| MASIOSARE/LA
JORNADA de México - 11 de Enero de 2004
De Jessica Lynch al pavo de Bush
2003,
el reino de lo falso
Naomi
Klein
2003: razones falsas para la guerra,
un presidente falso vestido como un soldado falso declarando un fin falso
a los combates y luego mostrando un pavo falso. Una estrella de cine de
acción se convirtió en gobernador y el gobierno comenzó
a hacer sus propias películas de acción, poniendo en el elenco
a verdaderos soldados (Jessica Lynch) como falsos héroes de combate.
Cuando Bush llegó a la
Casa Blanca, muchos creían que su ignorancia sería su caída.
Ahora, afirma la autora, nos decimos que si tan sólo los estadunidenses
supieran que les están mintiendo, seguramente se rebelarían.
Pero la periodista dice que ya no está convencida de que la verdad,
por sí sola, hará libre a Estados Unidos
No
piense mientras maneja.
Ese fue el mensaje emitido por la
FBI a unas 18 mil agencias para el cumplimiento de la ley en vísperas
de Navidad. La alerta pedía a la policía que cuando parara
a conductores por violaciones de tránsito, y al llevar a cabo otras
inspecciones rutinarias, mantuvieran los ojos abiertos en busca de personas
que trajeran almanaques. ¿Por qué almanaques? Porque están
llenas de datos –estadísticas de población, predicciones
del clima, diagramas de edificios y lugares importantes. Y, según
el Boletín de Inteligencia de la FBI, los datos son armas peligrosas
en manos de terroristas, quienes los pueden usar como "ayuda para seleccionar
blancos y para la planeación pre-operacional".
Pero en un mundo lleno de datos y
figuras potencialmente letales, parece injusto escoger a los lectores de
almanaques como blanco del hostigamiento de la policía. El editor
de The World Almanac (El almanaque mundial) y Book of Facts (El
libro de los hechos) correctamente señala: "El gobierno es nuestro
mayor proveedor de información". Por no mencionar a la biblioteca
local: un escondite de armamento informativo potencialmente peligroso se
alberga en el centro de casi todos los pueblos estadunidenses. La FBI,
claro, está metido en la amenaza bibliotecaria, haciéndose
de los registros bibliotecarios a su placer, gracias a la Ley Patriótica.
Poner en la lista negra al almanaque
fue un fin adecuado a 2003, un año que libró una guerra abierta
contra la verdad y los datos, y celebró a las falsedades y las falsificaciones
de todo tipo. Este fue el año en el que lo falso reinó: falsas
razones para la guerra, un presidente falso vestido como un soldado falso
declarando un falso fin a los combates y luego mostrando un pavo falso.
Una estrella de cine de acción se convirtió en gobernador
y el gobierno comenzó a hacer sus propias películas de acción,
convirtiendo a verdaderos soldados como Jessica Lynch en falsos héroes
de combate y vistiendo a periodistas incrustados como soldados falsos.
Hasta Saddam Hussein logró un papel en el gran espectáculo:
hizo de sí mismo cuando fue capturado por las tropas estadunidenses.
Esta es la falsedad del año, si se cree lo que dicen The Sunday
Herald en Escocia, así como otras agencias de noticias, que
reportaron que en realidad fue capturado por una unidad de fuerzas especiales
kurda.
Fue Gran Bretaña, sin embargo,
la que llevó lo falso a nuevos niveles. "Su propósito principal
es conocer a la mayor cantidad de nigeriamos posible", dijo el secretario
de prensa de la reina, Penny Russell, acerca del viaje de la monarca a
Nigeria. Pero de la misma manera en que Bush nunca salió del bunker
en el aeropuerto en Bagdad, la gente de la reina decidió que era
demasiado peligroso que ella se codeara con los nigerianos de verdad. Así
que en vez de la planeada visita a una aldea africana, la reina hizo un
tour
por las locaciones de una telenovela de la BBC en New Karu, construidas
para dar la apariencia de un auténtico mercado africano. Durante
el "falso paseo", como lo llamó The Sunday Telegraph, la
reina charló con actores pagados que hacían de aldeanos de
verdad, mientras que los aldeanos de verdad vieron el evento a través
de una enorme pantalla de televisión instalada fuera del perímetro
de seguridad.
