Juan Cristóbal Juan Cristóbal - rodelu.net
16 de abril de 2006

La presencia de Vallejo

Juan Cristóbal
Toda poesía, por tanto, toda obra de arte, es expresión de una doble respuesta frente a la realidad que se desarrolla. Como resultado simbólico y como resultado vital.

Como resultado simbólico. Es la expresión de un proceso de transformación, construcción y recreación de un contexto social e histórico determinado y de una realidad cultural. Pero este proceso tiene una fase anterior, que es la materia prima de todo hecho cultural, y que se va a plasmar en lo anterior: la fase de aprendizaje que tiene el ser humano desde la niñez y que se va amalgamando a través del colegio, la casa, las lecturas, las experiencias vitales, la calle, los amigos, que van a ir determinando una visión de vida.

Estos dos contextos, de los que hablábamos, tanto el social e histórico, como el cultural, son plasmados la obra, la que nos suministrará nuevas posibilidades de vida, según sea la intensidad y profundidad del poeta. Este resultado simbólico (que no es totalmente racional) es una ampliación de una porción de la realidad.

En otras palabras, la escritura poética, es la expresión simbólica y mental de toda una experiencia, de toda una tabla de valores, de una visión del mundo y del futuro a través de un canal ordenado de ideas, en un momento preciso del desarrollo social. Porque las realidades también cambian. Y la grandeza de un poeta estará dada por cuanto logra penetrar, sintetizar y engarzar esa realidad con la de los lectores y pueblo en general.

Como resultado vital. La resultante vital será la serie de exigencias a las que el poeta se ve presionado por el medio y las respuestas que de a tales exigencias y necesidades, que también tienen que ver con la cultura de la época, con las clases sociales, con los intereses históricos y los proyectos sociales que esa realidad y grupos nos impone. En fin, con todo el universo cultural y social que se va desarrollando. La respuesta vital constituye, de este modo un proyecto personal, una representación estética del hombre. Por eso cada escritor tendrá su propia y personal forma de comprometerse con el mundo. Arguedas, Rulfo, García Márquez, Galeano se identifican de una forma (tanto en su vida como en su obra) y Vargas Llosa, Borges y Bryce de otra. Reconociendo en todos ellos grandes escritores.

Por todo esto, arte o poema, es una proyección significativa y concreta del hombre frente al sistema que vive y se enfrenta, planteando, según sus planteamientos ideológicos, una cosmovisión conformista y aceptadora del sistema o una posición transformadora y comprometida con el cambio. A esto podemos llamar la función social del arte o poesía. Ya que no sólo crea una forma de conciencia, porque es conciencia en sí misma, sino también tareas frente a los sucesos y hechos de la realidad.

Y en esta hora de profunda crisis económica, de graves confusiones ideológicas, César Vallejo, habitante universal de Santiago de Chuco (La Libertad. Trujillo) se alza y acrecienta cada día más en su grandeza y profecía, que en el momento actual pasan por tres momentos decisivos:

Frente a la crisis económica o globalización actual, Vallejo nos proponía, desde su tiempo pasado, el cambio del sistema, la revolución como único y legítimo camino. Pero no una revolución cualquiera, sino una dirigida por el proletariado. No debemos olvidar que Vallejo era comunista.

Frente a la crisis política y las confusiones ideológicas, cuyo reflejo es el oportunismo, el arribismo, el transfuguismo, la desverguenza de nuestra desnacionalizada burguesía y la felonía de tantos gobiernos tiránicos y corruptos, Vallejo, sabiamente nos advertía: "cuídate de la hoz sin el martillo, y del martillo sin la hoz".

Y frente a la inmensa crisis cultural (cultura dependiente, alienada, consumista) Vallejo, como después Arguedas y Ciro Alegría, nos advertía, que hay que volver a nuestros ancestros, a nuestros orígenes, a nuestro pasado para estructury reconstruyendo ar nuestra identidad cultural, pues no se puede lograr este cometido si el poder está en manos de grupos antinacionales. De allí es que no ha existido, bajo ningún gobierno, una necesidad de plantear y proponer una Política Cultural al país.

Precisando este último aspecto en la vida y obra de Vallejo. Vallejo escribe y canta para su pueblo ("Todo acto o voz genial viene del pueblo y va hacia él"), a sus aldeas alejadas, a sus bueyes, a las cárceles del Perú y del Mundo, a sus padres y hermanos, a su inolvidable Rita, a los milicianos internacionales en la Guerra Civil Española, en la cual el participó activamente, canta a los republicanos combatientes, a las más puras esencias peruanas, porque Vallejo no perdió jamás su dolor andino. Todos sus libros son expresiones fidedignas de ello. Sus Pedro Rojas, sus Ramón Collar, su poema Masa, son paradigmas universales y solidarios del dolor humano. De ese dolor que después hemos visto en América Latina y en nuestra patria, cuando las dictaduras militares y los gobiernos corruptos nos dejaron presos, muertos, desapariciones, exiliados, desterrados. De ese dolor humano, Vallejo es y seguirá siendo la voz más limpia, generosa y combativa. Y como decía ese otro gran poeta de la historia, el comandante Che Guevara, "sin perder la ternura".

No es casual, pues, que siempre se vuelva a Vallejo. No sólo en cuanto a su obra como calidad estética, sino a su ejemplo de conducta y visión del mundo, y ello porque Vallejo penetra en lo más entrañable y liberador de la humanidad, tanto en su dimensión histórica, cuanto en su horizonte crucial y significativo.

Por todo esto y más, es que Vallejo está presente como testimonio inmaculado de un corazón sufriente pero milagroso que es el hombre mismo. Porque Vallejo, como pocos, fue capaz, a pesar que se moría de hambre, de abrazar a todos los hombres del mundo y echarse andar, como dice en uno de sus poemas. Y justamente por eso, "porque estaba lleno de mundo y de vida". Como tantos combatientes latinoamericanos, entre los cuales no podemos dejar de recordar a Javier Heraud, y a la cabeza de los cuales está el Che, dejaron su vida en cualquier rincón del mundo, para expresar su compromiso ineludible con sus palabras y la vida. De una manera única, inequívoca, solidaria, fraternal y universal.


Juan Cristóbal
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