Naomi Klein - rodelu.net
27 de April de 2003
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MASIOSARE- LA JORNADA de México - 27 de April de 2003

Una postal de Argentina

Cuando trabajar es un delito

NaomiKlein *
Hace unos días la fábricaBrukman, que produce trajes para hombres, fue desalojada con violenciapor la policía de Buenos Aires. Brukman es una ‘fábrica ocupada’,una de las casi 200 del país que han sido tomadas y administradaspor sus trabajadores en el último año y medio. 
Brukman –dice la autora– representaahora una nueva forma de movimiento laboral, que no está basadoen la suspensión de las labores, sino en la firme determinaciónde mantenerse trabajando.

EN 1812, BANDAS DE TEJEDORESy urdidores británicos allanaron las fábricas de textilesy destrozaron las máquinas industriales con sus martillos. Segúnlos ludistas, los nuevos telares mecanizados habían eliminado milesde trabajos, fragmentado comunidades, y merecían ser destruidas.El gobierno británico discrepó y llamó a un batallónde 14 mil soldados, que brutalmente reprimió la revuelta de lostrabajadores y protegió las máquinas. 

Adelantémonos dos siglos aotra fábrica textil, ésta en Buenos Aires. En la fábricaBrukman, que ha estado produciendo trajes para hombre durante 50 años,es el allanamiento policiaco el que destroza las máquinas de cosery los 58 trabajadores que arriesgan sus vidas para protegerlas. 

El lunes, la fábrica Brukmanfue el escenario de la peor represión que Buenos Aires ha tenidoen el último año. La policía desalojó a lostrabajadores en medio de la noche y convirtió la cuadra entera enuna zona militar, resguardada por armas y perros de ataque. Imposibilitadosde entrar a la fábrica y entregar un importante pedido de 3 milpantalones, los trabajadores congregaron a una gran multitud de simpatizantesy anunciaron que era tiempo de regresar a trabajar. 

A las 17 horas [hora local], 50 costurerasde edad madura, con peinados no-rebeldes, zapatos cómodos y batasazules de trabajo, caminaron hacia la valla negra de policías. Alguienempujó, la valla cedió, y las mujeres de Brukman, desarmadasy brazo con brazo, entraron lentamente. 

Habían dado sólo algunospasos cuando la policía empezó a disparar: gases lacrimógenos,cañones de agua, balas de goma, primero, seguidas de plomo. La policíaincluso acusó a las Madres de Mayo, quienes usan unos pañuelosen la cabeza bordados con los nombres de sus hijos desaparecidos. Decenasde manifestantes fueron heridos y la policía disparó gaslacrimógeno dentro de un hospital donde algunos se habíanrefugiado. 

Esto es una postal de Argentina amenos de una semana de sus elecciones presidenciales. Cada uno de los cincoprincipales candidatos está prometiendo poner a este país,en crisis abrumadora, de vuelta a trabajar. Sin embargo, los trabajadoresde Brukman son tratados como si coser fuera un crimen capital. 

¿Por qué este ludismode Estado, esta rabia hacia las máquinas? Bueno, Brukman no es sólouna fábrica, es una ‘fábrica ocupada’, una de las casi 200del país que han sido tomadas y administradas por sus trabajadoresen el último año y medio. Para muchos, las fábricas,que emplean a más de 10 mil trabajadores en la Repúblicay producen todo, desde tractores hasta helados, son vistas no sólocomo una alternativa económica, sino también como una alternativapolítica. “Tienen miedo de nosotros porque hemos mostrado que, sipodemos llevar una fábrica, podemos también llevar un país”,fue lo que dijo el lunes por la noche Celia Martínez, trabajadorade Brukman. “Es por eso que el gobierno decidió reprimirnos.” 

En un primer vistazo, Brukman aparececomo cualquier otra fábrica de prendas en el mundo. Como en Méxicolas súper modernas maquiladoras y las fábricas de abrigosde Toronto que se están viniendo abajo, Brukman está llenade mujeres encorvadas sobre sus máquinas de coser, forzando susojos y haciendo volar sus dedos sobre la tela y el hilo. Lo que hace aBrukman diferente son los sonidos. Está el rugido familiar de lasmáquinas y el silbido del vapor, pero se escucha tambiénla música folclórica boliviana, que viene de una pequeñagrabadora desde el fondo de la habitación, y voces suaves de gente,mientras que las trabajadoras viejas se inclinan sobre las nuevas, enseñándolesnuevas puntadas. “No nos dejaban hacer eso antes”, dijo Martínez.“No nos dejaban levantarnos de nuestro lugar o escuchar música.Pero, ¿por qué no escuchar música para levantar unpoco el ánimo? 

