Valoración crítica:
"Las tradiciones peruanas"
Juan
Cristóbal
La
gloria mayor de don Ricardo Palma es, sin lugar a
dudas, la creación de un singular género narrativo:
las Tradiciones (tradicionalista por excelencia, es
decir, el creador de las tradiciones, y no
tradicionista, que es simplemente el compilador o
narrador de tradiciones). Conciente de ello y de su
repercusión en todo el ámbito hispánico, Palma
desplegó una lucidez artística sin parangón en su
tiempo; bien podría afirmarse que es el primer
escritor peruano en plena posesión -originalidad y
conciencia- de sus medios expresivos.
La palabra Tradición posee un orígen latino. Se
deriva de Traditio, cuya versión castellana sería
consignar, y aun mejor, entregar. La entrega supone
desprenderse no solamente del objeto, sino renunciar a
aquella invisible vinculación que une al objeto con el
hombre. Aquel que entrega, es doblemente generoso; con
la generosidad física de lo que ve, y con la sutil
generosidad de lo invisible, que es al mismo tiempo
renunciamiento y concesión magnánima. Asi es la
actitud de Palma ante el pasado, o ante el presente
próximo que él transforma al hacerlo pasar por el
precioso tamiz de su artificio creador.
La labor de Palma en la constitución de una
literatura nacional adquiere una dimensión hasta
entonces inexistente dentro de la lengua castellana.
En sentido estricto, los cronistas (como Garcilaso o
Huamán Poma de Ayala) no son creadores literarios, no
son forjadores de mundos ficticios cuya validez
central radique en lo estético. Tampoco los poetas
como Melgar alcanzan la personalidad creadora y la
altísima calidad artística del tradicionalista (aunque
esto sea absolutamente discutible). Sólo después de
Palma surgen autores poderosos como González Prada,
Eguren, Chocano (que no es de mi agrado) y Valdelomar.
El primer autor que claramente supera la empresa de
Palma, demostrando genialidad universal, es Vallejo,
quien precisamente publica "Los heraldos negros" en
los últimos meses de la existencia de Palma.
La empresa fundadora de Palma se encarnó en la
Tradición, único género hasta ahora inventado por un
narrador peruano. Un género que es, también, un
estilo, uno de los pocos intransferibles de la
narrativa nacional.
Palma nos ha legado algunas caracterizaciones de su
Tradición. Nos dice: "No es más que una de las formas
que puede revestir la Historia, pero sin los escollos
de ésta. Cumple a la historia narrar los sucesos
secamente, sin recurrir a las galas de la fantasía, y
apreciarlos con imparcialidad de juicio y elevación de
propósitos. Menos estrechos y peligrosos son los
límites de la Tradición. A ella, sobre una pequeña
base de verdad, le es lícito edificar un castillo. El
tradicionalista tiene que ser poeta y soñador". Es
decir, ficción a partir de la historia, especialmente
de las anécdotas conservadas en la memoria popular. Ya
que, como acepta Porras, es el género que mejor
representa el "americanismo en literatura" y que
trasunta un americanismo más profundo al asumir la
óptica popular, proclive a creencias maravillosas.
Palma comprendió bien la textura de sus Tradiciones.
No eran ni leyendas ni cuentos, ni novelas cortas.
Como él mismo decía: "Eran de estilo ligero, frase
redondeada, sobriedad en las descripciones, rapidez en
el relato, presentación de personajes y caracteres en
un rasgo de pluma, diálogo sencillo a la par que
animado, novela homeopática, en miniatura".Y, por
supuesto, todo ello impregnado de humor, de crítica
socarrona (liberal, anticlerical, favorable al
progreso) y de una visión abarcadora de la experiencia
nacional, trazando, al decir de Ventura García
Calderón, la "Comedia Humana del Perú".
Por ello, no es un lugar común, decir que la imagen
que hoy tenemos de la Colonia y de los primeros años
de la república se lo debemos a la obra de Palma. Y su
influencia es tan grande que no es necesario haberlas
leído para ser partícipe de esa visión, ya que ella se
transmite también por otros medios y ha arraigado
tanto que resulta difícil concebir ese pasado de
manera diferente. Ningún escritor peruano ha logrado
de modo tan perfecto como Palma hacernos ver la
realidad a través de su propia obra; quizá sólo
Arguedas se le acerque.
La Tradición fue un género de estirpe romántica que
buscaba nutrirse de las creencias populares,
rescatarlas y difundirlas. Escoge como tema antiguas
leyendas o episodios más o menos históricos y los
recrea, les va vida en narraciones cortas, en prosa o
en verso. Y fue capaz de desarrollarse cuando aun
campeaba la imitación de modelos extranjeros
-españoles y franceses- y de imponer una escritura de
contenido regional que iba más allá del simple
costumbrismo, recortado a lo inmediato y a lo local,
pues Palma se desplaza a todas las épocas y a todas
las regiones en busca de temas breves pero reveladores
del ser mestizo latinoamericano, y se desenvuelve con
gracia y sabor característicos.
