| MASIOSARE/LA
JORNADA de México - 24 de Agosto de 2003
Los irrelevantes libres
¿Qué
demonios
pueden
hacer hoy los intelectuales?
Naomi
Klein *
Tras seis meses en Argentina, la
periodista Naomi Klein regresó a su natal Canadá. Poco antes,
participó en la Semana Cultural de Brukman (una fábrica tomada
por las obreras).
Ahí dijo: "La idea de
que los llamados intelectuales y los periodistas estamos en posición
de ofrecer teorías sobre cómo la clase obrera debería
luchar y organizarse, es responsable de mucho de lo que hoy resulta disfuncional
en la izquierda.
"¿Qué papel le
toca al intelectual? No mucho. Podemos empezar admitiendo que nos hemos
vuelto irrelevantes. Una vez asumida nuestra irrelevancia, quedamos libres
para preguntarnos cómo podemos volvernos importantes"
Buenos
Aires, Argentina.–
Estoy muy feliz de estar aquí esta noche, apoyando a los obreros
de Brukman, y quiero felicitar a los organizadores de la Semana Cultural.
Sin embargo, no hablaré sobre
el tema previsto. Y no lo haré, porque discrepo completamente con
la idea del mismo.
La idea de una mesa en la que los
llamados intelectuales y periodistas estaríamos ofreciendo nuestras
teorías sobre cómo la clase obrera debería luchar
y organizarse, es una idea responsable de mucho de lo que hoy resulta disfuncional
en la izquierda.
Si hay una cosa que tenemos que aprender
de las asombrosas mujeres de Brukman, es que la clase obrera ya sabe cómo
luchar y organizarse. En la Argentina y alrededor del mundo, la acción
directa –eficaz, creativa y original– va muy por delante de las teorías
intelectuales de la izquierda.
Una y otra vez, las personas comunes
que no se identifican a sí mismas como activistas o como izquierdistas,
están llevando a cabo acciones que no comienzan con la teoría,
sino con la necesidad.
La necesidad de conservar el trabajo.
La necesidad de comer.
La necesidad de tener agua limpia.
La necesidad de cuidar el hogar.
Primero viene la acción –la
ocupación, el piquete, la asamblea. Y después surgen la teoría
y la estrategia política.
Entonces, ¿qué papel
le toca al intelectual, al que se identifica a sí mismo como activista,
en este proceso? En verdad, no mucho.
Y es por eso que tantos teóricos
corren atropelladamente para mantenerse cerca de la acción que ocurre
en las calles y en las fábricas, hilando teorías posteriores
a los hechos para demostrar que aún somos relevantes.
El problema es que las teorías
a menudo están equivocadas.
A veces estos esfuerzos intelectuales
por imponer significados y estructuras son demasiado dogmáticos
y rígidos, imponiendo un lenguaje muerto y alienado a movimientos
que son vibrantes y vitales. En la situación de una fábrica
donde un grupo de personas deciden conservar sus empleos y trabajar con
dignidad, estos intelectuales alucinan imaginando una célula pre-revolucionaria
que está construyendo poder para tomar el Estado.
Otras veces estos esfuerzos por teorizar
son demasiado románticos, y ven utopías anarquistas o autónomas,
donde lo que hay es una realidad compleja y confusa.
Estas son ideologías diferentes,
pero ambas estructuras –la dogmática y la romántica– pueden
tener el mismo efecto deshumanizante. Los principales protagonistas –los
verdaderos innovadores– frecuentemente no pueden reconocerse a sí
mismos en la espesura de esas teorías.
Según mi experiencia, los
lugares donde los movimientos sociales son más fuertes –y están
conquistando las victorias más concretas– son aquellos donde tienen
la menor pureza intelectual.
Nosotros pasamos mucho tiempo en
Neuquén, con los obreros de Zanon [una fábrica de cerámica
que fue tomada] y los del MTD [Movimiento de Trabajadores Desocupados]
y lo que más me impactó fue la mezcla: la moribunda y vieja
escuela trotskista con los autonomistas más jóvenes, los
partidos con los movimientos sociales. Las fronteras entre estos territorios
no están, por suerte, muy patrulladas.
Vimos algo muy extraño: personas
que piensan juntas, comprometiéndose y transformándose unos
a otros, contaminándose unos a otros, trabajando de acuerdo a un
sencillo principio: si funciona, hagámoslo.
Puentes, técnicos
y escudos
Entonces, en lugar de hablar acerca
de lo que la clase trabajadora debería hacer, hablemos acerca del
papel y la responsabilidad de los intelectuales y los activistas, en este
nuevo paisaje.
