| MASIOSARE/LA
JORNADA de México - 18 de Enero de 2004
Irak: ninguna aseguradora quiere
asumir los riesgos
Un banquete
de negocios y corrupción
Naomi
Klein *
La reconstrucción de Irak
es una estafa proteccionista, un New Deal neoconservador que transfiere
fondos públicos ilimitados –en contratos, préstamos y seguros–
a firmas privadas, y, por si fuera poco, hace a un lado la competencia
extranjera bajo el disfraz de la “seguridad nacional”.
La autora asistió a un
encuentro de 400 empresarios –ávidos de obtener una tajada del jugoso
negocio en Irak– y representantes de la Autoridad Provisional de la Coalición,
USAID, Halliburton y miembros del consejo de gobierno iraquí, entre
otros, y comprobó que los días de la fiebre del oro se desvanecieron.
Las ganancias serán enormes, sí, pero sólo para unos
cuantos. A costa de los iraquíes o de los contribuyentes estadunidenses.
Aunque queda una pregunta en el aire: ¿por qué ninguna de
las grandes compañías de seguros quiere entrar al jugoso
pastel?
Son las
8:40 de la mañana y el salón del hotel Sheraton truena con
el sonido de explosivos de plástico chocando contra metal. No, no
es el Sheraton de Bagdad, es el de Arlington, Virginia. Y no se trata de
un verdadero ataque terrorista, sino de uno hipotético. La pantalla
al frente del cuarto transmite un anuncio de “receptáculos de basura
resistentes a las bombas”.
Este bote de basura es tan resistente,
nos dicen, que puede contener un estallido de explosivo C4. Y su fabricante
está convencido de que si le dan la oportunidad, estos cachorros
se venderán como pan caliente en Bagdad –en estaciones de autobuses,
cuarteles militares y, sí, en los hoteles de lujo. Están
disponibles en verde cazador, morado fortuneberry y cobre windswept.
Esto es Reconstruyendo Irak 2, un
encuentro de 400 hombres de negocios con la cosquilla de participar en
un pedazo de la acción de la reconstrucción iraquí.
Están aquí para conocer a los que reparten el efectivo, en
particular los 18.6 mil millones de dólares en contratos que serán
otorgados en los próximos dos meses a las compañías
de los países “compañeros de coalición”.
Las personas que hay que conocer
por acá son las de la Autoridad Provisional de la Coalición
(CPA, por sus siglas en inglés) y su nueva oficina de Administración
de Programas, el Cuerpo de Ingenieros del Ejército, la Agencia Internacional
de Desarrollo de Estados Unidos (USAID), Halliburton, Bechtel y los miembros
del consejo gobernante interino de Irak. Todos estos actores están
en el programa de conferencias y se les ha prometido a los delegados empresariales
que tendrán una oportunidad de arrinconarlos en “recesos
de trabajo en red” programados.
Hasta el momento ha habido docenas
de shows comerciales sobre oportunidades de negocios creados por
el diezmo de Irak; tienen lugar en salones de hoteles, desde Londres hasta
Amman. Sin duda, en las primeras conferencias latía una especie
de euforia provocada por el dinero en efectivo, euforia que no se había
visto desde los mareadores días previos al derrumbe de los dot-coms.
Pero pronto se hace evidente que
algo no anda bien en Reconstruyendo Irak 2. Seguro, los organizadores parlotean
sobre cómo “los costos de reconstrucción no militares podrían
ser de unos 500 mil millones de dólares” y que esto es “el mayor
esfuerzo gubernamental de reconstrucción desde que los estadunidenses
ayudaron a rehacer Alemania y Japón tras la Segunda Guerra Mundial”.
Sin embargo, para el público
bajo en cafeína, que mira no muy convencido los botes de
basura que explotan, el ambiente es más de parca determinación
que de fiebre de oro. Las pláticas mareadoras sobre las oportunidades
de mercado son remplazadas por sobrias discusiones sobre seguros de muerte
súbita; la emoción por el dinero fácil gubernamental
cedió el paso a la controversia sobre las firmas extranjeras a las
que dejan fuera del proceso de licitación; la exuberancia de las
leyes de inversión ultraliberales del jefe de la CPA, Paul Bremer,
ha sido atemperada por los temores de que esas leyes podrían ser
revocadas por un gobierno iraquí electo de forma directa.
