Kintto Lucas - rodelu.net |
13 de noviembre de 2007
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Un símbolo de la peor historia de España
Kintto Lucas*
Juan Carlos, el español al que algunos consideran rey
(título que además de ser ridículo para el siglo XXI,
no tiene ninguna representatividad popular y ha
comenzado a ser cuestionado en la propia España -¿por
qué no hacen un referéndum consultando al pueblo
español si quiere tener un rey? o ¿si está de acuerdo
en que éste sea el rey o cualquier otro?-, aunque sea
defendido por ex soldados del franquismo), en la
última Cumbre Iberoamericana se enojó con el
presidente venezolano Hugo Chávez (éste sí, guste o
no, elegido y reelegido por el pueblo de su país) por
haber dicho cuatro verdades sobre José María Aznar
(una especie de Carlos Menem español que se pasea
libremente por América Latina intentando
desestabilizarla), y puso de manifiesto que la figura
del rey en España es un símbolo de la peor historia de
ese país, aquella que produjo la muerte de tantos y
tantas.
El incidente me hizo recordar un texto que escribí en
febrero de 1992 como introducción a mi libro
Rebeliones indígenas y negras en América Latina, en el
que mencionaba los intereses españoles en el festejo
por los 500 años de la llegada de Cristóbal Colón a
este continente, intereses que quedaron en evidencia
tiempo después y que perjudicaron a muchos países de
la región, privatizaciones mediante, intereses
representados simbólicamente por ese señor que algunos
consideran rey, intereses que comienzan a ser
afectados por algunos gobiernos latinoamericanos
soberanos, gobiernos que son parte de lo que por 1992
denominé la Era Latinoamericana. Aquel texto se
titulaba El año Uno de la Era Latinoamericana, decía y
dice así:
UNO
A 500 años del llamado “descubrimiento de América”, el
gobierno español y sus pares latinoamericanos,
apoyados por Estados Unidos y los países de la
Comunidad Económica Europea, festejan el gran
aniversario. Sin embargo, no voy a hablar de ese
proceso que, iniciado con la llegada de Cristóbal
Colón, llevó a la destrucción de culturas, a la
usurpación de tierras y riquezas, a la explotación y
casi exterminio de los indígenas. Tampoco recordaré
que la conquista se sigue procesando, y que los
pueblos latinoamericanos siguen sufriendo la maldición
de las riquezas que aún quedan en estas tierras como
diría Eduardo Galeano. Que tras el oro, el petróleo,
el uranio, se lanzan hambrientas las transnacionales,
conquistadoras modernas, descendientes de aquellos que
invadieron estos pagos. No quiero recordar eso, ni
hablar de los intereses del gobierno español y sus
aliados de la OTAN en perpetuar la humillación de
nuestro continente utilizando el aniversario como
fachada para transformar a España en puerta de entrada
de los “inversores” de la CEE hacia América Latina,
para lucrar con las privatizaciones. Ni siquiera
intentaré rebatir el significado histórico que dan los
historiadores colonizados del continente al hecho que
denominan “encuentro de dos mundos”.
Prefiero pensar en el Año Uno. El Año Uno es, nada más
ni nada menos, el año posterior al del V Centenario.
Tal vez el año que comencemos a reconstruir nuestro
destino de América Latina, esa gran Patria Grande
pluricultural y multiétnica. Avida de soluciones a sus
problemas sociales y económicos. Ansiosa de libertades
y participación. Con la necesidad imperiosa de
transformase en un verdadero nuevo mundo, en el que la
solidaridad, la soberanía, y la participación de los
pueblos sean reales.
Para que el año uno sea el comienzo transformador,
debemos comenzar por rescatar el pasado dormido en las
bibliotecas, y contrarrestar una historia resignada de
antemano en las escuelas y liceos. Hay que desenterrar
la verdadera historia, liberándola de estatuas, museos
y libros empolvados.
DOS
Hay que reconstruir la creatividad de América Latina,
comenzando ser América Latina, estructurando un nuevo
tipo de sociedad, opuesta a la sociedad capitalista
que nos agobia y a la sociedad estalinista que agobió
el Este europeo. La nueva sociedad latinoamericana
debe tener capacidad de hacerse cargo, con su propias
fuerzas y sus propios medios, de una realidad que no
es europea ni norteamericana. Una sociedad capaz de
saber con qué elementos está hecho este gran país que
denominamos nuestro continente, y como podrá ir
caminando por ideas, métodos y formas organizativas
nacidas de su propia geografía, sin inventarse
fantasías. Para eso habrá que pelear mucho y será
necesario tener una cabeza abierta, capaz de
contrarrestar el proyecto de las clases dominantes que
siguen limitando las posibilidades a una solución de
la problemática económica, en la medida que llevan al
continente a ser objeto de políticas ajenas a nuestro
ser, como la privatización, bloqueando así la
potencialidad de las mayorías de constituirse en
sujeto político de sus propios intereses.
