Naomi Klein - rodelu.net
12 de Mayo de 2003
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MASIOSARE/LAJORNADA de México- 11 de Mayo de 2003

Segunda vuelta electoral en Argentina

El vacío que llenó el miedo

NaomiKlein *
“Que se vayantodos”, fue el grito emblemático con el cual los argentinos de lacalle quisieron deshacerse de su clase política. Pero fue tal elrecelo hacia todo lo que oliera a partidos, tanta la gana de combatir la“farsa electoral”, que la contienda presidencial se definiría entredos de los mejores exponentes “del régimen que llevó el paísa la bancarrota” 

BuenosAires, Argentina.–Enla mayor parte del mundo, es la señal de la paz, pero aquíen Argentina significa guerra. Los dedos índice y medio, sostenidosen "V", quieren decir, para sus seguidores, "Vuelve Menem". Carlos Menem,icono del neoliberalismo latinoamericano, presidente durante la mayor partede los noventa, busca recuperar su antiguo trabajo el próximo 18de mayo.

La propaganda de la campañade Menem muestra amenazadoras imágenes de trabajadores desempleadosque bloquean calles, con una voz de fondo que promete reinstaurar el orden,aunque esto implique llamar a los militares. Esta estrategia le dio unaestrecha delantera en la primera vuelta electoral, aunque lo másseguro es que pierda la contienda contra un oscuro gobernador peronista,Néstor Kirchner, considerado la marioneta del actual presidente(y ex vicepresidente de Menem) Eduardo Duhalde.

El 19 y 20 de diciembre de 2001,cuando los argentinos tomaron las calles y golpearon cacerolas y sartenes,y le dijeron a los políticos "que se vayan todos", pocos hubieranpredicho que la actual contienda terminaría en esto: una elecciónentre dos símbolos del régimen que llevó el paísa la bancarrota. En aquel momento, se les perdonaría a los argentinoscreer que estaban iniciando una revolución democrática, unaque forzó la salida del presidente Fernando de la Rúa y sedeshizo de tres presidentes en 12 días.

El blanco de estas manifestacionesmasivas era la corrupción de la democracia, un sistema que habíatransformado el acto de votar en un ritual hueco, mientras el poder realestaba en manos del Fondo Monetario Internacional (FMI), las compañíasde agua francesas y las telefónicas españolas –con los políticoslocales llevándose una tajada. Carlos Menem, a pesar de estar fuerade la administración durante dos años, era el villano principalde la sublevación. Electo en 1989 bajo una plataforma populista,Menem dio un giro de 180 grados y redujo al mínimo el gasto público,vendió las empresas del Estado y mandó a miles al desempleo.

El hecho de que los argentinos rechazaranestas políticas fue enormemente significativo para el movimientode la globalización. Los eventos de diciembre de 2001 fueron vistosen los círculos internacionales de activistas como la primera revueltanacional contra el neoliberalismo, y "Tú eres Enron, nosotros somosArgentina" pronto se adoptó como consigna fuera de los cumbres decomercio.

Y, quizá de mayor importancia,el país parecía estar a punto de contestar a la preguntamás persistente que se le planteaba a los críticos, tantodel "libre comercio" como de las democracias representativas débiles:"¿Cuál es su alternativa?" Con todas sus instituciones encrisis, cientos de miles de argentinos regresaron a los principios básicosde la democracia: los vecinos se encontraban en las esquinas de las callesy formaban cientos de asambleas populares. Crearon clubes de trueque, clínicasde salud y cocinas comunitarias. Cerca de 200 fábricas abandonadasfueron tomadas por sus trabajadores y administradas como cooperativas democráticas.Adonde quiera que voltearas la gente estaba votando.

Estos movimientos, aunque pequeños,soñaban en grande: asambleas constitutivas nacionales, presupuestosparticipativos, elecciones para renovar cada uno de los puestos en el país.Y tenían una amplia aprobación: una encuesta de un periódico(marzo de 2002) mostró que 50% de los residentes de Buenos Airescreía que las asambleas vecinales eran "un paso adelante, una nuevamanera de gobernar".

