Juan Cristóbal Juan Cristóbal - rodelu.net
24 de junio de 2006

Valoración crítica:

"Las tradiciones peruanas"

Juan Cristóbal

La gloria mayor de don Ricardo Palma es, sin lugar a dudas, la creación de un singular género narrativo: las Tradiciones (tradicionalista por excelencia, es decir, el creador de las tradiciones, y no tradicionista, que es simplemente el compilador o narrador de tradiciones). Conciente de ello y de su repercusión en todo el ámbito hispánico, Palma desplegó una lucidez artística sin parangón en su tiempo; bien podría afirmarse que es el primer escritor peruano en plena posesión -originalidad y conciencia- de sus medios expresivos.

La palabra Tradición posee un orígen latino. Se deriva de Traditio, cuya versión castellana sería consignar, y aun mejor, entregar. La entrega supone desprenderse no solamente del objeto, sino renunciar a aquella invisible vinculación que une al objeto con el hombre. Aquel que entrega, es doblemente generoso; con la generosidad física de lo que ve, y con la sutil generosidad de lo invisible, que es al mismo tiempo renunciamiento y concesión magnánima. Asi es la actitud de Palma ante el pasado, o ante el presente próximo que él transforma al hacerlo pasar por el precioso tamiz de su artificio creador.

La labor de Palma en la constitución de una literatura nacional adquiere una dimensión hasta entonces inexistente dentro de la lengua castellana. En sentido estricto, los cronistas (como Garcilaso o Huamán Poma de Ayala) no son creadores literarios, no son forjadores de mundos ficticios cuya validez central radique en lo estético. Tampoco los poetas como Melgar alcanzan la personalidad creadora y la altísima calidad artística del tradicionalista (aunque esto sea absolutamente discutible). Sólo después de Palma surgen autores poderosos como González Prada, Eguren, Chocano (que no es de mi agrado) y Valdelomar. El primer autor que claramente supera la empresa de Palma, demostrando genialidad universal, es Vallejo, quien precisamente publica "Los heraldos negros" en los últimos meses de la existencia de Palma.

La empresa fundadora de Palma se encarnó en la Tradición, único género hasta ahora inventado por un narrador peruano. Un género que es, también, un estilo, uno de los pocos intransferibles de la narrativa nacional.

Palma nos ha legado algunas caracterizaciones de su Tradición. Nos dice: "No es más que una de las formas que puede revestir la Historia, pero sin los escollos de ésta. Cumple a la historia narrar los sucesos secamente, sin recurrir a las galas de la fantasía, y apreciarlos con imparcialidad de juicio y elevación de propósitos. Menos estrechos y peligrosos son los límites de la Tradición. A ella, sobre una pequeña base de verdad, le es lícito edificar un castillo. El tradicionalista tiene que ser poeta y soñador". Es decir, ficción a partir de la historia, especialmente de las anécdotas conservadas en la memoria popular. Ya que, como acepta Porras, es el género que mejor representa el "americanismo en literatura" y que trasunta un americanismo más profundo al asumir la óptica popular, proclive a creencias maravillosas. Palma comprendió bien la textura de sus Tradiciones. No eran ni leyendas ni cuentos, ni novelas cortas.

Como él mismo decía: "Eran de estilo ligero, frase redondeada, sobriedad en las descripciones, rapidez en el relato, presentación de personajes y caracteres en un rasgo de pluma, diálogo sencillo a la par que animado, novela homeopática, en miniatura".Y, por supuesto, todo ello impregnado de humor, de crítica socarrona (liberal, anticlerical, favorable al progreso) y de una visión abarcadora de la experiencia nacional, trazando, al decir de Ventura García Calderón, la "Comedia Humana del Perú".

Por ello, no es un lugar común, decir que la imagen que hoy tenemos de la Colonia y de los primeros años de la república se lo debemos a la obra de Palma. Y su influencia es tan grande que no es necesario haberlas leído para ser partícipe de esa visión, ya que ella se transmite también por otros medios y ha arraigado tanto que resulta difícil concebir ese pasado de manera diferente. Ningún escritor peruano ha logrado de modo tan perfecto como Palma hacernos ver la realidad a través de su propia obra; quizá sólo Arguedas se le acerque.

La Tradición fue un género de estirpe romántica que buscaba nutrirse de las creencias populares, rescatarlas y difundirlas. Escoge como tema antiguas leyendas o episodios más o menos históricos y los recrea, les va vida en narraciones cortas, en prosa o en verso. Y fue capaz de desarrollarse cuando aun campeaba la imitación de modelos extranjeros -españoles y franceses- y de imponer una escritura de contenido regional que iba más allá del simple costumbrismo, recortado a lo inmediato y a lo local, pues Palma se desplaza a todas las épocas y a todas las regiones en busca de temas breves pero reveladores del ser mestizo latinoamericano, y se desenvuelve con gracia y sabor característicos.

