| MASIOSARE/LA
JORNADA de México - 28 de Setiembre de 2003
Los pobres del mundo
dejan de aceptar cuentas de vidrio
a cambio de oro
De la
desesparación al desafío
Naomi
Klein
De pronto los países pobres
echan a perder las reuniones comerciales, se enfrentan al Fondo Monetario
Internacional y le dicen “no” a la inversión extranjera. ¿Qué
está pasando?
SI HABIA ALGO en lo que uno
antes podía contar en asuntos de comercio internacional era en la
desesperación de los pobres. No importaba cuán malo fuese
el acuerdo, siempre era mejor que nada.
Pero de pronto los países
pobres echan a perder las reuniones comerciales, se enfrentan al Fondo
Monetario Internacional y le dicen "no" a la inversión extranjera.
¿Qué está pasando? ¿Es posible que cuando hayas
perdido suficiente, la desesperación se torna en desafío?
Tomemos como ejemplo a la población
de Esquel, una pequeña ciudad en el sur de Argentina. Hace un año,
Meridian, una compañía minera de oro estadunidense-canadiense,
compró Bancote Holdings, de Gran Bretaña, el cual era dueño
de un depósito de oro en Esquel, con un valor aproximado de mil
millones de dólares. Parecía ser el momento preciso para
construir una enorme mina a cielo abierto: el oro se vendía caro
y Argentina, con una economía deshecha, se vendía barato.
La compañía informó a la ciudad de Esquel que estaba
a punto de ser la afortunada receptora de 400 empleos mineros. Armó
una Evaluación del Impacto Ambiental, le aseguró a la comunidad
que usar 2 mil 700 kilogramos de cianuro al día no era más
riesgoso que manejar al trabajo, y se preparó para comenzar a escarbar.
Y también la comunidad. Pero
no para escarbar en busca de oro, sino de información. Vender recursos
naturales y servicios públicos a multinacionales extranjeras no
le ha funcionado muy bien a Argentina. Estas inversiones, lejos de traer
la prometida prosperidad, han dejado al país con menos empleos,
deudas desorbitantes, servicios caros y políticos sospechosamente
ricos. Cuando Meridian dijo "confíen en nosotros", Esquel no pudo
acceder a su petición.
Esquel está localizado en
una impresionante zona de la Patagonia, rodeado de ríos con una
espectacular pesca con mosca, montañas que presumen de un esquí
de primera clase y el Parque Nacional Alerces. La mina estaría a
tan sólo siete kilómetros de la ciudad de 32 mil personas,
lo cual ha incrementado la preocupación respecto al impacto que
puede tener el uso de cianuro y otros tóxicos en el suministro local
de agua, así como en las industrias del rancho y del turismo.
Con tan pocos detalles proveídos
por la compañía, la comunidad buscó a sus propios
expertos en minas. Aprendió que la minería de oro a cielo
abierto usando cianuro está prohibida en Montana. Que después
de que el cianuro es descompuesto usando el proceso de "destrucción"
INCO, sigue teniendo toxinas, y los derrames siguen siendo desastrosos.
Greenpeace Argentina ayudó
en mandar hacer un estudio independiente para evaluar lo afirmado en la
Evaluación de Impacto Ambiental (EIA) de Meridian. El doctor Robert
Moran, un estadunidense experto en minería, declaró que "esta
es la EIA más ‘indefinida’ que he revisado en más de 30 años
de experiencia hidrogeológica".
Según el doctor Moran, la
información era tan "nebulosa" que "definitivamente no sería
aceptable para los reguladores en países de Europa Occidental, Estados
Unidos o Canadá". En entrevista, el doctor Moran dijo que "el asunto
más importante es el suministro de agua" –la compra de los derechos
al agua llevaría a alzas en el precio y a escasez.
Más allá de estas preocupaciones
en torno a la salud y la ecología, muchos en Esquel simplemente
creen que la mina es otro pésimo negocio para Argentina. Los opositores
dicen que la compañía, con oficinas centrales en Reno, Nevada,
no pagará impuestos durante los primeros cinco años (el proyecto
sólo está programado para durar nueve). También aseguran
que el gobierno pagará más en devoluciones a la exportación
de lo que recibirá por los derechos mineros. Más preocupante
aún, si comienza a haber derrames en el sitio tras el cierre de
la mina, podría ser que la comunidad tenga que enfrentar los gastos
de limpieza.