Un año más tarde, losmovimientos continúan, pero quedan escasos rastros de la loca yesperanzada idea de que algún día podrían dirigirel país. En cambio, los protagonistas de las revueltas de diciembrefueron relegados a ser un "problema de gobernabilidad" que debíaser debatido por los políticos y el FMI.

Así que, ¿cómollegó a suceder esto? ¿Cómo fue que un movimientoque estaba construyendo todo un nuevo tipo de democracia –directa, descentralizada,que rindiera cuentas– entregó el escenario nacional a un par dedesacreditados de antaño? En Argentina, este proceso de marginacióntuvo tres claras fases, cada una de las cuales tiene mucho que enseñarlesa los activistas que esperan transformar la protesta en un sostenido cambiopolítico.

***

Fase uno: enfada y conquista. Elprimer golpe a los nuevos movimientos vino de la vieja izquierda, cuandolos partidos sectarios infiltraron las asambleas y trataron de hacer avanzarsus propios programas dogmáticos. En poco tiempo ya no podíasver el sol debido a las banderas partidistas rojinegras, y un proceso quesacó su fuerza del hecho de que era normal –algo en lo que tu tíao tu maestro participaban– se volvió algo marginal, no acciónsino "activismo".

Miles regresaron a sus hogares paraescapar del tedio.

Fase dos: retírate y aíslate.El segundo golpe fue respuesta al primero. En vez de enfrentar de maneradirecta los esfuerzos sectarios de cooptación, muchas de las asambleasy sindicatos de desempleados voltearon hacia dentro y se declararon "autónomos".Mientras los planes de los partidos se convertían en las Escrituras,algunos autónomos decidieron que no tener un plan era su propiareligión: estaban tan recelosos de la cooptación que cualquierpropuesta de moverse de la protesta a la política era inmediatamentesospechosa.

Estos grupos aún hacen unasombroso trabajo barrial, construyen hornos de pan, pavimentan callesy retan a sus miembros a que suelten su deseo de ser los salvadores. Perotambién se volvieron mucho menos visibles de lo que eran hace unaño, menos capaces de ofrecer al país una visión delfuturo competitiva.

Fase tres: simplemente no lo hagas**.Los gritos y cacerolazos argentinos siguieron y siguieron y siguieron.Justo cuando todos se habían quedado sin voz y estaban exhaustos,los políticos salieron de su escondite para convocar a elecciones.Incrédulos, los movimientos sociales tomaron la decisiónde no participar en la farsa electoral –ignorar los ajetreo del Congresoy del FMI y, en cambio, construir "contrapoderes".

Está bien, pero conforme laselecciones cobraron vida propia parecía que las asambleas barrialesestaban fuera de la jugada. La gente no podía votar a partir delsentimiento que estaba detrás del 19 y 20 de diciembre, ya fuesea través de depositar una boleta en la urna o boicotear la eleccióny demandar reformas democráticas más profundas, ya que deaquellas primeras embriagadoras discusiones no emergió ninguna plataformaconcreta ni estructura política. Así que dejaron a la legitimidadde las elecciones peligrosamente sin respuesta y al sueño de unnuevo tipo de democracia completamente sin representación.

El eslogan de campaña queganó la primera vuelta fue asombrosamente vago: "Menem sabe quéhacer, y lo puede hacer". En otras palabras, quizá Nike tenga razón:la gente simplemente quiere hacer algo, y si las cosas están losuficientemente mal, se conformará con lo que sea.

La política odia el vacío.Si no está lleno de esperanza, alguien lo llenará de miedo.

(Copyright 2003 Naomi Klein.Traducción: Tania Molina Ramírez. Una versión de esteartículo fue publicado en The Nation)

 * Naomi Klein es autorade No logo y Vallas y Ventanas.
** La autora juega con el eslogande Nike "Just do it!"(¡Simplemente hazlo!) y escribe: Just don'tdo it (simplemente no lo hagas).

 
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