Juan Cristóbal Juan Cristóbal - rodelu.net
14 de mayo de 2006

Literatura infantil y juvenil:
¿Por qué no hablar de política? (II)

Juan Cristóbal
Cuando se habla de Literatura Infantil y Juvenil se piensa en una literatura simplista, llena de aniñamientos y personajes acartonados o en seres irreales para nuestra realidad (ogros, duendes, hadas, príncipes azules) que tratan de realizar el bien y la felicidad en el mundo. Esta literatura que viene de Europa es la que la sociedad, vía maestros y escritores (la mayor parte de ellos) transmiten a los niños y jóvenes. Esta falsificación hace perder la magia de nuestra cultura, y hace que nuestro lenguaje sea como de débiles mentales (Gabo), con una entonación bobalicona que los niños no tienen. Lo cual hace que los niños y jóvenes pierdan su imaginación. Es una forma evidente de “oscurantismo cultural”, mal que se arrastra por años. De alguna forma los profesores y los padres son también víctimas de la propia alienación cultural que nos impone el sistema.

De lo cual se pueden derivar dos interrogantes centrales: ¿Por qué a los niños y jóvenes no se les puede hablar de política y educarlos con las mejores formulaciones de ella, basadas en la verdad de la realidad histórica y social? ¿Y por qué no hacerlo desde la óptica más científica, la socialista? Trataremos de dar algunas respuestas.


Literatura infantil y juvenil y política

Cualquier trabajo sobre literatura infantil y juvenil no podrá ser efectivo si no cumple algunos objetivos centrales. Si esta forma creativa no educa, no forma, no transmite valores sociales solidarios, no rescata nuestra cultura, no desarrolla la imaginación y sensibiliza frente a la realidad y no nos da placer y goce estético no estará cumpliendo su rol. Es decir, no deberá ser una producción puramente verbal, irreal y patriotera. Educar, en la literatura infantil y juvenil, debe significar conocer nuestra cultura, nuestra historia y realidad, sus conflictos, sus clases sociales y sus contradicciones con los de abajo, sus anhelos y esperanzas. Asimismo, poder transmitir valores éticos y morales que concuerden con los intereses de las grandes mayorías. Esto no significa que se debe perder la imaginación o el humor o ser puramente panfletarios y dogmáticos. Significa que dicha literatura debe poder conectar al lector con su historia y cultura y realidad a través de la imaginación. Y todo esto hacerlo con gracia y sencillez, con claridad y humor. El lenguaje debe ser ágil y preciso, jamás caer en la cursilería ni truculencia.

(Un pequeño paréntesis. En 1994 publiqué un pequeño texto titulado “Lecciones de historia”, donde hablo de la conquista de nuestro país, de los mineros, del problema del racismo, del cuy en la cultura andina, de los presos políticos, de la guerrilla, de la vida de la obrera, de qué es un revolucionario, de qué es la patria. Antes de su edición se los di a leer a jóvenes y niños de más de 5 años tanto en un colegio privado en Barranco (“Los Reyes Rojos”), como de un colegio de un Pueblo Joven en Ventanilla. Ambos me dieron sugerencias, críticas y dibujos para su edición (que lamentablemente no se pudo incluir por problemas económicos). Pero donde quiero llegar es que los temas fueron comprendidos por los niños y como digo, criticados por ellos mismos. Lo cual reafirma mi posición que los niños y jóvenes sí pueden entender esos temas que aparentemente pueden ser lejanos o “exóticos” para ellos).

Se debe comprender, por otro lado, que el niño y joven vive hoy un mundo plagado de información, donde los diferentes medios le hacen conocer una realidad distorsionada. Le presentan el caos, la catástrofe, los vicios y rencores, la violencia, las obsesiones sexuales y el propio consumismo sin mencionarles las causas de ello, o explicarles por qué se produce todo ello y si hay posibilidades que el mundo no sea asi. La literatura infantil y juvenil que creemos no debe ocultar ningún aspecto de la realidad al niño y joven, por más violenta o escabrosa que sea. Al contrario, mediante formas adecuadas, se le debe hacer conocer en toda su dimensión, profundidad y complejidad los problemas que se presentan, por más desgarradores que sean. Y en lo posible revelarles el comportamiento de sus diversas clases sociales frente a ello. ¿Por qué? Porque toda literatura adecuada lleva implícita valores morales y formativos, contenidos ideológicos subyacentes que no debemos esquivar, sino enfrentar y debelar.

¿Y por qué la literatura infantil y juvenil es importante para esto? Porque los niños y los jóvenes son los que recién están en formación y porque son las víctimas más indefensas y depredadas por el sistema. Porque se les niega su condición humana, incluso no se les trata como a seres humanos, sino como a “futuros seres humanos”. Porque son esclavos de los mayores, de la casa, de la escuela, de la iglesia y religiones diversas. Porque no tienen participación en las decisiones. Finalmente, porque también tienen derecho a la vida, a saber la verdad, a la construcción y desarrollo de su destino.

No se crea, sin embargo, que la literatura infantil descubre el mundo. El niño como el joven tienen ya un punto de vista, una experiencia y conocimiento que se está moldeando. Su alma como decía alguien, no es una página en blanco, una lámpara para prenderse. Tienen ya un basamento que puede cuestionar lo que le digamos. Nuestra tarea será decir transparentemente las cosas, adecuándolas lúcida y creadoramente al nivel de su conocimiento.

Y esto no podrá ser posible si no nos compenetramos eficazmente en el manejo y conocimiento de nuestra realidad. Pues sólo con una sólida formación personal y un planteamiento ideológico-literario podremos manejar la transmisión de nuestra creación artística, planteando diversas perspectivas para la superación del joven y del niño.

Finalizo diciendo. Para mi la política es sinónimo de cultura, de labor humana social y solidaria, respeto a la vida y a los derechos humanos. Es luchar por el bienestar de las grandes mayorías. Por la realización de la vida cotidiana. Conocer en toda su extensión y profundidad y causas nuestra historia, nuestro ser personal. Es también participación en todas las instancias. Transmitir y consolidar nuestras diversas raíces culturales, comprender nuestra situación actual en lo cultural. Conocer el papel de la democracia y el socialismo. De donde se deduce que toda literatura infantil y juvenil no debe estar desconectada de este quehacer social de la vida cotidiana, ni estar al margen de ella, sino engarzar todo ello de una manera lógica, imaginativa, histórica y natural, para fortalecer la conciencia de nuestros niños y jóvenes, y de paso de nuestro pueblo.

La labor del escritor está planteada. Deber de él es comprometerse en esta lid, tanto contra los “desideologizadores” (literatura light), contra los oficiales (alabadores del sistema), contra los irreales (sostenedores subprepticios del sistema) y contra los aparentes marginales que solamente expresan un desajuste social y una moral aparentemente sin destino, pero son los repetidores de formas culturales extrañas al país, por lo que están alienados por la cultura salvaje del capitalismo.


Juan Cristóbal
juancristobal2001@yahoo.es
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