Podemos empezar admitiendo que nos
hemos vuelto irrelevantes. Que la teoría no está influenciando
a la acción, pero la acción sí está influyendo
sobre la teoría.
Una vez asumida nuestra irrelevancia,
quedamos libres para preguntarnos cómo podemos volvernos importantes.
Hay muchas respuestas a esa pregunta pero yo quiero ofrecer tres.
1) Podemos ser mejores puentes, uniendo
a movimientos que estén aislados entre sí. Si tenemos acceso
fácil a información sobre los movimientos sociales, podemos
compartirla de modo que los movimientos puedan inspirarse unos a otros,
y construir aprovechando las conquistas y experiencias de cada uno de ellos.
Mi sueño para Brukman, cuando
los obreros vuelvan a la fábrica –y lo harán– sería
organizar intercambios entre las obreras de Brukman y las trabajadoras
de las maquiladoras mexicanas y las de los talleres de Indonesia.
Imaginen si las jóvenes que
arriesgan sus trabajos para crear sindicatos en las zonas de libre comercio
–que son despedidas por ir al baño o por quedar embarazadas– pudieran
ver cómo trabajan las mujeres en Brukman.
Podemos construir puentes como ese,
podemos ser mejores transmisores de información, en lugar de ser
expertos.
2) Podemos proporcionar ayuda práctica,
y asistencia concreta a estas luchas, como tanta gente ya lo está
haciendo.
En Neuquén, la relación
entre la universidad y Zanon no consiste en que los intelectuales estudien
a la fábrica. Al contrario, los intelectuales están aplicando
sus conocimientos para resolver problemas específicos de la fábrica:
desarrollando planes de comercialización; ayudando con diseños;
ayudando a crear programas de radio y periódicos.
Esto está pasando a través
de todo el movimiento de fábricas ocupadas.
Todos hemos visto cuán poderosas
pueden ser esas colaboraciones aquí en Brukman, durante el Maquinazo,
durante la Semana Cultural. Pero también hemos visto la situación
opuesta.
Una cosa que siempre me golpeó
sobre Brukman antes del desalojo, fue que cada partido de izquierda había
venido a colgar sus banderas, para tener su logo en la fábrica.
Pero nadie pensó en diseñar un nuevo símbolo para
la propia empresa. Entonces, no hubo un emblema que dijera: Brukman
Bajo Control Obrero. Aquí estaban todos los logos, excepto el
de los obreros.
Eso es vergonzoso.
3) La tercera responsabilidad de
los llamados intelectuales y activistas es la protección.
Los intelectuales de izquierda solían
verse como la vanguardia de los movimientos de la clase obrera. No lo son,
pero podemos ser algo mejor: una defensa. Ese fue el sorprendente espíritu
que acercó a decenas de miles de nosotros a Brukman después
del desalojo.
Una imagen poderosa del conflicto
fueron los escudos de plexiglass con fotografías de los trabajadores
de Brukman, realizados por un grupo de activistas internacionales.
Los escudos pueden no haber sido
lo suficientemente fuertes como para hacer retroceder a la policía,
pero el símbolo del escudo es algo que deberíamos seguir
construyendo.
No necesitamos sostener escudos,
necesitamos SER escudos, escudos humanos, como los activistas en Palestina
que se plantan frente a los bulldozers, protegiendo a los hogares
para que sus ocupantes puedan resistir.
Entonces, necesitamos preguntarnos
cómo podemos ser mejores escudos, y qué más podemos
hacer para proteger estos preciosos espacios, para que puedan desarrollar
y construir sus conquistas, en lugar de simplemente pelear por su supervivencia.
Esta estrategia defensiva debe ser
externa, enfrentando la represión estatal con ayuda legal, presión
política y nuestra presencia física.
Y también debe ser interna,
resistiendo la cooptación de los movimientos sociales no sólo
por los partidos, sino por cualquiera que ande buscando un ejército
de seguidores.
Si podemos hacer todo esto: construir
mejores puentes; ofrecer ayuda práctica y concreta; enfrentar la
represión de afuera y la cooptación de adentro, entonces
habremos hecho nuestro trabajo. Que no es contarle a la clase obrera cómo
luchar y organizarse, sino aprender cómo hacerlo nosotros mismos.
* Naomi Klein es autora de No
Logo y Vallas y Ventanas.
(Este texto fue publicado en www.lavaca.org.
Se reproduce con autorización de la escritora.) |