Juan Cristóbal - rodelu.net |
19 de agosto de 2007
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Juan Cristóbal
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Presentación del libro "Sueños"
Me encantaria poder darles un abrazo a todos y un beso a ciertas personas. Los doy por enviados y recibidos. Estoy feliz de compartir esta noche de invierno con Uds. Una noche que debe tener el tinte de los más puros e inocentes arrebatos. Darle las gracias a Jorge Luis Roncal, Margot Palomino y Oswaldo Reynoso, reconocidos escritores y cantantes, por compartir y avalar, de alguna forma, esta instancia grata de la locura.
Juan Cristóbal en Centro Cultural de España el 13 de agosto de 2007
Comencé a pensar en este libro cuando no podía dormir. Y cuando lo comencé a escribir, dejé de pensarlo, simplemente lo comencé a escribir sin soñar que era escritor.
Si hubiese sido más irreverente, hubiera escrito algo más serio y atrevido, más sugerente y sugestivo. Pero me ganaron las musarañas, las gaviotas y las causas perdidas: ese lugar donde algún día se se darán un abrazo el pasado y el futuro que muchos anhelamos.
Me dejé llevar, lamentablemente, por las arbitrariedades del orden y de la seriedad, y en vez de ser un subversivo, como deseé ser toda mi vida, me entregué a los dictados perniciosos de la lógica y la razón, y no a las de la libertad y felicidad: las fruta pohibidas de estos años.
Si hubiese sido un rebelde, no me hubiese importado tanto que algunos amigos, que me invitaban a beber, llegasen a tenerme lástima por llegar ebrio a sus reuniones. Pero, felizmente, como dice Woody Allen, soy ateo, la oposición permanente a Dios.
Tampoco me perdono sentir tanta culpa cuando llamo, a las dos o tres de la mañana, a algunas amigas, para que traten de descubrir que lo único que deseo es hacerles saber mi soledad desde mis más incrédulas y recónditas oscuridades. Tal vez lo hago porque no supe amar debidamente, aunque si salto de alegría cuando meto un gol o descubro una estrella lejana. Y una razón más, la que con tanta brillantez dijera el gran Antonio Machado, “el hombre no es tal, mientras no oye su nombre en los labios de una mujer”.
Si hubiese tenido cierta dosis de osadía, me hubiese armado de valor, y como Billy the Kid, ese famoso bandolero del antiguo oeste, no hubiese obedecido esa voz llena de ternura, autoridad y sabiduría que emana de mi hija, y me hubiese extraviado, sin ningún tipo de razón, por las misteriosas Huacas celestiales de Magdalena, para que sigan creyendo, los amos del poder y la globalización, que continuamos siendo unos seres improductivos.
Si no me hubiese importado tanto “el qué dirán de las personas”, hubiese seguido durmiendo en las tabernas y andando con los pantalones hechos unos desbarajustes, oliendo a vino, pólvora y dinamita, debiéndole a los amigos y hablando mal de los críticos y editores y de ciertos ecritores que reniegan de su vida, mientras continuaría rompiéndome, alegremente, el alma y la cabeza en todas las esquinas.
Y si hubiese sido más atrevido, hubiese construido una escuela, donde solamente hubieran bibliotecas submarinas donde los escolares pudieran amar y jugar libremente “callao, cinco rayas” y a la seriedad de los caballos. Y con los ahorros que perdí en las fiestas de los barrios, hubiese levantado un bar con un mostrador del tamaño del arcoiris que llegase hasta el cielo, para que todos los borrachitos tengan tragos de todos los colores.
Si todo esto, y más, lo hubiese asumido, con la voracidad del mar o la fuerza de los terremotos andinos, otras serían las densidades y sorpresas de este libro. Hubiese sido una especie de músico vidente tocando en una orquesta de ciegos, porque no hubiese tomado a la vida de manera tan indolente y egoísta, sino la hubiese enfrentado al igual que Jack el Destripador, como el lado oscuro de la luna… pero ahora, hasta los huesos me duelen, y no porque esté envejeciendo, sino porque me causa risa mi desdicha.
Por eso, cuando terminé el libro, lloré de vergüenza, pero me vengué de mis enemigos repitiéndome una adivinanza que jamás pude adivinar, y que comparto con uds, porque no siempre el autor tiene que triunfar, sino también debe ser conciente de sus derrotas:
Cuando me siento, me estiro.
Cuando me paro, me encojo.
Entro al fuego y no me quemo,
Entro al agua y no me mojo.
Y no sé por qué, recordaba, en las más frías madrugadas, casi de manera obsesiva, ese proverbio africano que dice: “Hasta que los leones no tengan sus propios historiadores, las historias de cacería seguirán glorificando al cazador”-
Fue cuando puse en manos de una amiga psiquiatra estos SUEÑOS para que me diera su opinión. Y ella, de una sola leída, y sin el menor reparo de mirarme a los ojos, me dijo: “Son “sueños lúcidos”, porque uno se da cuenta de lo que tratas de decir o lo que estás soñando, porque diriges el sueño, lo manipulas, lo cambias de lugar, lo haces ir por lugares desconocidos, lo haces perdurar en la memoria…”. Le pregunté, estupefacto: ¿entonces son profecías?, ¿mensajes mentales? “Tampoco, me respondió, son experiencias espirituales, hiperrealidades de la realidad…”. Por respeto a nuestra amistad, no la mandé a los límites más inescrutables del universo.
Entonces, frente a esta descachalandrada situación, decidí escribir un pequeño prólogo, para no quedar desarmado frente a la vida, que se titula, “A modo de vigilia”, que está incorporado en el libro, y que no voy a leer por razones justificadamente entendibles. Señalo, finalmente, que si no lo entienden no será culpa mía. La mochila ya está repleta. Una atingencia última: como se darán cuenta, antes entregaba poemas donde desbordábase la desdicha, las frustraciones, la desesperanza, a veces la alegría, el amor, pocas veces la ternura o los afectos, pero esta vez les entrego algo que va más alla de todo ello y que abarca todo ello: mis SUEÑOS.
Algunos de los "Sueños" del libro publicados en la página
Juan
Cristóbal
juancristobal2001@yahoo.es
http://es.geocities.com/juancristobal2001
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