Juan Cristóbal Juan Cristóbal - rodelu.net
12 de marzo de 2006

Perú:

¿Por qué los intelectuales se silencian?

Juan Cristóbal

En el poemario que publiqué en el 2005, "El libro de los entuertos", decía: "por qué ustedes /historiadorcitos sin alma / de dos por medio en la noche / que no son más que unos grandes pendejos / no nos dijeron antes la verdad / la exacta verdad / esa que huele a huevos podridos / a chicharrones sin alma / a lameculos perfecto". Con lo que trataba de insinuar que desde siempre los intelectuales (peruanos) o se han callado o no han hablado la verdad, por sabe dios qué intereses secretos o perdidos. Y eso sucede, lamentablemente, hasta ahora.

Y da tristeza y cólera constatar que en la actualidad sigue (casi) siendo lo mismo. A pesar que tienen libertad de expresión, de información y política, de llegar relativamente a los medios, se siguen callando. No dicen lo que saben. Y lo que saben lo callan. ¿Por qué?

Muchos intelectuales se han cambiado de "camiseta política" con mucha facilidad en los últimos tiempos, especialmente en el tiempo de Fujimori, que no solamente fue el gobierno más corrupto y asesino, sino también el que más distorsionó y traicionó nuestra propia identidad cultural.

Una respuesta sería que no tienen un horizonte de vida ni cultural definido. Más fácil para ellos es ser equilibristas. O tránsfugas, según el momento y oportunidad. Mientras tanto contemplan en silencio y con apatía la catástrofe que nos abruma. Se han vuelto insensibles. No se comprometen a despertar y a formar la conciencia de su pueblos. Y cuando hablan, no dicen la verdad o mienten. No denuncian la infamia y corrupción que muchos conocen. Creo que las organizaciones de base deberían ponerlos entre la espada y la pared para que adopten una posición. El caso más lamentable es Pablo Macera, nuestro excelente historiador, que, ubicado en las filas fujimoristas, ahora guarda sepulcral silencio.

Macera, por su perspicacia como analista político y como acucioso investigador de nuestra historia sabía que Fujimori construía una superestructura que legitimaba su relación de clase dirigente local con la de los grandes centros dominantes. Y en el orden interno, legitimaba su posición de dirigente al operar como medio de dominación con todas las clases subordinadas: de allí su aceptación inexplicable con esos sectores. Para llegar a esta elemental comprobación, bastaba tener presente dos cosas que Macera dominaba perfectamente: a)El carácter histórico de nuestra economía en su inserción en el sistema capitalista mundial. b)El papel político e ideológico y económico de los diversos grupos dominantes en nuestra historia.

Entonces, la pregunta que subsiste: ¿Por qué los intelectuales no dicen todo lo que saben? ¡Por qué no se arriesgan a señalar a los culpables? Mientras haya tiempo, habrá que denunciar. Porque no es bueno llorar sobre leche derramada. Sobre todo ahora que se vienen las elecciones del 9 de abril del 2006 y que tenemos a grupos transnacionales, a corruptos y a personajes vinculados a gravísimos hechos atentatorios contra los derechos humanos.


Juan Cristóbal
juancristobal2001@yahoo.es
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