En el ojo del toro
En Reconstruyendo Irak 2, llevado
a cabo los pasados 3 y 4 de diciembre, parece que finalmente la comunidad
inversionista se dio cuenta de que Irak no es sólo un “emocionante
mercado emergente”; también es un país al borde de una guerra
civil.
Los iraquíes protestan contra
los despidos en las agencias del Estado y cada vez más se escuchan
exigencias de elecciones generales. Va quedando más claro que la
convicción preguerra de la Casa Blanca, de que los iraquíes
darían la bienvenida a la transformación de su país
en un Estado de ensueño de libre mercado, puede haber estado tan
fuera del blanco como su predicción de que recibirían a los
soldados estadunidenses con flores y caramelos.
Le menciono a un delegado que el
miedo parece estar empañando el espíritu capitalista. “El
mejor tiempo para invertir es cuando aún hay sangre en el suelo”,
asegura. “¿Irá a Irak?”, le pregunto. “¿Yo? No, no
le podría hacer eso a mi familia.”
Al parecer, seguía impresionado
por la actuación de esa tarde del ex integrante de la CIA, John
MacGaffin, quien arengó al público como un sargento de Hollywood.
“¡Somos blancos fáciles!”, vociferó. “Estamos en el
ojo del toro.... ¡deben poner la seguridad en el centro de la operación!”
Afortunadamente para nosotros, la compañía de MacGaffin,
AKE Group, ofrece soluciones integrales de contraterrorismo, desde una
armadura personal hasta evacuaciones de emergencia.
Youssef Sleiman, director gerente
de Iniciativas Iraquíes de la Harris Corporation, tiene un punto
de vista empresarial semejante respecto de la violencia. Sí, los
helicópteros se caen, pero “para cada helicóptero que cae,
habrá reaprovisionamiento”.
Comienzo a notar que muchos de los
delegados en Reconstruyendo Irak 2 tienen una imagen parecida: cortes de
cabello estilo militar con oscuros trajes de negocios. El gurú de
esta pandilla es Robert Dees, general de división jubilado y recién
alquilado a los militares para encabezar la división de “estrategias
de defensa” de Microsoft.
Dees le dice al público que
reconstruir Irak tiene un significado especial para sí porque él
fue uno de los que lo rompió. “Mi corazón y mi alma están
en esto porque fui uno de los principales planeadores de la invasión”,
dice con orgullo. Microsoft está ayudando a desarrollar un “e-gobierno”
en Irak, lo cual, admite Dees, es un poco adelantado, ya que no hay un
“g-gobierno” en Irak –ni líneas telefónicas que funcionen.
No importa. Microsoft está
determinada en ser de las primeras. De hecho, la compañía
tiene una relación tan cercana con el consejo de gobierno iraquí
que uno de sus ejecutivos, Haythum Auda, fue el traductor oficial del ministro
de Trabajo y Asuntos Sociales del consejo, Sami Azara Al-Ma’jun, durante
la conferencia. “No sentimos odio hacia las fuerzas de la coalición”,
dice Al-Ma’jum, a través de Auda. “Las fuerzas destructivas son
menores y esto va a terminar pronto... ¡siéntanse confiados
en reconstruir Irak!”
El negocio del riesgo
Los ponentes en un panel sobre cómo
“manejar los riesgos” tienen un mensaje diferente: ten miedo de reconstruir
Irak, mucho miedo. Al contrario de los presentadores anteriores, su preocupación
no son los obvios riesgos físicos, sino los potenciales económicos.
Se trata de los corredores de seguros, los parcos cosechadores de la fiebre
de oro de Irak.
Resulta que hay un importante impedimento
en el valiente plan de Paul Bremer de subastar Irak mientras todavía
está bajo ocupación: las compañías de seguros
no se la creen. Hasta hace poco, la pregunta de quién aseguraría
a las multinacionales en Irak no había sido apremiante. Los principales
contratistas de la reconstrucción, como Bechtel, estaban cubiertos
por el USAID de los “riesgos inusualmente peligrosos” con los que topasen.
Y el trabajo del oleoducto de Halliburton está cubierto por una
ley expedida por Bush el 22 de mayo, que indemniza a toda la industria
petrolera de “cualquier incautación, juicio, decreto, reapropiación,
fallo, embargo u otro proceso judicial”.
Pero ahora que las licitaciones de
las empresas estatales de Irak comenzaron, y que los bancos extranjeros
están listos para abrir sucursales en Bagdad, de pronto, el tema
de los seguros es apremiante. Muchos de los ponentes admiten que los riesgos
económicos de entrar a Irak sin cobertura son enormes: las empresas
privatizadas podrían ser renacionalizadas, se podrían restablecer
las reglas de propiedad extranjera y podrían romperse los contratos
firmados con la CPA.
