Juan Cristóbal - rodelu.net |
27 de mayo de 2006
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Recuerdos de Jorge Teillier
Juan
Cristóbal
Conocí
a Jorge, allá por los años 65, cuando viajé a
Chile por un exilio involuntario. El trabajaba en la
Universidad de Chile, en el Boletín, donde publicaban,
junto a otro poeta (Waldo Rojas), la revista.
Recuerdo que yo había comprado, antes de conocerlo,
su libro de poemas "El árbol de la memoria". Cuando se
enteró de ello me preguntó qué poema me había gustado
más. Le respondí: "Cuando todos se vayan". Eso me
abrió las puertas de su amistad (que jamás fueron muy
fáciles para nadie), pues descubrí que era uno de sus
poemas preferidos, junto al de "Retrato de mi padre,
militante comunista". Si bien el poema está dedicado a
Eduardo Molina (un gordito bajito y colorado, buen
conversador, de gran cultura y excelente humor, que
anunciaba siempre un libro -"El Gran Taimado"- que
jamás apareció, que conocía Europa sin haber salido
nunca de Santiago -solamente a través de las
postales-, y que dijo una frase que Jorge siempre
repetía: "La novela es la poesía de los tontos"), en
realidad, el poema es un homenaje a Ray Bradbury
-confesión que me hiciera Jorge- lo cual se puede
colegir de su lectura.
Jorge nació un 24 de junio de 1935, en Lautaro, sur
de Chile, día en que falleciera Carlos Gardel, al que
admiraba de sobremanera Teillier. Y falleció un 22 de
abril de 1996. Está enterrado en el camposanto de La
Ligua, a unos 60 kms. de Santiago, pueblo donde
viviera los últimos cinco años de su vida. De rostro
fino y alargado, a veces melancólico, otras veces aire
distraído, siempre un poco en las nubes, se despachaba
con toda tranquilidad un libro de 300 páginas en un
día y era capaz de comentarlo y criticarlo
acusiosamente pues tenía una extraordinaria y
prodigiosa memoria. Era hincha de la Universidad de
Chile, en Santiago, y del Green Cross, en su pueblo, y
del Celta de Vigo en España. Le encantaba traducir a
Tralk, Gotfried Benn y Serguei Esenin. Era capaz de
recitar, mientras tomaba unas copas de vino, poemas
íntegros de Rilke y Dylan Thomas.
Pero a tres años de su muerte, me gustaría
recordarlo, mas bien, por una veta poco conocida en
él: su fino sentido del humor. Veamos algunas
anécdotas del poeta.
Un día andaba peregrinando con Enrique Lafourcade por
el sur de Chile y le pidió que llegaran a Perquenco.
¿Qué vamos a hacer?, le preguntó el amigo. No sé.
Nada, supongo, contestó el poeta. Y luego de un
momento: Te vas a desilusionar -agregó- porque
Perquenco se cae a pedazos. Como los viejos reinos,
dijo el amigo. Sí, como todos los reyes, contestó el
poeta.
Jorge publicó un poemario titulado "Poemas del País
de Nunca Jamás", inspirado en Peter Pan. Pero él creía
en ese país, y como a todas las cosas que le
agradaban, le inventaba sus mitos. Decía que en ese
país los poetas entran gratis a los parques de
diversiones, y que en una ciudad de Bolivia, una tarde
soltó una silla voladora y mató a cinco poetas
bolivianos, que, por supuesto, habían entrado gratis,
exterminando de este modo a toda la poesía boliviana.
Por lo que durante algunos años no hubo poetas y los
bolivianos se la pasaban llorando y rasguñándose la
piel hasta que comenzaron a crecer unos niños que se
alimentaban de camanchaca, pegados a las ventanas.
A Jorge jamás le encantaba demostrar sus
conocimientos culturales. Silencioso, observador,
escuchaba siempre. Y, al paso, como distraído,
rectificaba fechas, datos, personajes, transformando
al enseñador en enseñado. Todo esto debido a su
educación sureña que ordena "no demostrar
inteligencia". O como decía Borges "no hay que
humillar a los tontos". Jorge afirmaba que Neruda
escribió justamente contra los embajadores tontos,
específicamente contra un "afernandezado afrancesado".
Aconsejando no demostrar nunca inteligencia, sino
cierta simpleza. Por eso los políticos inteligentes no
llegan lejos, decía el poeta de los Veinte poemas de
amor, pues las calidades de político e inteligente
parecen reñidas, excluyentes. Teillier descubrió que
Neruda había tomado la cita del poeta chino Su Tung
Po, quien en el año 1200 escribió: "Hijo mío, quiero
que seas tonto para que puedas llegar a ser
embajador".
Cierta vez Teillier participó en unas jornadas
organizadas por la Universidad Católica llamadas "El
escritor y su fantasma". El acababa de llegar de
México. Se trataba de escuchar a los autores respecto
a su obra, sus demonios y el fantasma personal que
suelen arrastrar. Teillier habló perfectamente de lo
primero y cuando alguien le preguntó: ¿cuál es su
fantasma?, Jorge contó que habia estado en México, que
había visto a sus amigos, que lo había pasado tan bien
conversando con Póli Délano en Cuernavaca que "yo me
quedé allá, y el que ahora habla con ustedes es mi
fantasma", contestó.