uuu
Pero el 2003 fue más que el
año de lo falso y lo falsificado –también castigó
a quien dijo la verdad. El precio más alto lo pagó David
Kelly, el experto en armas del gobierno británico, quien se suicidó
después de que lo dieron a conocer como la fuente de la historia
de la BBC sobre la manipulación de documentos de seguridad. Katharine
Gun, una empleada de la inteligencia británica, recibió una
pena de hasta dos años en prisión por revelar los planes
estadunidenses de espiar a diplomáticos de la ONU para poder influir
el voto sobre Irak del Consejo de Seguridad. Y en Estados Unidos, Joseph
Wilson, quien dijo la verdad acerca de que no encontró evidencia
del supuesto viaje de Saddam a Africa para comprar uranio, fue castigado
a través de otra persona: su esposa, Valerie Plame, fue ilegalmente
revelada como un operativo de la CIA.
Mientras la verdad no fue negocio
en 2003, mentir sí lo fue. Nomás pregúntenle a Rupert
Murdoch. Según un estudio de octubre conducido por el Programa sobre
Actitudes de la Política Internacional, al tratarse de la guerra
en Irak, los espectadores habituales de Fox News, de Murdoch, son los peor
informados en Estados Unidos. Ochenta por ciento de los televidentes de
Fox News creían o que habían encontrado armas de destrucción
masiva en Irak, o que había evidencia de un vínculo entre
Irak y Al Qaeda, o que la opinión pública mundial apoyaba
la guerra –o creían en estas tres no verdades.
El 19 de diciembre, la Comisión
de Comunicaciones Federales le otorgó a Murdoch el derecho a adquirir
el principal transmisor de satélite de Estados Unidos, DirecTV.
El voto de la CCF ocurrió sólo cinco días antes del
boletín del almanaque de la FBI, y se pueden comprender mejor en
tándem: si los libros que llenan tu cerebro con datos te hacen un
potencial terrorista, entonces los magnates de los medios que llenan tu
cerebro con puré, deben ser héroes, merecedores de las más
altas recompensas.
Cuando Bush llegó a la Casa
Blanca, muchos creían que su ignorancia sería su caída.
Eventualmente, los estadunidenses se darían cuenta de que un presidente
que se refería a Africa como "una nación", no estaba capacitado
para mandar. Ahora nos decimos que si tan sólo los estadunidenses
supieran que se les está mintiendo, seguramente se rebelarían.
Pero, con todo el respeto para los "libros mentirosos" (Mentiras y los
mentirosos que las dicen, Grandes mentiras, Las mentiras de George W. Bush,
Las cinco mayores mentiras que Bush nos dijo sobre Irak, et al), ya
no estoy convencida de que la verdad, por sí sola, hará libre
a Estados Unidos.
En muchos casos, las versiones falsas
de los eventos han prevalecido aún cuando la verdad está
disponible. La verdadera Jessica Lynch –quien le dijo a Diane Sawyer que
"nadie me torturó, nadie me abofeteó, nadie, nada" – no pudo
contra su doppelgänger, creado por los medios y los militares,
a la que mostraron cacheteada por sus crueles captores en la película
de NBC, Salvando a Jessica Lynch.
En vez de ser derrocado por su evidente
lejania tanto de las más importantes verdades como de los datos
más básicos, Bush está activamente rehaciendo Estados
Unidos a imagen y semejanza de su propia ignorancia y doblez. No sólo
está bien estar mal informado; además, como queda demostrado
con la advertencia del almanaque, saber cosas rápidamente se está
volviendo un crimen.
Me recuerda la historia sobre por
qué los españoles castellanos pronuncian "gracias" como "grathiath".
En el siglo XVII, el país estaba dominado por un monarca con un
severo impedimento del habla y un frágil ego. Para halagar al dirigente,
se decretó que todos debían imitar el balbuceo del rey y
pronunciar mal las c’s y s’s.
Según todos los lingüistas
distinguidos, la leyenda es una falsedad. Pero en el Estados Unidos de
Bush, eso no debería importar.
(Traducción: Tania Molina
Ramírez. Copyright Naomi Klein 2004. Una versión de
este artículo apareció en The Nation. www.thenation.com)
*Klein es autora de No Logo
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