Normalmente, las multinacionales
se protegen contra esto adquiriendo un seguro de “riesgo político”.
Antes de obtener el puesto más alto en Irak, éste era el
negocio de Bremer –vender seguros de riesgo político, expropiación
y terrorismo en Marsh & McLennan Companies, la mayor correduría
de seguros del mundo–. Sin embargo, en Irak, Bremer no advirtió
el volátil clima de negocios, tan volátil que los aseguradores
privados –incluso sus viejos colegas en Marsh & McLennan– simplemente
no quieren asumir el riesgo. El Irak de Bremer, sin duda, no se puede asegurar.
“La industria aseguradora nunca había
estado expuesta de esta manera”, le dijo R. Taylor Hoskins, vicepresidente
de la aseguradora Rutherford International, a los delegados, en tono de
disculpa. Steven Sadler, director gerente y presidente de Marsh Industry
Practices, una división de la antigua compañía de
Bremer, está aún más decaído. “No busques
en Irak una solución a los
seguros. El interés es muy, muy,
muy limitado”.
Claro que Bremer sabía que
Irak no estaba listo para ser asegurado: cuando firmó la Orden 39,
que abría buena parte de la economía iraquí a la propiedad
extranjera, la industria aseguradora estuvo específicamente excluida.
Le pregunto a Sadler, un clon de Bremer con cabello peinado hacia atrás
y una corbata roja brillante, si le parecía extraño que un
ex ejecutivo de Marsh & McLennan pudiera no haber advertido la necesidad
de los inversionistas de tener un seguro antes de entrar a una zona de
guerra. “Bueno”, respondió, “tiene que pensar en muchas cosas”.
O quizá simplemente tiene mejor información.
Cuando el ánimo de Reconstruyendo
Irak 2 no podía hundirse más, subió al podio Michael
Lempres, vicepresidente de seguros de la Overseas Private Investment Corporation
(OPIC). Con una confianza ausente de las anteriores intervenciones traumáticas,
anunció que los inversionistas se podían relajar: el Tío
Sam los va a proteger.
Una agencia gubernamental estadunidense,
la OPIC, provee préstamos y seguros a compañías estadunidenses
que invierten en el extranjero. Y si bien Lempres coincidió con
los anteriores ponentes en que los riesgos en Irak son “extraordinarios
e inusuales”, también dice que “la OPIC es diferente. No existimos
primordialmente para generar ganancia”. En vez de eso, la OPIC existe para
“apoyar la política exterior estadunidense”. Y debido a que convertir
a Irak en una zona de libre comercio es una meta importante para Bush,
la OPIC estará ahí para echarle la mano. Horas antes, el
presidente Bush había firmado una legislación que provee
“de realces al programa de seguro de riesgo político de la agencia”,
según un boletín de prensa de la OPIC.
Armado con este claro mandato político,
Lempres anunció que “abría las puertas del negocio” de la
agencia en Irak, y ofreció financiamiento y aseguramiento, incluyendo
el más riesgoso de todos los seguros: el riesgo político.
“Esta es una prioridad para nosotros”, dijo Lempres. “Queremos hacer todo
lo que podamos para alentar la inversión estadunidense en Irak.”
La noticia, hasta ahora no reportada,
parece tomar por sorpresa hasta a los delegados de más alto nivel.
Tras su presentación, Julie Martin, una especialista de Marsh &
McLennan, se acerca a Lempres.
“¿Es cierto?”, pregunta.
Lempres afirma con la cabeza. “Nuestros
abogados están listos” para actuar.
“Estoy impresionada”, dice Martin.
“¿Están listos? ¿No importa quién sea el gobierno?”
“Estamos listos”, responde Lempres.
“Si hay una expro [piación] el 3 de enero, estamos listos.
No sé qué vamos a hacer si alguien invierte mil millones
de dólares en un oleoducto y hay una expro”. Lempres no parece
estar demasiado preocupado por estas posibles expros, pero es una
cuestión seria. Según su mandato oficial, la OPIC “es autosustentable
y no tiene un costo neto para los contribuyentes”.
Pero Lempres admite que los riesgos
políticos en Irak son “extraordinarios”. Si un nuevo gobierno iraquí
expropia y re-regula, la OPIC podría verse obligada a compensar
a docenas de empresas estadunidenses por miles de millones de dólares
en inversiones y ganancias perdidas, posiblemente decenas de miles de millones.
