oda
poesía, por tanto, toda obra de arte, es
expresión de una doble respuesta frente a la realidad
que se desarrolla. Como resultado simbólico y como
resultado vital.
Como resultado simbólico. Es la expresión de un
proceso de transformación, construcción y recreación
de un contexto social e histórico determinado y de una
realidad cultural. Pero este proceso tiene una fase
anterior, que es la materia prima de todo hecho
cultural, y que se va a plasmar en lo anterior: la
fase de aprendizaje que tiene el ser humano desde la
niñez y que se va amalgamando a través del colegio, la
casa, las lecturas, las experiencias vitales, la
calle, los amigos, que van a ir determinando una
visión de vida.
Estos dos contextos, de los que hablábamos, tanto el
social e histórico, como el cultural, son plasmados la
obra, la que nos suministrará nuevas posibilidades de
vida, según sea la intensidad y profundidad del poeta.
Este resultado simbólico (que no es totalmente
racional) es una ampliación de una porción de la
realidad.
En otras palabras, la escritura poética, es la
expresión simbólica y mental de toda una experiencia,
de toda una tabla de valores, de una visión del mundo
y del futuro a través de un canal ordenado de ideas,
en un momento preciso del desarrollo social. Porque
las realidades también cambian. Y la grandeza de un
poeta estará dada por cuanto logra penetrar,
sintetizar y engarzar esa realidad con la de los
lectores y pueblo en general.
Como resultado vital. La resultante vital será la
serie de exigencias a las que el poeta se ve
presionado por el medio y las respuestas que de a
tales exigencias y necesidades, que también tienen que
ver con la cultura de la época, con las clases
sociales, con los intereses históricos y los proyectos
sociales que esa realidad y grupos nos impone. En fin,
con todo el universo cultural y social que se va
desarrollando. La respuesta vital constituye, de este
modo un proyecto personal, una representación estética
del hombre. Por eso cada escritor tendrá su propia y
personal forma de comprometerse con el mundo.
Arguedas, Rulfo, García Márquez, Galeano se
identifican de una forma (tanto en su vida como en su
obra) y Vargas Llosa, Borges y Bryce de otra.
Reconociendo en todos ellos grandes escritores.
Por todo esto, arte o poema, es una proyección
significativa y concreta del hombre frente al sistema
que vive y se enfrenta, planteando, según sus
planteamientos ideológicos, una cosmovisión
conformista y aceptadora del sistema o una posición
transformadora y comprometida con el cambio. A esto
podemos llamar la función social del arte o poesía. Ya
que no sólo crea una forma de conciencia, porque es
conciencia en sí misma, sino también tareas frente a
los sucesos y hechos de la realidad.
Y en esta hora de profunda crisis económica, de graves
confusiones ideológicas, César Vallejo, habitante
universal de Santiago de Chuco (La Libertad. Trujillo)
se alza y acrecienta cada día más en su grandeza y
profecía, que en el momento actual pasan por tres
momentos decisivos:
Frente a la crisis económica o globalización actual,
Vallejo nos proponía, desde su tiempo pasado, el
cambio del sistema, la revolución como único y
legítimo camino. Pero no una revolución cualquiera,
sino una dirigida por el proletariado. No debemos
olvidar que Vallejo era comunista.
Frente a la crisis política y las confusiones
ideológicas, cuyo reflejo es el oportunismo, el
arribismo, el transfuguismo, la desverguenza de
nuestra desnacionalizada burguesía y la felonía de
tantos gobiernos tiránicos y corruptos, Vallejo,
sabiamente nos advertía: "cuídate de la hoz sin el
martillo, y del martillo sin la hoz".
Y frente a la inmensa crisis cultural (cultura
dependiente, alienada, consumista) Vallejo, como
después Arguedas y Ciro Alegría, nos advertía, que hay
que volver a nuestros ancestros, a nuestros orígenes,
a nuestro pasado para estructury reconstruyendo ar
nuestra identidad cultural, pues no se puede lograr
este cometido si el poder está en manos de grupos
antinacionales. De allí es que no ha existido, bajo
ningún gobierno, una necesidad de plantear y proponer
una Política Cultural al país.
Precisando este último aspecto en la vida y obra de
Vallejo. Vallejo escribe y canta para su pueblo ("Todo
acto o voz genial viene del pueblo y va hacia él"), a
sus aldeas alejadas, a sus bueyes, a las cárceles del
Perú y del Mundo, a sus padres y hermanos, a su
inolvidable Rita, a los milicianos internacionales en
la Guerra Civil Española, en la cual el participó
activamente, canta a los republicanos combatientes, a
las más puras esencias peruanas, porque Vallejo no
perdió jamás su dolor andino. Todos sus libros son
expresiones fidedignas de ello. Sus Pedro Rojas, sus
Ramón Collar, su poema Masa, son paradigmas
universales y solidarios del dolor humano. De ese
dolor que después hemos visto en América Latina y en
nuestra patria, cuando las dictaduras militares y los
gobiernos corruptos nos dejaron presos, muertos,
desapariciones, exiliados, desterrados. De ese dolor
humano, Vallejo es y seguirá siendo la voz más limpia,
generosa y combativa. Y como decía ese otro gran poeta
de la historia, el comandante Che Guevara, "sin perder
la ternura".
No es casual, pues, que siempre se vuelva a Vallejo.
No sólo en cuanto a su obra como calidad estética,
sino a su ejemplo de conducta y visión del mundo, y
ello porque Vallejo penetra en lo más entrañable y
liberador de la humanidad, tanto en su dimensión
histórica, cuanto en su horizonte crucial y
significativo.
Por todo esto y más, es que Vallejo está presente como
testimonio inmaculado de un corazón sufriente pero
milagroso que es el hombre mismo. Porque Vallejo, como
pocos, fue capaz, a pesar que se moría de hambre, de
abrazar a todos los hombres del mundo y echarse andar,
como dice en uno de sus poemas. Y justamente por eso,
"porque estaba lleno de mundo y de vida". Como tantos
combatientes latinoamericanos, entre los cuales no
podemos dejar de recordar a Javier Heraud, y a la
cabeza de los cuales está el Che, dejaron su vida en
cualquier rincón del mundo, para expresar su
compromiso ineludible con sus palabras y la vida. De
una manera única, inequívoca, solidaria, fraternal y
universal.