| LA
JORNADA de México - 30 de Noviembre de 2003
Del ALCA
lite a la guerra lite
Naomi
Klein *
En diciembre
de 1990, el presidente estadunidense George Bush, padre, viajó por
Sudamérica con el fin de venderle al continente un nuevo y audaz
sueño: "un sistema de comercio libre que vincule a toda América".
Al hablar ante el Congreso argentino dijo que el plan, que más tarde
se nombraría Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA),
sería "la nueva declaración de interdependencia de nuestro
hemisferio... el brillante nuevo amanecer de un espléndido mundo
nuevo".
La semana pasada, los dos hijos de
Bush unieron fuerzas para intentar anunciar ese nuevo mundo durante las
negociaciones del ALCA en la amistosa Florida. Este es el estado que el
gobernador Jeb Bush juró "entregar" a su hermano durante las elecciones
presidenciales de 2000, aunque esto implicara que muchos afroamericanos
se quedaran sin ejercer su derecho al voto. Ahora Jeb juraba entregarle
a su hermano el codiciado acuerdo comercial, aunque eso implicara que miles
se quedaran sin ejercer su derecho a protestar.
A pesar de los mejores esfuerzos
de los hermanos Bush, el sueño de un hemisferio unido en una sola
economía de libre mercado murió la semana pasada. Fue asesinado,
no por los manifestantes en Miami, sino por las poblaciones de Brasil,
Argentina y Bolivia, que le han hecho saber a sus políticos que
si dan su firma avalando que las multinacionales extranjeras obtengan más
poder, mejor ni regresen a casa.
Los brasileños mediaron y
lograron una concesión, la cual hace del acuerdo un asunto de "escoja
usted", que permite a los gobiernos firmar las partes que les gusten y
no firmar las que no les gusten. Por supuesto que Washington seguirá
intentando intimidar a países en forma individual y a grupos de
naciones para que acepten acuerdos comerciales totalizadores, tomando como
modelo al Tratado de Libre Comercio de América del Norte, pero no
habrá un acuerdo único, unificado.
Dentro del hotel Intercontinental
se le llamaba el ALCA lite. Fuera, tuvimos la experiencia de algo
claramente más pesado: la guerra lite. De hecho, mientras
más control perdían los representantes comerciales estadunidenses
en la mesa de negociaciones, más poder crudo ejercía la policía
en las calles.
"Nuestra meta era ahogarlos", me
explicó un oficial de la policía de Miami-Dade, y eso es
exactamente lo que hicieron. Las pequeñas manifestaciones pacíficas
fueron atacadas con extrema fuerza; las organizaciones fueron infiltradas
por oficiales encubiertos que después usaron pistolas de descargas
eléctricas contra los activistas; a camiones llenos de sindicalistas
no se les permitió el paso para unirse a las marchas autorizadas;
docenas de caras jóvenes fueron estrelladas contra el concreto y
batidas a bastonazos; los activistas de derechos humanos tuvieron cerca
pistolas que les apuntaron a la cabeza en retenes estilo militar.
La violencia policiaca fuera de las
cumbres de comercio no es nueva, pero lo asombroso respecto a Miami fue
lo alejada que estaba la respuesta de la seguridad de cualquier cosa que
se asemejara lo más mínimo a una amenaza real. Desde la perspectiva
de un activista, las protestas fueron decepcionantemente pequeñas
y casi vergonzosamente obedientes, una respuesta comprensible a semanas
de intimidación policiaca.
Al escuchar el incesante rugido de
los helicópteros y la marcha de las botas policiacas, no me podía
quitar la sensación de que algo nuevo estaba pasando. La sensación
no era tanto como si fuéramos el blanco de esta operación,
sino más bien como si fuéramos la práctica de tiro
al blanco, los inadvertidos extras en un elaborado ensayo militar.
El regreso a casa
La cumbre del ALCA en Miami representó
el oficial regreso a casa de la "guerra contra el terror". Se usaron, a
gran escala, en una importante ciudad estadunidense, las más recientes
técnicas, tácticas y de propaganda perfeccionadas en Irak,
desde los militares hollywoodizados hasta los medios militarizados. "Esto
debería ser un modelo para la seguridad interna", dijo con orgullo
el alcalde de Miami, Manny Díaz, respecto a la operación
de seguridad que juntó a más de 40 agencias, desde la FBI
hasta el Departamento de Pesca y Fauna.