¿Qué sucedería entonces?
Negocios y corrupción
Esa noche, en un coctel de recepción
patrocinado por Microsoft en el Salón Galaxy, Robert Dees nos conmina
“a trabajar en red a favor del pueblo iraquí”. Yo sigo órdenes
y le pregunto a Lempres sobre qué sucedería si “el pueblo
iraquí” decide retomar su economía de manos de las firmas
estadunidenses que él tan generosamente ha asegurado.
¿Quién saca del apuro
a la OPIC? “En teoría –dice–, la Tesorería estadunidense
nos respalda”. O sea, los contribuyentes estadunidenses. Sí, ellos
de nuevo: la misma gente que ya le pagó a Halliburton, Bechtel y
los demás para que pudieran hacer un gran negocio de la reconstrucción
en Irak, tendrán que pagar a estas compañías de nuevo,
esta vez para compensar sus pérdidas. Si bien las enormes ganancias
hechas en Irak son estrictamente privadas, resulta que todo el riesgo lo
carga el público.
Para las firmas no estadunidenses,
el anuncio de OPIC es todo menos reconfortante: debido a que sólo
las compañías estadunidenses son candidatas de su seguro,
y los aseguradores privados no le quieren entrar, ¿cómo pueden
competir? La respuesta es que probablemente no puedan. Algunos países
quizá decidan crear un programa equivalente al de la OPIC en Irak.
Pero a corto plazo, el gobierno estadunidense no sólo ha impedido
que las compañías de “socios que no son de la coalición”
compitan con las empresas estadunidenses por los contratos, también
se ha asegurado de que las firmas extranjeras a las que se permite competir
lo hagan con enormes desventajas.
La reconstrucción de Irak
emerge como una extendida estafa proteccionista, un New Deal neoconservador
que transfiere fondos públicos ilimitados –en contratos, préstamos
y seguros– a firmas privadas, y, por si fuera poco, hasta se deshace de
la competencia extranjera, bajo el disfraz de la “seguridad nacional”.
Irónicamente, a estas firmas se les otorga este bienestar corporativo
para que puedan aprovechar las leyes impuestas por la CPA, que sistemáticamente
desmantelan a la industria iraquí de todas sus protecciones, desde
las tarifas a la importación hasta los límites a la propiedad
extranjera.
Michael Fleisher, cabeza del desarrollo
del sector privado para la CPA, explicó recientemente a un grupo
de empresarios iraquíes por qué estas protecciones tuvieron
que ser removidas. “Los negocios protegidos nunca, nunca se vuelven competitivos”,
dijo. Rápido, que alguien le diga a la OPIC y Paul Wolfowitz.
El tema de los dobles estándares
estadunidenses sale de nuevo a colación cuando un representante
de la CPA sube al podio. Un consejero legal de Bremer, Carole Basri, tiene
un mensaje sencillo: la reconstrucción es saboteada por la corrupción
iraquí. “Mi temor es que la corrupción será el motivo
de la caída [de ese país]”, dice ominosamente, y culpa del
problema a “la brecha de conocimiento de 35 años” en Irak que ha
provocado que los iraquíes “no sepan sobre los actuales estándares
de contabilidad y las ideas sobre la anticorrupción”. Los inversionistas
extranjeros, dice, deben comprometerse con la “educación, con subir
a la gente a los estándares mundiales”.
Es difícil imaginar a qué
estándares mundiales se refiere, o quién educará.
¿Halliburton, con sus escándalos de contabilidad en casa
y su escandaloso y excesivo cobro de la gasolina en Irak? ¿La CPA,
con sus dos funcionarios bajo investigación por aceptar sobornos
y por la inexistente vigilancia fiscal? En el último día
de Reconstruyendo Irak 2, el titular principal de nuestras copias complementarias
de The Financial Times (patrocinador de la conferencia) es: “Boeing
vinculado al fondo de inversión de Perle”. Quizá Richard
Perle –quien apoyó la venta del avión recargador de conbustible,
de Boeing, con un costo de 18 mil millones de dólares, y sacó
20 millones de dólares de esta empresa para su fondo de inversión–
puede enseñarle a los políticos iraquíes a dejar de
pedir “comisiones” a cambio de contratos.
