se han vuelto
insensibles. No se comprometen a despertar y a formar
la conciencia de su pueblos. Y cuando hablan, no dicen
la verdad o mienten. No denuncian la infamia y
corrupción que muchos conocen. Creo que las
organizaciones de base deberían ponerlos entre la
espada y la pared para que adopten una posición. El
caso más lamentable es Pablo Macera, nuestro excelente
historiador, que, ubicado en las filas fujimoristas,
ahora guarda sepulcral silencio.
Macera, por su perspicacia como analista político y
como acucioso investigador de nuestra historia sabía
que Fujimori construía una superestructura que
legitimaba su relación de clase dirigente local con la
de los grandes centros dominantes. Y en el orden
interno, legitimaba su posición de dirigente al operar
como medio de dominación con todas las clases
subordinadas: de allí su aceptación inexplicable con
esos sectores. Para llegar a esta elemental
comprobación, bastaba tener presente dos cosas que
Macera dominaba perfectamente: a)El carácter histórico
de nuestra economía en su inserción en el sistema
capitalista mundial. b)El papel político e ideológico
y económico de los diversos grupos dominantes en
nuestra historia.
Entonces, la pregunta que subsiste: ¿Por qué los
intelectuales no dicen todo lo que saben? ¡Por qué no
se arriesgan a señalar a los culpables? Mientras haya
tiempo, habrá que denunciar. Porque no es bueno llorar
sobre leche derramada. Sobre todo ahora que se vienen
las elecciones del 9 de abril del 2006 y que tenemos a
grupos transnacionales, a corruptos y a personajes
vinculados a gravísimos hechos atentatorios contra los
derechos humanos.