Para comenzar a construir esa nueva sociedad es necesario
que los sectores revolucionarios, junto a la gente,
tropiecen con la historia real, comprobando que donde
se creían predominantes las ideologías globalizantes o
totalizadoras presenciamos la transición hacia el
dominio de otras formas comunicativas, como la cultura
en general, el arte, las religiones, las costumbres,
las diversidades, los submundos y la subjetividad del
pensamiento. ¡Cuidado! Esto no significa el fin de las
ideologías, sino un estudio más abierto, menos
cuadrado de sus influencias en la actualidad. La llave
del circulo opresor de América Latina no está solo en
la política y la economía, sino también a nivel
subjetivo de la sociedad.
Esto obliga a estudiar,
resignificar y aprehender todo lo que represente la
cultura latinoamericana -mitos, creencias, leyendas,
la verdadera historia- para que, vinculándola a un
quehacer liberador, se puedan extraer alternativas
propias de un camino en el que -rescatando la vigencia
del socialismo- se tenga en cuenta al ser humano con
todas sus potencialidades y debilidades. Con todos sus
mundos, vivencias y creencias. Y así partir hacia a la
construcción de un nuevo ser humano más solidario, más
colectivo, más unido y más respetuoso de las
individualidades y las diversidades. Un ser con una
verdadera identidad. Debemos reconfirmar el espíritu
que nos haga saltar de la fatalidad impuesta a la
esperanza cierta, en palabras de Galeano.
TRES
Es necesario realizar una contraconquista y conquistar
con el pueblo, el lugar y el poder donde reside el
dominio de la subjetividad, que señalando como debe
ser el nuevo mundo, sabrá decir como debe ser el nuevo
pueblo y cuál es su misión en la dirección de una
nueva sociedad.
Hoy más que nunca las fuerzas populares del continente
deben partir de América Latina para llegar a América
Latina. Conocer América Latina y tornarla nuestra,
como dice José Martí, es el desafío y el camino de su
liberación. Ese camino, esa salida, requiere de una
amplia participación de todos los oprimidos de esta
sociedad. Será plurinacional (latinoamericana) por
popular y diversa, popular y diversa por democrática,
y democrática por su capacidad de participación desde
la base, desde la raíz; en la consolidación de una
sociedad revolucionaria por socialista, socialista por
comunitaria, y comunitaria por el rescate del ser
humano en la construcción colectiva de un poder
popular. El destino de cada uno de nuestros países se
juega como nunca antes en el de toda América Latina.
El camino a Nuestra América no es fácil, exige un
esfuerzo de imaginación que sobrepase la sustitución
de economicismo estalinista por el economicismo
neoliberal o la adaptación al capitalismo, pintándose
la cara de otro color. Una imaginación necesaria para
contrarrestar el robo de la palabra integración por
parte de las clases dominantes, e impuesto desde los
centros de poder del norte. La integración no es de
forma sino de espíritu y propósitos, como decía
Bolívar, y está íntimamente ligada a la construcción
de un Nuevo Ser latinoamericano. Un ser dueño de si
mismo, capaz de conducir su propio destino como
señalara Artigas.
En el año del V centenario de la conquista, resulta
imprescindible que los pueblos latinoamericanos nos
acerquemos más a nuestra realidad pluricultural,
multiétnica y plurinacional, proyectando el hecho
puntual de 1992 hacia una lucha común por la libertad
del continente. Que en el Año Uno de la Era
Latinoamericana, Abya Yala, la tierra en plena
madurez, nuestro continente, sea transformada por la
sabiduría; Amaru, la serpiente sagrada, la resguarde y
el Cóndor proteja a sus pueblos. Que en el Año Uno
comience la consolidación de una nueva historia, para
que en los próximos 500 años el festejo pertenezca a
los pueblos... Comencemos caminado la memoria.
12 de noviembre de 2007
Kintto Lucas
Escritor y periodista uruguayo radicado en Ecuador
Tintají Informa
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