Pero su originalidad no reside, como se cree, en haber cargado el acento sobre lo histórico, sino en haber aprovechado el habla popular introduciendo en la Tradición un lenguaje oralizante. Empero, la espontaneidad del lenguaje, su oralidad y natural encanto, asi como la fluidez y el danimismo narrativos que caracterizan el estilo palmista provienen de un trabajo atento y riguroso y de la elaboración inagotable y de la investigación de prístinas fuentes históricas.

Bien dice Mariátegui, "Palma interpreta el mediopelo" (la clase media empobrecida). No es, sin embargo, que la mayoría de sus personajes pertenezcan a este grupo, lo que sucede es que el "lector ideal" de Palma es el del mediopelo. El narrador se dirige a él, adopta sus actitudes, su sistema de valores. Al mediopelo imita cuando suscribe su religiosidad ingenua, su admiración por la caballerosidad, su deslumbramiento por el boato. Para adptarse al mediopelo son sus simplificaciones: la Colonia es la Inquisición y la galantería, la religiosidad y la beatería.

Otra de las características de la Tradición es su peruanismo. Palma se nutre del suceso nacional, penetra en las fuentes verdaderas de nuestra historia y extrae de ellas personajes y acontecimientos para presentárnoslos con el ropaje que le da su ingenio y su humor. Y aunque a veces desfigura en algo la perspectiva histórica, aunque acuse dóciles nostalgias virreynales, aunque se resienta de intrascendencia o superficialidad muchas de ellas, en todas encontramos un ángulo de nuestro espíritu, que no es de intensidad meditativa, pero si de intenso espíritu emocional.

Otras críticas que se pueden hacer son las siguientes. De las 453 tradiciones incorporadas a las obras completas de Palma, la gran mayoría toman como escenario Lima. La Colonia postergó cualquier otro momento de la historia del Perú, porque mientras apenas se conocen seis tradiciones sobre los incas y la conquista, y 51 sobre la república, más de 200 se ubican en la colonia.

En las tradiciones Palma se esforzó en brindar al lector peruano una imagen de su pasado, pero de hecho, esta imagen condujo a la identificación entre historia nacional y colonia, la que, a su vez, se confundió con el devenir de una ciudad y, a la postre, con los acontecimientos de un momento determinado: el tránito del virreynato a la república.

Se le ha reprochado a Palma, igualmente, haber inventado Lima: supuestamente la habría imaginado como una ciudad apacible, habitada por "una galería de cortesanos respetuosos y respetables" en la que primaba una alegre e irresponsable resignación. Ante la frustración republicana, la sociedad colonial sería una alternativa. Mundo en reposo, exento de conflictos sociales, a la que si bien es imposible volver, siempre se puede encontrar en los caminos de la imaginación. Esta mixtificación habría conseguido -al decir de Alberto Flores Galindo- el éxito de ocultar la verdadera ciudad para sustituir en la memoria de los habitantes de Lima, "la historia por la mentira". Otro ensayista apasionado acusó a Palma de haber elaborado un "estupefaciente literario".

Para Julio Ramón Ribeyro, la explicación terminaba siendo bastante elemental: "Si la imagen palmiana de Lima subsiste es porque nadie ha sido capaz de desembarazarnos de ella".

En Palma, efectivamente, existe una imagen de la sociedad colonial donde casi no aparecen los indios y, aunque figuran los esclavos, la mayoría de los personajes se inscriben en lo que podríamos denominar como la plebe de la ciudad. De esta manera, en el recuerdo, Lima aparece escindida entre aristocracia y plebe. Las capas medias también tienen escasos representantes y también se mencionan a pocos intelectuales (Unánue y Baquíjano). La explicación quizá pueda encontrarse en que las tradiciones no tienen como escenario paisajes rurales, ni menos se encierran en alguna casona; por el contrario, privilegian la ciudad y las calles pobladas en el siglo XVIII por esos esclavos y semiempleados que salían "en busca del jornal", pues la plebe vivía en la calle.

Un reproche final. Palma no produjo ningún tipo social de la colonia. Aparecen en las tradiciones diversos aristócratas, pero no se dibuja la imagen social de la aristocracia. De igual manera aparece la plebe, pero no el plebeyo. Es que la Lima de Ricardo Palma es la Lima plebeya. Aquí radica la clave de su persistencia como imagen de la ciudad. De hecho, mientras la aristocracia no pudo resistir el vendaval de la independencia, el destino de la plebe siguió asociado a Lima.


Juan Cristóbal
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