Para los expatriados iraquíes
que se encuentran en el público resulta difícil escuchar
la conferencia de Basri. “Seamos honestos”, dice Ed Kubba, consultor y
miembro de la mesa directiva de la Cámara de Comercio Americana-Iraquí,
“no sé dónde está la línea entre negocios y
corrupción”. Señala compañías estadunidenses
que subcontratan enormes trabajos de reconstrucción, pagados por
los contribuyentes, por una fracción de lo que les están
pagando, y luego se embolsan la diferencia. “Si tomas 10 millones de dólares
del gobierno estadunidense y subcontratas el trabajo a los iraquíes
por un cuarto de millón, ¿se trata de negocios o corrupción?”
Este fue el tipo de preguntas incómodas
a las que se enfrentó George Sigalos, director de Relaciones Gubernamentales
de Halliburton KBR. En la jerarquía de la reconstrucción
iraquí, Halliburton es el rey, y Sigalos está sentado en
el escenario, con su anillo lleno de joyas y sus mancuernas de oro, representando
su papel. Pero los siervos se comienzan a inquietar, y el cuarto pronto
se convierte en un grupo de ayuda mutua de potenciales subcontratistas
plantados.
“Señor Sigalos, ¿qué
tendremos que hacer para obtener algunos subcontratos?”
“Señor Sigalos, ¿cuándo
van a contratar iraquíes para la administración y liderazgo?”
“Tengo una pregunta para el señor
Sigalos, ¿qué sugiere para cuando el ejército dice:
‘Vayan con Halliburton’ y no hay respuesta de Halliburton?”
Sigalos pacientemente les dice que
registren sus compañías en la página electrónica
de Halliburton. Cuando los interrogadores responden que ya lo hicieron
y que aún no han recibido respuesta, Sigalos los invita a “que se
acerquen a él al final”.
La escena del final es parte sesión
de autógrafos de celebridades y parte motín. Sigalos es rodeado
por al menos 50 hombres, quienes se codean para inundar al vicepresidente
de Halliburton con CD-ROM, planes de negocios y currículums. Cuando
Sigalos descubre un pin de Volvo, se ve aliviado. “¡Volvo!
Conozco Volvo. Envíame algo sobre lo que puedes lograr en la región”.
Pero a los pequeños actores anónimos que pagaron sus entradas
de 985 dólares, que están aquí para vender generadores
portátiles y paneles de control eléctrico, una vez más
les dicen que “se registren en la oficina de adquisiciones”. Se están
amasando fortunas en Irak, pero parece
que éstas están fuera
del alcance de todos, menos de unos pocos elegidos.
La próxima sesión está
comenzando y Sigalos tiene que apresurarse. Los siervos vagan entre los
mostradores de vidrio a prueba de golpes y basureros resistentes a bombas,
acariciando la rojiblanca tarjeta de presentación de Sigalos, con
cara de preocupación.
• Extensión territorial: 437
mil 72 kilómetros cuadrados (Chihuahua, Coahuila y la mitad de Nuevo
León).
• Población: 25.1 millones
(Naciones Unidas, 2003).
• Exportación principal:
petróleo crudo.
• Reservas petroleras: 113.8 mil
millones de barriles.
• El Banco Mundial y Naciones Unidas
calculan que Irak requiere de 36 mil millones de dólares para su
reconstrucción en los próximos cuatro años.
• Estados Unidos calcula que se
requieren otros 19 mil millones de dólares en otras áreas
no tomadas en cuenta por ONU y el BM (seguridad y policía, petróleo,
cultura y asuntos religiosos, entre otros).
• Naciones Unidas calcula que transcurrirán
de cuatro a cinco años antes de que 90% de la población tenga
servicio eléctrico normalizado.
• Producción petrolera: 900
mil barriles diarios (antes de la guerra era de 2.2 millones de barriles).
• Halliburton cobró unos
61 millones de dólares de más por gasolina importada a Irak.
• 70% de desempleo (por despidos
en el sector público).
• El sector energético iraquí
hoy produce menos de 20; 3 mil 600 megavatios, de los 20 mil que se requieren.
(Redacción: Masiosare.
Fuentes: The CIA World Factbook, BBC, Naciones Unidas, “Un país
hipotecado para siempre” y “La gran hipocresía”, de Naomi Klein
(Masiosare, 09/11/03 y 21/12/03); “Reconstruction’s bottom line”,
de Herbert Docena, Asia Times Online, 26/12/03)
(Traducción: Tania Molina
Ramírez. Una versión de este artículo fue publicado
en The Nation, www.thenation.com)
*Naomi Klein es autora de No
logo y Vallas y ventanas. |