Aquí en Buenos Aires, cadasemana se sabe de una nueva ocupación: un hotel de 4 estrellas ahorallevado por su personal de limpieza, un supermercado tomado por sus empleados,una aerolínea regional a punto de convertirse en una cooperativade pilotos y encargados. En pequeños diarios troskistas alrededordel mundo, las fábricas ocupadas argentinas, donde los trabajadoresse han hecho de los medios de producción, han sido reconocidas vertiginosamentecomo el amanecer de una utopía socialista. En grandes revistas denegocios como The Economist, son descritas, en mal augurio, comouna afrenta al principio sagrado de la propiedad privada. La verdad seencuentra en algún lugar entre estas dos. 

En Brukman, por lo pronto, los mediosde producción no han sido tomados, fueron simplemente retomadosuna vez que fueron abandonados por sus dueños legales. La fábricahabía ido en decadencia por varios años, las deudas a contratistasse iban apilando, y en un periodo de cinco meses las costureras vieronsus salarios drásticamente recortados de 100 pesos por semana asólo dos pesos –insuficiente hasta para la tarifa del autobús. 

El 18 de diciembre, las trabajadorasdecidieron que era tiempo de exigir un complemento para gastos de transporte.Los dueños, clamando pobreza, pidieron a las trabajadoras esperaren la fábrica mientras buscaban el dinero. “Los esperamos hastala tarde. Los esperamos hasta la noche”, dice Martínez. “Nadie vino.” 

Después de tomar las llavesdel conserje, Martínez y otras trabajadoras durmieron en la fábrica.La han manejado desde entonces. Han pagado las enormes cuentas, atraídonuevos clientes y, sin beneficios ni salarios directivos de los cualespreocuparse, han logrado pagarse salarios estables. Todas estas decisionesse han tomado democráticamente, votando en una asamblea abierta.“No sé por qué los dueños tenían tantas dificultades”,dice Martínez. “No sé mucho de contabilidad pero para míes fácil: sumas y restas.” 

Brukman representa ahora una nuevaforma de movimiento laboral, uno que no está basado en el poderde dejar de trabajar (táctica tradicional de los sindicatos), sinoen la firme determinación de mantenerse trabajando sin importarlo que pase. 

Es una demanda que no estáregida por el dogmatismo sino por el realismo: en un país donde58% de la población vive en la pobreza, los trabajadores saben queestán a tan sólo un cheque de tener que mendigar y hurgaren los basureros para sobrevivir. El espectro que está rondandolas fábricas ocupadas de Argentina no es el comunismo, sino la indigencia. 

¿Pero, no es simplemente robo?Después de todo, estos trabajadores no compraron las máquinas,los dueños lo hicieron; si quieren venderlas o mudarlas a otro paísclaro que están en su derecho. Como el juez federal escribióen la orden de desalojo: “La vida y la integridad física no tienesupremacía sobre los intereses económicos.” 

Tal vez, sin ser su intención,ha sintetizado la lógica desnuda de la globalización desregulada:el capital tiene que ser libre en su búsqueda de bajos salariosy más generosos incentivos sin importar la cuota que el procesocobra en la gente y las comunidades. 

Los trabajadores en las fábricasocupadas tienen una visión diferente. Sus abogados argumentan quelos dueños de esas fábricas ya han violado los principiosbásicos del mercado al no pagar a sus empleados y acreedores, apesar de haber estado recibiendo enormes subsidios del Estado. ¿Porqué el Estado no puede ahora insistir en que los atractivos restosde las compañías deudoras continúen sirviendo al públicocon trabajos estables? Decenas de trabajadores de cooperativas ya acordaronla expropiación legal de las empresas. Brukman aún esta peleándola. 

Píenselo, los ludistas tuvieronun argumento similar en 1812. Las nuevas fábricas textiles dieronganancias a algunos por encima de toda una forma de vida. Esos trabajadorestextiles intentaron combatir esa lógica destructiva, destruyendolas máquinas. Las trabajadoras de Brukman tienen un plan mejor:quieren proteger las máquinas y destruir la lógica.
 

(Traducción: Nathalie Seguin)
* Naomi Klein es autora de Nologo y Vallas y ventanas
 
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