Pero su originalidad no reside, como se cree, en
haber cargado el acento sobre lo histórico, sino en
haber aprovechado el habla popular introduciendo en la
Tradición un lenguaje oralizante. Empero, la
espontaneidad del lenguaje, su oralidad y natural
encanto, asi como la fluidez y el danimismo narrativos
que caracterizan el estilo palmista provienen de un
trabajo atento y riguroso y de la elaboración
inagotable y de la investigación de prístinas fuentes
históricas.
Bien dice Mariátegui, "Palma interpreta el mediopelo"
(la clase media empobrecida). No es, sin embargo, que
la mayoría de sus personajes pertenezcan a este grupo,
lo que sucede es que el "lector ideal" de Palma es el
del mediopelo. El narrador se dirige a él, adopta sus
actitudes, su sistema de valores. Al mediopelo imita
cuando suscribe su religiosidad ingenua, su admiración
por la caballerosidad, su deslumbramiento por el
boato. Para adptarse al mediopelo son sus
simplificaciones: la Colonia es la Inquisición y la
galantería, la religiosidad y la beatería.
Otra de las características de la Tradición es su
peruanismo. Palma se nutre del suceso nacional,
penetra en las fuentes verdaderas de nuestra historia
y extrae de ellas personajes y acontecimientos para
presentárnoslos con el ropaje que le da su ingenio y
su humor. Y aunque a veces desfigura en algo la
perspectiva histórica, aunque acuse dóciles nostalgias
virreynales, aunque se resienta de intrascendencia o
superficialidad muchas de ellas, en todas encontramos
un ángulo de nuestro espíritu, que no es de intensidad
meditativa, pero si de intenso espíritu emocional.
Otras críticas que se pueden hacer son las
siguientes. De las 453 tradiciones incorporadas a las
obras completas de Palma, la gran mayoría toman como
escenario Lima. La Colonia postergó cualquier otro
momento de la historia del Perú, porque mientras
apenas se conocen seis tradiciones sobre los incas y
la conquista, y 51 sobre la república, más de 200 se
ubican en la colonia.
En las tradiciones Palma se esforzó en brindar al
lector peruano una imagen de su pasado, pero de hecho,
esta imagen condujo a la identificación entre historia
nacional y colonia, la que, a su vez, se confundió con
el devenir de una ciudad y, a la postre, con los
acontecimientos de un momento determinado: el tránito
del virreynato a la república.
Se le ha reprochado a Palma, igualmente, haber
inventado Lima: supuestamente la habría imaginado como
una ciudad apacible, habitada por "una galería de
cortesanos respetuosos y respetables" en la que
primaba una alegre e irresponsable resignación. Ante
la frustración republicana, la sociedad colonial sería
una alternativa. Mundo en reposo, exento de conflictos
sociales, a la que si bien es imposible volver,
siempre se puede encontrar en los caminos de la
imaginación. Esta mixtificación habría conseguido -al
decir de Alberto Flores Galindo- el éxito de ocultar
la verdadera ciudad para sustituir en la memoria de
los habitantes de Lima, "la historia por la mentira".
Otro ensayista apasionado acusó a Palma de haber
elaborado un "estupefaciente literario".
Para Julio Ramón Ribeyro, la explicación terminaba
siendo bastante elemental: "Si la imagen palmiana de
Lima subsiste es porque nadie ha sido capaz de
desembarazarnos de ella".
En Palma, efectivamente, existe una imagen de la
sociedad colonial donde casi no aparecen los indios y,
aunque figuran los esclavos, la mayoría de los
personajes se inscriben en lo que podríamos denominar
como la plebe de la ciudad. De esta manera, en el
recuerdo, Lima aparece escindida entre aristocracia y
plebe. Las capas medias también tienen escasos
representantes y también se mencionan a pocos
intelectuales (Unánue y Baquíjano). La explicación
quizá pueda encontrarse en que las tradiciones no
tienen como escenario paisajes rurales, ni menos se
encierran en alguna casona; por el contrario,
privilegian la ciudad y las calles pobladas en el
siglo XVIII por esos esclavos y semiempleados que
salían "en busca del jornal", pues la plebe vivía en
la calle.
Un reproche final. Palma no produjo ningún tipo
social de la colonia. Aparecen en las tradiciones
diversos aristócratas, pero no se dibuja la imagen
social de la aristocracia. De igual manera aparece la
plebe, pero no el plebeyo. Es que la Lima de Ricardo
Palma es la Lima plebeya. Aquí radica la clave de su
persistencia como imagen de la ciudad. De hecho,
mientras la aristocracia no pudo resistir el vendaval
de la independencia, el destino de la plebe siguió
asociado a Lima.