Sin embargo, para que funcione el
modelo Miami, la policía primero tuvo que establecer una conexión
entre los activistas legítimos y los terroristas peligrosos. Entra
en escena el jefe de la policía de Miami, John Timoney, un jurado
enemigo de los activistas punk, quien en repetidas ocasiones clasificó
a los opositores del ALCA como "fuereños que vienen a aterrorizar
y vandalizar nuestra ciudad".
Con los papeles de los activistas
reasignados como peligrosos "aliens", Miami se volvió candidato
a un grifo abierto de dinero público que irrigara la "guerra contra
el terror". De hecho, los 8.5 millones de dólares que se gastaron
en seguridad durante la reunión del ALCA provinieron directamente
de los 87 mil millones de dólares que el mes pasado Bush le sacó
al Congreso para Irak, un hecho escasamente informado más allá
de la prensa de Miami.
Pero tomaron prestado más
que sólo dinero de la invasión iraquí. La policía
de Miami también invitó a los reporteros a "incrustarse"
con ellos en los vehículos y helicópteros blindados. Como
en Irak, la mayoría de los periodistas asumió su papel de
seudosoldado con un ahínco inquietante y se vistió con ridículos
cascos de combate y nuevecitos chalecos antimetralla de camuflaje.
En los medios, el resultado fue una
conocida combinación de tiempos de guerra: imágenes dramáticas
y no-información. Sabemos, gracias a un "incrustado" de The Miami
Herald, que el jefe de policía Timoney trabajaba tan arduamente
cazando a los malhechores que a las 3:30 del jueves "sólo había
comido un plátano y una galleta de avena desde las seis de la mañana".
Las televisoras locales, más
que cubrir las protestas, planeaban sobre ellas. Sus helicópteros
mostraban imágenes de los enfrentamientos, pero en vez de escuchar
las voces en las calles -voces de los manifestantes rogando a la policía
que dejara de disparar y claramente siguiendo las órdenes de dispersarse-
sólo oíamos a altos oficiales de la policía y animados
conductores de noticias compadeciéndose de los muchachos en el frente.
Mientras tanto, los periodistas independientes
que se atrevieron a hacer su trabajo y filmar de cerca la violencia policiaca
fueron tomados como blanco. "Ella no está con nosotros", le dijo
un oficial a otro mientras agarraban a Ana Nogueira, una corresponsal para
Democracy Now! de Pacifica Radio, que estaba cubriendo una protesta
pacífica fuera de la cárcel del condado de Miami-Dade. Cuando
la policía determinó que Nogueira "no está con nosotros"
(o sea, ni es una reportera incrustada ni una policía encubierta)
se la llevaron y levantaron cargos contra ella.
El Modelo Miami para lidiar con el
descontento interno va más allá de una sola reunión.
El domingo, The New York Times informó de un boletín
filtrado de la FBI que revelaba "un esfuerzo coordinado a escala nacional
para recoger inteligencia" sobre el movimiento estadunidense contra la
guerra. El memorándum destaca actividades de protesta perfectamente
legales, incluyendo entrenar para acciones no violentas, filmar actos de
la policía y organizar mediante Internet. Anthony Romero, director
ejecutivo de la American Civil Liberties Union (Unión Americana
de Libertades Civiles), dijo que el documento revela que "la FBI peligrosamente
hace sus blancos a estadunidenses que están involucrados sólo
en protestas y disenso legal. La línea entre terrorismo y desobediencia
civil legítima es difusa".
Podemos esperar muchas más
de estas tácticas en el frente nacional. Así como escalaron
las violaciones a las libertades civiles cuando Washington perdió
el control del proceso del ALCA, así también se incrementará
la represión conforme el equipo de Bush se enfrenta a la máxima
amenaza: perder el control de la Casa Blanca.
Jim Wilkinson, director de comunicaciones
estratégicas en el comando central estadunidense en Doha, Qatar
(la operación que le dio al mundo el rescate de Jessica Lynch),
ya se trasladó a Nueva York para encabezar las operaciones con los
medios para la Convención Nacional Republicana. "Estamos pensando
en incrustar reporteros", le dijo a The New York Observer, al explicar
que planean usar algunos de los trucos iraquíes durante la convención.
"Estamos pensando en nuevos e interesantes ángulos de la cámara".
La guerra llega a casa.
(Traducción: Tania Molina
Ramírez. Copyright 2003 Naomi Klein)
* Naomi Klein es autora de No
logo y vallas y ventanas
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