En otro encuentro de escritores latinoamericanos,
donde los poetas y escritores se adueñaron prontamente
de la tribuna para debatir el fondo y la forma y los
dominios y terrenos de la literatura latinoamericana,
Jorge de pronto se paró y preguntó en voz alta: "¿No
sería bueno que abriéramos las ventanas de esta sala
para que entre la primavera con sus soles y sus brisas
a oxigenar nuestro espíritu? Podríamos escuchar lo que
vinimos a escuchar y que cada poeta lea lo que tenga
que leer, para que al fin la poesía suba a la
tribuna".
Cierta vez,en una entrevista concedida en marzo del
90, Jorge esbozó una nueva forma para la enseñanza, a
la que denominaba La educación de la Cimarra (La
cimarra es una voz utilizada en los campos chilenos y
argentinos para referirse al hecho de "hacer
novillos", es decir, para el caso, "hacer
estudiantes"). Ella consistía en lo siguiente, según
fundamento del poeta: "La educación de los animales es
más verdadera que la de los hombres, ya que está
regida por los instintos y no por la mentira. Lo
primero que hay que hacer es hacer trizas el
televisor, luego jugar mucho. Incluso los alumnos
pueden pelearse, para que hagan lo que tienen ganas de
hacer. El horario debe ser abierto, día y noche. En el
colegio también deben estudiar mujeres para que todos
pololeen (se enamoren) tranquilamente. En ese colegio
sólo irán profesores que quieran ir y que quieran reir
o llorar con sus alumnos, a pesar de lo cual se les
seguirá pagando. Toda la enseñanza debe ser sin
represión, aunque no sepan lo que están haciendo, ¿por
qué es necesario saberlo?, la cimarra será entretenida
por ella misma. Deben haber muchas canchas de fútbol,
jardines con ajedrez, piscinas y animales, juegos de
cachito y dominó, esto último es muy bueno para la
vida. Y, por supuesto, un bar restaurante. Todo
gratis. ¿Quién pagaria todo esto? Sino hay nadie,
decía melancólicamente y con cierta alegría, la
escuela podría funcionar en un bosque".
Y cuando estuvo en Lima, la primera vez en 1974, y
fue al taller de poesía en San Marcos dijo: "A mí me
han dicho que soy el último romántico, pero lo mismo
le dijeron a mi amigo Teófilo Cid (gran poeta chileno
surrealista:JC)cuando murió, que había dicho: cuando
me muera no va a faltar el idiota que diga, vamos a
enterrar al último romántico. Ojalá que cuando yo
muera digan mejor: vamos a enterrar al último bohemio,
aunque yo he enterrado ya a los últimos 28 bohemios".
Quisiera rescatar, ahora, su concepto sobre el poeta
y la poesía. Decía, especialmente, en los últimos años
de su vida: "No me interesa hablar de poesía, prefiero
hablar con mi gato o el jardinero. Aprendo más y me
aburro menos. No me interesa ser personaje, porque
cuando te ven así, tu poesía pasa a segundo plano. No
me interesa si escribes o no escribes. En cambio ser
poeta en serio es una responsabilidad. La gente no
debe escribir poesía, deben ser poetas. La poesía no
es una carrera, eso queda para la hípica. La poesía es
la lucha contra nuestro enemigo el tiempo y un intento
de integrarse a la muerte, de la cual tuve conciencia
desde muy niño. La poesía no me interesa sólo como
acto estético, sino ético. Una manera de cambiar el
mundo es empezando a cambiarse a sí mismo. No importa
ser bueno o mal poeta, sino transformarse en poeta,
luchar contra el universo que se deshace, no aceptar
los valores que no sean poéticos, de nada vale
escribir poemas si somos personajes antipoéticos".
Teillier, en sus últimos libro, habló mucho sobre los
bares y los seres marginales, los "dioses deribados",
los outsiders que deambulan, tras el fracaso, por
viejas cantinas de pueblo chico o suburbios antiguos
de ciudades grandes. En 1991 declaró a Carlos
Olivarez: "Me gusta el bar porque es un lugar de
solitarios. Yo veo el bar como un barco, los
concurrentes son la tripulación". Le encataba también
conversar con los boxeadores, especialmente
fracasados. Y en La Ligua, los escolares cuando salían
del colegio al mediodía, iban a conversar con el poeta
en un bar donde siempre estaba al mediodía para
conversar sobre literatura e historia (Jorge estudió
Historia pero no pudo terminar la profesión).
Teillier publicó fundamentales libros, entre otros:
El árbol de la memoria, Para ángeles y gorriones,
Poemas del Pais de Nunca Jamás, Para un pueblo
fantasma, Cartas parea reinas de otras primaveras, El
molino y la higuera. En Lima le publicamos un poema
inédito: "Invoco un nombre: Pablo" (Arteidea 1997),
dedicado a Pablo Neruda. Dejó (hasta ahora) dos libros
póstumos: Hotel Nube y El mudo corazón del bosque
(verso tomado de un poema de O.W. Milosz, felizmente
ya editados). Con Jorge publicamos "La isla del
tesoro" en 1982, que fue maltratado por cierto
critiquillo de sobrenombre andino, en un diario de
izquierda. Poemario que fue reeditado en Chile en
1996, en homenaje a su fallecimiento y en el marco de
la Feria del Libro por la editorial Dolmen, a la cual
fui invitado para la presentación del mismo. Lo que
constituyó mi mayor alegría. Bueno, dejemos al poeta,
y que las aves y la lluvia sigan viviendo y creciendo
en su gloriosa y generosa leyenda.
Juan
Cristóbal
juancristobal2001@yahoo.es
http://es.geocities.com/juancristobal2001
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