El pasado 23 de marzo, el pueblo
de Esquel realizó un referéndum sobre la mina. Setenta y
cinco por ciento de la población participó; 81% votó
"no" a la mina. A pesar de que los resultados del referéndum no
tienen carácter vinculatorio, con las elecciones municipales y provinciales
cerca, sí son persuasivos. Los políticos locales no han otorgado
los permisos que Meridian necesita para comenzar la construcción
y el proyecto está parado.
¿Alcohólicos
arrepentidos?
Meridian, tan cerca de su premio de
los mil millones, está haciendo todo por mostrar que ya aprendió
de los errores del pasado. Inmediatamente después del referéndum,
contrató a Business for Social Responsibility (BSR, Negocios a favor
de la Responsabilidad Social), con oficinas centrales en San Francisco,
para "ayudar a la compañía a escuchar y comprender las preocupaciones
de la comunidad". El mes pasado, Meridian dio a conocer los hallazgos de
BSR. El reporte de BSR, descartado por muchos en Esquel como un truco de
relaciones públicas, no hace referencia a los asuntos sustanciales
ecológicos y económicos. En vez, critica a la compañía
por su "asombrosa falta de compromiso amplia y consistente". Según
el reporte, aceptado por Meridian, sus empleados mostraron "una actitud
de indiferencia" hacia la comunidad y fueron "defensivos y desestimaron"
las preocupaciones, incluso fueron llanamente groseros. "La compañía
se mostró reticente a compartir información sobre la mina
que se propone... es más, a veces dificultó la obtención
de la información", declara el reporte.
Meridian aceptó los latigazos
y se comprometió a ser transparente y a compartir la información
en el futuro. La compañía dice que sus actividades están
"en pausa" y que no seguirá hacia delante "sin el apoyo de la comunidad
de Esquel".
Estos días, los ejecutivos
de Meridian sí que suenan a arrepentidos alcohólicos anónimos.
Con voz suave, la gerente de relaciones de inversión, Deborah Liston,
me dice que la compañía ha aprendido una "dolorosa lección...
ahora es un momento callado". Su jefe, Peter Dougherty, vicepresidente,
gerente de finanzas, también habla sobre "esperar a la comunidad"
y dice que "a veces, cuando hay luchas, éstas definen quién
eres al final del día".
Pero hay evidencia de que Meridian
no ha cambiado por completo. A pesar de sus afirmaciones de que el desarrollo
esté "en pausa", Meridian registró, de manera callada, un
nuevo sitio minero a sólo cuatro kilómetros de la ciudad
de Esquel, más cerca que la anterior.
Y a pesar de todo su hablar acerca
de una total transparencia, puede ser que la compañía aún
esté reteniendo información estratégica. Meridian
prometió desde hace mucho producir un amplio e independiente estudio
del agua, crucial para que la comunidad pueda evaluar los riesgos de la
mina. Cinco meses después de la fecha límite, Esquel continúa
esperando. Así que me sorprendió que Liston mencionara que
había visto ese estudio, que los resultados eran favorables a la
compañía, pero que "aún no lo damos a conocer. No
es el tiempo correcto. Ahorita no quiere [el público] escuchar eso".
Cuando le pregunté a Dougherty
respecto a los comentarios de Liston, negó que la compañía
estuviera interfiriendo en el dar a conocer el estudio, ya que eso "comprometería
su independencia". El lo dijo, no fui yo.
¿Y qué pasa si, tras
todo el escuchar y el agarrarse de las manos, la ciudad sigue sin querer
una mina de oro a cielo abierto? ¿Se irá Meridian de Esquel,
como demanda la comunidad, respetando los deseos democráticos de
sus ciudadanos?
"Mire", dijo Dougherty, alejándose
del new age, "estamos en esta tierra, y si no crece, vamos a tener que
minarla... nuestro planeta entero se ha formado sobre la base de la habilidad
del oro para formar imperios. A través del tiempo, el oro ha sido
un factor estabilizador".
Es un recordatorio histórico
apropiado. Meridian llegó a Esquel como un moderno conquistador,
convencido de que la población desesperada estaría agradecida
de poder darle de comer al imperio de alguien más. Pero la crisis
económica no sólo ha hecho a los argentinos más desesperados,
también los ha hecho más abusados, más propensos a
mirar más allá de las deslumbrantes promesas de futura prosperidad
y a proteger lo que aún tienen.
Después de todo, cuando han
minado a todo tu país, sueles mostrarte receloso ante los salvadores
que usan sombreros duros.
(Traducción: Tania Molina
Ramírez. Copyright 2003, Naomi Klein) |