| MASIOSARE/LA
JORNADA de México - 3 de Noviembre de 2003
Cumbre del ALCA en Miami
América
Latina: "un volcán"
Naomi
Klein
La próxima cumbre del
ALCA en Miami promete hacer mella de varios mitos: sacará a la luz
la "verdadera diversidad de Miami"; mostrará un mapa político
latinoamericano drásticamente distinto al de la última cumbre
(ciudad de Quebec, abril de 2001); y hará patente el rechazo, afuera,
en las calles, y también dentro, en las reuniones, a un tratado
de libre comercio a escala continental.
En Bolivia, la población
que forzó a su presidente a huir a Florida dejó claro que
si el nuevo mandatario rompe sus promesas tampoco durará mucho.
Hace unos días, Joao Pedro
Stedile, del MST, describió a América Latina como "un volcán",
lo cual significa que hasta los políticos de izquierda deben tener
cuidado con lo que acuerden en la cumbre del ALCA en noviembre. Si no lo
hacen, podrían encontrarse de regreso a Miami. Y esta vez para siempre
CUANDO
LAS MASIVAS PROTESTAS POLITICAS
forzaron al presidente de Bolivia a renunciar la semana antepasada, Gonzalo
Sánchez de Lozada huyó a un lugar donde sabía que
encontraría comprensión. “Estoy aquí, en Miami, tratando
de recobrarme del shock y la vergüenza”, dijo el ex presidente
a los reporteros el sábado 18 de octubre, tras ser depuesto luego
de una revuelta en contra de su plan de vender el gas del país a
Estados Unidos.
Afortunadamente, para Sánchez
de Lozada, hay bastantes residentes en Miami que saben cuán shoqueante
y vergonzoso puede ser perder el poder ante una sublevación de izquierda
en América Latina. Tantos, de hecho, que podrían formar un
grupo local de apoyo para aquellos que sufren de stress posrevolucionario.
Posibles miembros: el ex presidente
de Venezuela, Carlos Andrés Pérez, quien empezó a
vivir parte del tiempo en Miami tras ser acusado de corrupción en
1993; como también lo hizo su compatriota venezolano Carlos Fernández,
uno de los líderes del fallido golpe de Estado contra el presidente
Hugo Chávez. El ex presidente de Ecuador, Gustavo Noboa, podría
también pasar por ahí, ya que trató de huir a Miami
en agosto para evitar una investigación por corrupción en
su país.
Para darle un sentido histórico,
las sesiones de quejas en sus casas de playa podrían incluir a Francisco
Hernández. El formó parte de la invasión a Bahía
de Cochinos en 1961 y, como presidente de la Fundación Nacional
Cubano-Americana, Hernández ha estado urdiendo un complot para derrocar
a Fidel Castro desde entonces.
Durante décadas, Miami ha
sido el sitio preferido por la comunidad de jubilados de la regurgitada
derecha latinoamericana: cuando la gente escupe a los políticos
responsables de mantenerlos en la pobreza, los antiguos dirigentes frecuentemente
son tragados por Miami. Tan poderoso es el Factor Florida en la política
latinoamericana que Joao Pedro Stedile, uno de los fundadores del poderoso
Movimiento de los Sin Tierra (MST) brasileño, medio en broma, le
dijo al público en Toronto el lunes antepasado que si las elites
de Brasil continuaban socavando las reformas prometidas por el presidente
Luis Inácio Lula da Silva, ellas también tendrían
que buscarse un condo en South Beach.
Pero Florida también es el
hogar de exiliados de otro tipo, gente que dejó sus países
natales en América Latina y el Caribe, no para escapar de una izquierda
que resurge, sino para escapar de las políticas de derecha impuestas
por muchos de esos mismos políticos caídos en desgracia.
uuu
El 20 de noviembre las dos Miamis
chocarán una contra la otra cuando la ciudad sea la anfitriona de
una importante cumbre hacia la propuesta del Area de Libre Comercio de
las Américas (ALCA), un plan para crear la mayor y más extensa
zona de libre comercio en el mundo.
Cuando los 34 ministros de comercio
de las Américas se asomen de su centro de conferencias convertido
en fortaleza verán una ciudad de caras muy parecidas a las que dejaron
en sus países. Es muy probable que sea un nicaragüense el que
limpie los cuartos de hotel de los ministros de comercio, mientras ellos
debaten si los “servicios” deben ser incluidos en el acuerdo; es muy probable
que un mexicano haya recogido las naranjas de Florida del jugo que tomen,
mientras ellos debaten sobre subsidios agrícolas; es muy probable
que un argentino tome su orden y un haitiano lave los trastes, mientras
ellos discuten sobre “derechos de inversión” durante la cena; y
es muy probable que sea un guatemalteco el que pode el campo de golf cuando
lleguen a acuerdos.
Sesenta y un por ciento de las personas
que viven en la ciudad de Miami son inmigrantes. El suburbio de Hialeah
presume de tener el más alto porcentaje de hispanohablantes en Estados
Unidos: 92%. Y no sólo son cubanos. Miami, una de las ciudades más
pobres de Estados Unidos es, de muchas maneras, toda América en
miniatura, el hemisferio que abarca el ALCA amontonado en un denso bolsillo
urbano al lado del mar (que incluye a los ancianos canadienses y a los
borrachos colegiales estadunidenses).
No hay mejor manera de comprender
cómo las políticas de libre comercio han devastado a Latinoamérica
y el Caribe que a través de las historias de vida de las sucesivas
olas de inmigrantes en Florida. Más recientemente, cuando la privatización
y la desregulación del sector financiero provocó un derrumbe
económico en Argentina hace dos años, hasta 180 mil argentinos
se trasladaron inmediatamente a la ciudad de Miami en busca de trabajo.
A ellos se une una nueva clase de
inmigrantes mexicanos: trabajadores despedidos de las maquiladoras. Cuando
México firmó el Tratado de Libre Comercio de América
del Norte (TLCAN) hace 10 años se decía que estas fábricas
de exportación serían el escape de la pobreza para México.
Pero en los pasados tres años, más de 215 mil trabajadores
de la maquila han perdido sus empleos. Muchos de los contratos se han ido
a China, mientras muchos de los obreros se han encaminado hacia Florida
para unirse a los 700 mil inmigrantes indocumentados en el estado.
Al testificar ante los miembros del
Congreso el pasado junio, Lucas Benítez, un granjero y miembro de
la Coalición de Trabajadores de Immokalee, dio otra razón
que subyace a la migración a Miami: “Miles de los que nos encontramos
en Florida fuimos forzados a dejar nuestros países por los efectos
de los tratados de libre comercio, que han inundado nuestros países
con productos agrícolas baratos provenientes de Estados Unidos y
Canadá, imposibilitándonos a vender las cosechas que hemos
cultivado durante generaciones”.
Durante la cumbre del ALCA del mes
que entra, las calles de Miami estarán retacadas de historias similares.
“Vamos a mostrar la verdadera diversidad de Miami y mellar el mito de que
sólo hay cubanos de derecha”, dice Kameelah Benjamin-Fuller, uno
de los organizadores de las protestas contra el ALCA.
Habrá otro mito que se disolverá
en el encuentro: que América Latina reclama este tratado de libre
comercio.
La última cumbre importante
del ALCA fue en abril de 2001 en la ciudad de Quebec, Canadá. Desde
entonces mucho ha cambiado. En Quebec la oposición estaba confinada
a las calles, con las 34 cabezas de los Estados participantes aparentemente
a favor de un acuerdo. Pero en los dos años y medio desde la cumbre
de Quebec, las políticas de libre comercio han estado bajo un intenso
fuego en América Latina y el mapa político ha sido drásticamente
redibujado.
Los candidatos de centro izquierda
llegaron al poder en Brasil y Ecuador, prometiendo gobernar a favor de
los intereses de los pobres. En Argentina, las protestas populares sacaron
al gobierno neoliberal de Fernando de la Rúa e impidieron que Carlos
Menem, quien introdujo la privatización masiva y desregulación
en Argentina, regresara. Las últimas encuestas sugieren que Uruguay
y Perú podrían ser los siguientes.
Los electores han mostrado un claro
rechazo a más concesiones a las multinacionales y prestamistas extranjeros.
A pesar de esto, a los políticos que llegan al poder prometiendo
cambios les sigue temblando la mano una vez que llegan al puesto. Y esta
timidez está provocando una severa pérdida política.
En Brasil, el apoyo a Lula se va deslizando como resultado de su ineficaz
programa de “Cero hambre”. En Ecuador, los números de Gutiérrez
se desplomaron después de que acordó debilitar las leyes
laborales para complacer al Fondo Monetario Internacional.
Y en Bolivia, los campesinos y trabajadores
que forzaron a su presidente a huir a Florida la semana antepasada han
dejado claro que si el nuevo presidente rompe sus promesas tampoco durará
mucho. “Si lo hicimos una vez, lo podemos hacer de nuevo”, dijo Elio Argullo,
un ex minero ahora comerciante ambulante, a The New York Times.
“Y si tenemos que hacerlo, puedes apostar que lo haremos”.
El lunes, Joao Pedro Stedile, del
MST, describió a América Latina como “un volcán”.
Lo cual significa que más vale que hasta los políticos de
izquierda tengan cuidado con lo que acuerdan en la cumbre del ALCA en noviembre.
Si no, podrían encontrarse de regreso a Miami. Para siempre.
La historia de Lucas Benítez,
y muchas otras, están contadas en un decisivo libro llamado Shafted:
Free Trade and America’s Working Poor, publicado recientemente por
la organización de investigación estadunidense Food First.
(Traducción: Tania Molina
Ramírez. Copyright 2003 Naomi Klein) |